Temporada 2010-11. Jornada 13. Barça-Real Madrid: 5-0
Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Messi y Villa.
Podría decirse que al Barça todo le salió bien, pero es que además se vio favorecido por un bagaje anímico previo que estalló por los aires cuando Messi, al inicio del partido, en una jugada imposible, mandó el balón al palo a la salida de un córner. El Madrid llegaba con el recuerdo del 2 a 6, de los aplausos a Ronaldinho, de Calderón, Juande Ramos y Schuster, de dos ligas ganadas que todo el munido sintió que las perdió el Barça… no lo sentían como un duelo de igual a igual, y sólo les faltaba esa jugada de Messi, su particular pesadilla.
Mou todo eso no lo sabía -lo supo después y no es difícil rastrear la estrategia del portugués para volver a nivelar la balanza- y preparó el partido con normalidad. 4-2-3-1 (Casillas- Ramos- Pepe- Carvalho- Marcelo- Khedir- Alonso- Ronaldo- Özil- Di María- Benzema) con la única sorpresa del intercambio de bandas entre Ronaldo y Di Maria, seguramente para que el argentino trabajara sobre un Dani Alves que le obligó a jugar casi como lateral. Guardiola, que había colocado de inicio a Puyol como central derecho para ejercer de doble marca del crack portugués, reaccionó antes de que el árbitro pitara el inicio mandando de vuelta al capitán sobre el nuevo perfil de Ronaldo.
Esta medida, además, implicaba que la salida azulgrana -Alves, Piqué, Xavi- fuese siempre por el lado contrario al que se encontraba el 7 blanco, lo cual iba en detrimento de la transición ofensiva del Madrid tras una posible recuperación. Con Di María lejos emparejado con Alves, y Ronaldo en la otra orilla, la salida culé fue a placer.
Y Messi. El argentino, desde su feliz posición de falso nueve realizó un partido histórico. El Madrid no tuvo respuesta. Lo recibía todo, lo encontraba todo, lo filtraba todo. Cuando el Madrid retrasó, tiranizó la espalda de la medular blanca. Cuando tras el descanso Mourinho ordenó adelantar la zaga, La Pulga dio las dos asistencias a Villa en apenas 12 minutos.
A partir de ahí, con el 4-0, la cima. Sin la obligación de buscar la portería contraria, no ha habido ni seguramente habrá un equipo como el Barça de Guardiola. Tiene la excusa perfecta para esconder la pelota y no perderla jamás. Y no lo hace. Muy probablemente nadie jugó unos minutos tan bellos como los que jugó ese día el Barça en los minutos que van del cuatro a cero de Villa al quinto obra de Jeffren. Con Messi, Xavi e Iniesta como artistas principales secundados por Dani Alves y Busquets. Y con Pedro, Villa, Piqué, Abidal, Puyol e incluso Valdés sumandos a la fiesta. Un pedazo de la historia del fútbol. Seguramente su punto más alto.
