El FC Barcelona llevaba cinco años sin ganar un partido fuera de casa en unos cuartos de final de la Champions League. Un lustro es mucho tiempo. En fútbol, casi una eternidad. Un periodo que más que una historia es la concatenación de varias. La trayectoria reciente del Barça en la máxima competición continental ha transcurrido en su última etapa como una trenza en la que se han ido entrelazado diferentes realidades, motivos y explicaciones. La de un grupo de futbolistas acostumbrados a ganarlo todo que de repente empezó a perder, la de los traumas grabados a fuego por el dolor de las derrotas, la de un ciclo acabado que no se acertó a terminar, la de la falta de relevos de nivel o la más reciente de la inexperiencia. De la actual plantilla, sólo Ter Stegen y Sergi Roberto vestían de azulgrana en Anfield. Lamine, Cubarsí, Fermín o Araújo no tienen en la piel cicatrices de aquellas derrotas. No son suyas. Pero tampoco tienen marcas de pasadas victorias. No los atormentan las mismas pesadillas que mortificaron los últimos años de Gerard Piqué, Jordi Alba o Sergio Busquets, pero tampoco tienen recuerdos de triunfos que ahora los guíen. Todavía no han perdido ni ganado.
Pocas competiciones premian la arruga como la Copa de Europa. Conquistarla no sólo resulta un logro deportivo, sino también un aprendizaje. Sus códigos se asimilan desde la experiencia de quien ya los ha domado antes. Los conocen bien Lewandowski y Gündogan, líderes de dos equipos campeones que hoy tienen la misión de acompañar los primeros pasos en la competición de un grupo poco acostumbrado a ella. Si el miércoles el Barça jugó un partido de cuartos de final de la Champions como se debe jugar un encuentro de estas características, fue en gran parte por el tutelaje que Robert e Ilkay ejercieron sobre el resto. Gündogan desde el centro del campo, marcando los tiempos y la dirección, y Lewandowski erigiéndose en el faro del equipo desde el ataque. El polaco reafirmó la mejoría de las últimas semanas con una actuación muy dominante sobre la que descansó buena parte del plan de ataque del Barça, especialmente enfocado en salvar la agresiva pero arriesgada presión del París Saint Germain surtiendo de balones largos a su delantero referencia.
El de Luis Enrique es un conjunto construido para defender lejos de su portería e igualando numéricamente las piezas en su primera línea de presión, aunque esto signifique dejar hombre a hombre a los delanteros rivales. Trasladado al partido del miércoles, esto se tradujo en un ajuste para la presión en el que Dembélé (de inicio extremo derecho) saltaba a la defensa sobre Cubarsí, y Marquinhos (de inicio lateral derecho) salía sobre la posición de Joao Cancelo, dejando atrás el tres para tres de Lucas Hernández, Beraldo y Nuno Mendes contra Raphinha, Lewandowski y Lamine Yamal. El duelo de Robert contra el central brasileño estuvo claramente decantado a favor de los azulgranas, que aprovecharon la baza de Ter Stegen para dividir atenciones en salida de modo que o bien el portero o bien Cubarsí pudieran liberarse para servir hacia el polaco (Imagen abajo a la izquierda).
Además, desde la pizarra Xavi dispuso dos soluciones para acomodarle la situación a su delantero. Por un lado, la posición adelantada de Gündogan, claramente más avanzado que Sergi Roberto y De Jong, y por momentos incrustado en una suerte de doble punta, hundía como un central más al mediocentro Vitinha para limpiar la zona del pivote rival para los apoyos de Lewandowski; por el otro, la amenaza en el desmarque de Raphinha empujaba hacia atrás a la zaga, agrandando aún más el espacio a la espalda de los interiores parisinos (Imagen arriba a la derecha). Así edificó el Barça una salida eficaz y peligrosa, en la que su delantero centro ejercía de conector con la amplitud de un Lamine menos resolutivo que otra veces y la profundidad de un Raphinha premiado con el gol, y que multiplica tanto su rendimiento como su valor para el equipo en su versión más relacionada con los espacios. La presión adelantada del PSG, sin embargo, era sólo uno de los retos que debía enfrentar el Barça en su regreso a los cuartos de final de la Champions.
El principal aguardaba en la banda izquierda local, hábitat del mejor futbolista del momento. Kylian Mbappé es de esos jugadores que pueden imponerse a una defensa por muy bien que ésta lo haga. Una de esas estrellas contra las que, a veces, simplemente el plan no alcanza. Si tienen el día, hay poco que hacer. En París no lo tuvo, fue un Mbappé más terrenal, y contra esa versión del atacante francés el Barça dispuso un planteamiento defensivo que por momentos ralló la perfección. La estrategia de Xavi al respecto tenía dos ejes, uno individual y otro colectivo. El individual corrió a cuenta de Jules Koundé, confirmado como lateral derecho del equipo también ante una amenaza de este calibre, y cuya actuación defensiva rozó la exhibición. El marcaje a su compatriota siguió dos caminos. Cuando Mbappé estaba lejos de portería y recibiendo de espaldas, la tarea de Koundé era la de estar muy encima del delantero, incomodando tanto como fuera posible la recepción y tratando de impedir que se diera la vuelta. En cambio, si Kylian recibía en campo rival y orientado hacia la meta de Ter Stegen, la misión de Jules consitía en no eliminarse nunca de la ecuación. Permanecer en todo momento entre Mbappé y la portería, no dejarle pista libre y contemporizar a la espera de que llegaran los refuerzos.
Es entonces cuando se activaba la segunda pata del plan que Xavi diseñó para detener al crack francés, un sistema de ayudas que implicaba a Lamine, Araújo y Sergi Roberto (Imagen arriba a la izquierda). El Barça, sin la pelota, tomó forma de 1-4-2-3-1, una disposición que liberaba a Gündogan de los retornos sobre el carril diestro y que permitía las salidas a banda de Sergi Roberto manteniendo la zona del mediocentro ocupada con un segundo pivote representado por De Jong (Imagen arriba a la derecha). Una red alrededor de Mbappé en la que Koundé no ejercía de araña y en la que sus apoyos eran los encargados de meter el pie. Si el Barça pudo volcar tan claramente sus atenciones defensivas sobre la banda derecha fue también por lo poco exigido que, en un comienzo, se vio en los otros dos carriles. La presencia de Asensio como falso nueve no castigó por dentro ni sujetó las atenciones de los centrales y los mediocentros culers, mientras que en la otra orilla Dembélé le propuso a Cancelo el tipo de reto al que mejor responde el portugués. Joao es un lateral que atrás sufre más por los movimientos que por el uno contra uno. Con el intercambio de posiciones, la asociación o las carreras a la espalda más que por el regate, pero mientras ambos compartieron sector Ousmane siempre lo enfrentó desde el desafío individual.
Por todo esto Luis Enrique tuvo que modificar su delantera al descanso, para atacar al lateral izquierdo barcelonista desde la movilidad de Barcola y las llegadas de segunda línea primero de Lee y luego de Zaire-Emery, y para cambiarle al Barça las coordenadas de su defensa sobre Mbappé. Con Dembélé situado en el centro pero intercambiando mucho las posiciones con Kylian, el PSG consiguió dividir atenciones alrededor de su estrella, remover a los defensores de su zona y generar desajustes por los que poder castigar y, por momentos, darle la vuelta al marcador. Fue el tramo que los visitantes tuvieron que afrontar desde la supervivencia. Asumiendo el sufrimiento como una condición normal y esperable en un encuentro de esta categoría, con Araújo encabezando la resistencia a la espera de que el juego volviera a darles la alternativa. Ésta llegó con la entrada al campo de Pedri y Joao Félix, un doble cambio con el que Xavi quiso darle a su equipo más posibilidades de aguantar el balón para interrumpir la avalancha local y progresar hacia campo contrario a partir de un sector izquierdo que juntaba la seguridad con el esférico en los pies de Cubarsí, Cancelo, De Jong, Joao Félix y, tras la salida del neerlandés, de un Pedri cuyo impacto se sintió desde el primer chispazo.
El canario, como Araújo, Koundé, Cubarsí, Raphinha o Lamine, ya tiene un primer recuerdo en la Champions que utilizar como guía. Como mínimo lo necesitarán una vez más.
– Foto: MIGUEL MEDINA/AFP via Getty Images

