El engaño de Lewandowski
Decía el argentino César Luis Menotti que el fútbol es tiempo, espacio y engaño. Jugando al fútbol, hay muchas formas de engañar. Se puede hacer de forma individual, como hace Lamine Yamal amagando a un lado para romper al otro, parándose justo antes de arrancar o mirando hacia un lado del campo para poner el pase en dirección contraria. Hace años, hablando sobre el juego de Leo Messi, Cruyff y Valdano repararon en una virtud del 10 del Barça pocas veces reseñada o, al menos, no reseñada con el énfasis que seguramente merecía: la cadencia de su carrera. Señalaba entonces el holandés cómo Leo, mientras corría, tenía la capacidad de dar dos pasos en el mismo tiempo y el mismo espacio en los que el rival sólo podía dar uno. »Eso quiere decir que, en medio, puede ir a la derecha o a la izquierda», apostillaría Johan antes de que Valdano lo ratificara de esta forma: «Cada paso que da es una oportunidad para cambiar la dirección o cambiarle el sentido a la jugada«. Una oportunidad para engañar.
El técnico argentino ya se había referido en otras ocasiones a la virtud e impacto del embuste en el desempeño futbolístico de un equipo o un jugador. Fue él quien afirmó que es mejor pasar de jugar muy lento a jugar lento, que jugar siempre rápido. Que mantener un ritmo monocorde facilita la respuesta y adaptación del rival, mientras que el cambio, por el mero hecho de serlo, tiene más posibilidades de encontrarlo a contrapié. Que a quien siempre corre se le responde corriendo, pero que a quien pasa de estar quieto a caminar hay que adivinarle cuando optará por cambiar de lo primero a lo segundo. El Barça de Hansi Flick corre, corre mucho, pero en medio de tanto correr, de repente, se detiene. O se pausa. O cambia de dirección. No basta con seguirle el paso. Hay que adivinarlo. Adelantarse a su engaño.
El conjunto azulgrana tiene muchos mentirosos. Miente con Cubarsí cuando el central abre la cadera preparándose para dar un pase hacia la banda pero golpea cerrándola para conectar por dentro hacia una, dos o hasta tres líneas por delante. Miente con Pedri cuando el canario recoge la salida culer por la izquierda y corta con un cambio de orientación hacia la derecha, o cuando se mueve en tirolina entre las diferentes alturas del mediocampo como quien parece no estar en ninguna pero, en realidad, habita las tres. Miente con Lamine, que junta rivales en un lado del campo y libera socios a los que encuentra con la facilidad de quien domina el balón como si éste durmiera en sus manos. Miente con Casadó, que tan pronto es mediocentro como es mediapunta para sofocar cualquier intento de contra del rival, o central para que la presión de su equipo lleve a Iñigo y Cubarsí hacia las bandas y a Koundé y Balde hacia arriba.Y, sobre todo, miente con Lewandowski.
El polaco es, en primera instancia, el hombre gol de los azulgranas. El horizonte en el que deben terminar las ocasiones generadas por el resto. El final del trayecto. El actual pichichi de La Liga, sin embargo, es también el paréntesis en el juego que modifica el ritmo y las velocidades de la jugada. Un descanso sin pausa para el balón que permite acompasar al resto de jugadores del Barça, juntarlos y dirigirlos, pero que al mismo tiempo rompe el orden del contrario. El que más veces provoca que defender a los culers no se trate de correr, sino de adivinar. Apareciendo en el apoyo, en dirección opuesta a la portería rival, cuando el resto de protagonistas repartidos sobre el césped miran hacia el arco. Descargando hacia las bandas cuando parecía que la acción se precipitaba en línea recta, como una rueda cayendo ladera abajo. Y ofreciéndose en corto cuando todos esperaban el lanzamiento definitivo.
Sin ser un falso nueve, porque si algo ha cambiado en el Barça respecto al Lewandowski de la temporada pasada es que, cerca del área, su encargo no es el de generar las ocasiones sino terminarlas, pero sí siendo un nueve con mucho juego más allá del área antes de que su equipo logre instalarse cerca de ella. Robert no debe alejarse del remate cuando Lamine se habilita en el pico del área o Pedri en la frontal, sino antes, para favorecer que esto suceda. Para alimentar, desde el engaño, las dudas del contrario. Para que del Barça se sepa que es un equipo que corre. Que corre mucho. Pero no cuándo ni hacia qué lugar. Ni en qué momento se frenará y te hará pasar de largo.
– Foto: David Ramos/Getty Images