Aunque el estandarte que enraizó la influencia de Johan Cruyff en los cimientos del FC Barcelona fuera la Copa de Europa conseguida en Wembley, probablemente sea en el día a día de la competición doméstica donde de forma más clara haya quedado establecido la frontera entre el antes y el después que supuso el despliegue del ideario del holandés en el Camp Nou. A lomos de una ruta marcada que interpretar de forma automática y a la que recurrir en aquellos momentos que la inspiración individual no pudiera gobernar, el Barça estableció una suerte de plan de vuelo, un sostén global, colectivo y de índole eminentemente táctico, que le redujera el desgaste anímico y futbolístico que supone tener que dar respuestas, sin pistas previas, a todas las preguntas de todos los partidos. Un descanso en vuelo. Un piloto automático por el que dejarse llevar durante parte del recorrido, sin que eso le desviara ni del camino ni del objetivo. A diferencia de la temporada pasada, donde, a pesar de que el vehículo y el combustible fueran de una naturaleza distinta a los empleados en otras etapas, el desarrollo barcelonista volvió a lucir un componente táctico y colectivo muy acentuado a modo de sostén, estabilizador y refugio, el presente curso culé ha venido distinguiéndose por las dificultades de dar nuevamente con la tecla que lo ponga todo en orden. Como si esta vez las piezas a disposición de Valverde no permitieran la unidad total, el mecanismo del equipo suele demandar un esfuerzo extra para ponerse en funcionamiento. Quizá por esto, porque a nivel de activación ese plus no pueda aportarse siempre y todo el tiempo, el segundo Barça del Txingurri se ha mostrado más irregular que el primero, alternando picos y valles de un partido a otro y en el interior de los propios encuentros. Quizá por esto, también, sus mejores y más convincentes actuaciones hayan llegado en las fechas marcadas. En aquellas donde más difícil resulta desviar el foco de atención. Wembley, el doble duelo ante el Inter de Milán, el derbi en Cornellà – El Prat, la remontada al Sevilla en Copa o los cuatro clásicos del curso habían visto la mejor cara del Barça 2018-19. Desde el miércoles por la noche, cabe sumar a la lista cuarenta y cinco minutos más.
La primera mitad del partido de vuelta entre el Barça y el Olympique de Lyon la padecieron los de Génésio, sin que las medidas introducidas por su entrenador con respecto a duelo de la ida pudieran surtir efecto. Después de salir imbatidos de su estadio pero de haber presentado ante su afición una versión demasiado frágil y expuesta al acierto en el gesto final de los delanteros blaugranas, en esta ocasión los galos saltaron al Camp Nou con algunas modificaciones muy relevantes enfocadas a corregir sus problemas. Optó Génésio, por ejemplo, por recuperar la defensa de cinco que desechó pocas semanas antes del partido de ida, y que en Ligue 1 le había permitido reforzar su defensa en el área, impulsar el impacto ofensivo de sus carrileros, protegerse de sus dificultades cubriendo la espalda del doble pivote y acercar en el campo a sus tres piezas más adelantadas. Al respecto, el entrenador francés volvía a contar con Nabil Fekir, su atacante más clarividente en los últimos metros, y un futbolista que con dos compañeros por delante y atacando la espalda del mediocentro del Barça podía hacer daño a la estructura de contención azulgrana. Ahora que Rakitic suele alejarse más de Busquets tanto en ataque como en defensa, pues su peso en banda es mayor debido a la ausencia de un extremo de corte más natural que Leo Messi, normalmente son los centrales los jugadores encargados de corregir a la espalda del pivote culé, siendo ésta una ayuda que no llega con la misma eficacia cuando Piqué y Lenglet se enfrentan a una doble referencia rival por el centro. Si en Francia el Lyon intervino sobre esta cuestión con los movimientos fuera-dentro de Terrier, esta vez optó directamente por trabajar sobre las torres gemelas de la defensa del Barça con una doble punta. La enseñanza más clara que le dejó a Génésio el primer partido, no obstante, la sacó cerca de su área, y fue el peligro potencial -y por lo general inasumible- de Messi atacando la espalda de un doble pivote tan desparramado como el que acostumbran a formar Ndombéle y Aouar en campo propio, motivo por el cual optó por saltar al Camp Nou con un mediocentro de corte más referencial como Lucas Tousart.
Si buena parte del éxito del Barça en campo propio tuvo que ver con la acertada lectura del hecho de que las bandas del Lyon presentaran un sólo ocupante, algo muy similar sucedió cerca del área francesa, especialmente en el sector izquierdo del ataque local. Ante la única presencia de Dubois en el costado, los azulgranas siempre buscaron ensanchar con dos efectivos. Concretamente, la acción que más desestabilizó a la zaga gala fueron las constantes caídas a la espalda del carrilero. Normalmente Coutinho, por momentos el culé más adelantado e insistente moviéndose al espacio, pisó zonas propias del extremo ante un rival que sólo esperaba enfrentar a Jordi Alba en banda. El ajuste, que en su fase más inicial contó con el importante papel de Lenglet conduciendo con el balón para atraer la marca de Dembélé de modo que el delantero tuviera que cerrar su posición defensiva y fuera Dubois quien saliera a por Alba, sacó constantemente a Denayer de zona y abrió incontables espacios por dentro que Suárez de espaldas o Messi de cara pudieran aprovechar. No resultó extraño, incluso, que con Coutinho en la orilla, fuera Jordi Alba quien cortara por dentro aprovechando el agujero abierto entre los centrales del Lyon. Sobre el papel, el futbolista local más próximo tanto para corregir el desajuste como para cubrir el espacio habilitado en la frontal del área debía ser Tousart, pero Arthur se encargó de arrastrarlo. Recibiendo con un enfoque lateral o más cerca de Busquets que de Coutinho, el metrónomo culé participó en este ejercicio de tensar la cuerda que puso en práctica del Barça en el lado zurdo de su ataque, y es difícil separar la participación tan adelantada de Philippe de la influencia y autosuficiencia con balón que dio el ex de Gremio al interior izquierdo. El plan ofensivo local lució como una sucesión de extracciones de jugadores del Lyon de la defensa de su frontal del área. De liberar la zona favorita y de mayor impacto de Leo Messi.
– Una acción que el Barça repitió muy insistentemente durante la primera mitad: el desmarque de Philippe Coutinho a la espalda de Dubois. –
Artículos relacionados:
– Foto: Pau Barrena/AFP/Getty Images)

