
El caldo de cultivo estaba preparado, solo hacia falta el momento oportuno para que saltara todo por los aires, y las opciones pasaban por un bajón blanco o por un buen momento del eterno rival. Curiosamente, ambos han confluido. El primero -del que hablaremos más adelante- ha servido para que nazca el nerviosismo y la desconfianza en el equipo, mientras que el segundo hace retumbar la promesa de excelencia que sirvió para justificar el cambió de entrenador en un equipo campeón de Liga. Hasta el partido contra el Valladolid veíamos, pues, como la situación real del equipo no respondía a la percepción mediática, puesto que mientras el equipo sufría las consecuencias lógicas del mal trabajo a la hora de fichar y vender, el entorno ya daba por muerto al proyecto Schuster.
No obstante, el partido en Pucela evidenció que el equipo también se ha visto afectado por los acontecimientos, por lo que ante el Valladolid pudimos ver a un Madrid muy nerviosos, sin ideas, sin confianza y al borde del K.O.. La situación deportiva tiene solución, y en los próximas días trataremos de abordarla, pero para reconducir la situación lo que necesita la plantilla y su cuerpo técnico es tiempo, algo que hoy por hoy el entorno no está dispuesto a dar. El principio de todo fue la venta de Robinho, el final veremos cuanto tarda en llegar, pero lo que está claro es que mucho tendrán que cambiar las cosas en el Real Madrid para que Schuster continúe al frente de la nave.
Centrándonos ya en lo futbolístico, nos encontramos a un Madrid que en agosto afrontaba esta temporada con un equipo consolidado y con el objetivo de seguir creciendo. La temporada anterior logró el título de Liga con notable contundencia, aunque tanto en la Champions como en la Copa del Rey cayó demasiado pronto. Esta temporada, recuperando a jugadores que atravesaron por muchos problemas de lesiones y con las incorporaciones de De la Red, Van der Vaart y Javi García, era el momento de llevar el proyecto un paso más allá y presentar seria candidatura a convertirse en un equipo importante tanto a nivel nacional como internacional. Las claves estaban claras :mantener lo bueno del equipo y sumar nuevos recursos y alternativas. A nivel mental era imprescindible saber mantener esa acentuada ambición que había definido el comportamiento del equipo y que había sido -y debía seguir siendo- una garantía de éxito. Para lograrlo, el cuerpo técnico debía fijar nuevos objetivos a los jugadores, unos objetivos más ambiciosos que la pasada temporada para seguir alimentando la voracidad competitiva del vestuario. En este punto, un importante campo de mejora era el comportamiento en la Champions League, donde el equipo venía de caer precipitadamente en octavos de final. Estos eran los dos puntos principales que debían propiciar una nueva temporada exitosa, por un lado seguir creciendo futbolísticamente sobre una base muy consolidada y por el otro fijarse nuevos objetivos para motivar a la plantilla en este proceso de crecimiento.
Así, con un solo movimiento -la venta de Robinho- la dirección deportiva dinamitó los dos pilares sobre los que el cuerpo técnico debía trabajar para hacer evolucionar al equipo: la base futbolística de un equipo campeón y unos nuevos objetivos más ambiciosos. Esta temporada, pues, el equipo empezaba prácticamente de cero. Su situación era casi la misma que la del Barcelona, con dos diferencias: en el entorno blanco no había la sensación de tabula rasa que si existía en el conjunto azulgrana, por lo que la exigencia inmediata sería mayor, y el Madrid venía de ser un equipo muy consolidado y con un patrón de juego definido al que se había acostumbrado los jugadores.
* A mediados de semana, una vez contextualizada la «crisis» blanca, trataremos de aportar luz sobre los problemas futbolísticos del equipo de Schuster y, sobretodo, nos centraremos en las posibles soluciones que puede encontrar el técnico para darle la vuelta a la situación.
