
Rijkaard partía con un handicap: el sistema del Milan, con dos puntas y un mediapunta, era el que peor se adaptaba a su 1-4-3-3. Si además esas posiciones las ocupaban nombres como Kaka’, Inzaghi o Shevchenko, la cuestión se complicaba.
0′ 00»– Para el partido de ida, Frank encontró una buena solución. El 1-4-4-2 con rombo cerrado de los rossoneri permitía al técnico holandés usar a Oleguer -su lateral derecho- como un marcador más, de modo que emparejándolos a él y a Puyol con los dos puntas rivales -esa noche Shevchenko y Gilardino- Márquez quedaba como hombre libre para ejercer el rol de director y corrector. Por delante quedaría el brasileño Edmilson sobre el también carioca Kaka’. De inicio, Rijkaard mandaba en la pizarra.
70′– Exactamente tres minutos se demoró Rijkaard en corregir el desajuste dando entrada a Belletti por Giuly. En un principio situado como teórico extremo derecho, la función del que sería héroe en París tuvo que ver con la vigilancia a Serginho.
74′– El Barça recomponía el rompecabezas y volvía a tomar ventaja en la pizarra, pero cuatro minutos después se lesionaba Oleguer. Una de las bases del planteamiento de Rijkaard -la doble marca a Shevchenko y Gilardino- se rompía. Pero Frank no renunció a su plan. El recambio del marcador fue Motta que se situó como mediocentro permitiendo a Edmilson retrasar su posición al centro de la zaga. Volvía a equilibrar.
Más complicado lo tendría para la vuelta. No sólo porque Oleguer no estaría, sino porque Carlo lo sabría de antemano.
En el Camp Nou el Milan prácticamente repitió once con las únicas novedades de Costacurta e Inzaghi en lugar de Nesta y Gilardino. Serginho repetía en el lateral ya que con Belletti en el lugar de Oleguer no encontraría la banda vacía. Las plantillas de Rijkaard se formaban según un principio de complementariedad de perfiles, en el que los jugadores que optaban a una misma demarcación se definían por características distintas. El abanico táctico para el técnico era mayor, pero por contra una baja nunca podía reemplazarse con un perfil calcado. Belletti era muy distinto a Oleguer, y mientras que el catalán podía ser indicado para una marca individual al delantero rival, con Belletti en el lateral el camino debería ser otro.
Y se lo inventó. Si en la ida se había aprovechado en la derecha de lo estrecho del rombo del Milan para utilizar a Oleguer como tercer central, en la vuelta el reciclado desde la izquierda fue Gio, quien prácticamente jugó en la media. Edmilson podía jugar atrás y el centro del campo se compensaba con el teórico lateral zurdo. La banda derecha del Milan, con Stam y Gattusso, no era una amenaza por mucho que el holandés casi corriera más veces la banda en 64 minutos que en toda su carrera.
64′– Fueron los minutos que tardó Ancelotti en dar entrada a Cafú para mandar a Stam al centro de la zaga y amenazar por fuera con los dos carrileros brasileños. Pero para entonces, con la final a tocar, Rijkaard no iba a hacer concesiones a la estética: Eto’o a correr con el lateral y Ronaldinho al centro para aguantar casi media hora con el apoyo de un Camp Nou encendido y conducir al Barça a las puertas de su segunda Copa de Europa.
