
El Barça, entonces, inteligentemente echó mano de la salida de tres. Es un recurso que gusta al Tata incluso como plan principal, y que al Barça no le viene de nuevo. Con los centrales en un dos para dos contra la primera línea de presión del rival, el mediocentro -en este caso Busquets- retrasa su posición incrustándose en la línea de atrás y permite la superioridad. Sobre el papel, un acierto que, sin ir más lejos, ya resultó definitivo contra el Valencia en Mestalla. Por delante, los dos laterales y los dos interiores siguen fijando a los cuatro medios que presenta el adversario, de modo que el mediocentro, en este mecanismo, es el comodín. Frente al Almería, no obstante, no resultó. Al menos en el primer tiempo.
Debido a la baja de Mascherano y Puyol, la pareja de centrales que presentó Martino fue la formada por Marc Bartra y Gerard Piqué. Cuando los dos canteranos coinciden, a diferencia de lo que sucede cuando juega el Jefecito, Piqué se va a la izquierda. En su primer año, con Márquez en el equipo, ya apareció como central izquierdo, pero con un lateral izquierdo como Abidal, en la salida de tres Gerard quedaba en el centro. Ahora, al ser el mediocentro ese tercer hombre, a Piqué le toca partir a pierna cambiada, y siendo el central con más peso en salida del equipo, esto acaba llevándole hacia dentro. La consecuencia es que tanto los centrales como Busquets terminan situándose demasiado cerca entre ellos. Tres jugadores ocupan el mismo espacio que ocupaban dos, de modo que a los dos delanteros que el rival manda a la presión no se les multiplica el trabajo y, además, eliminan a un contrario de la sala de máquinas. La clave del movimiento es abrir a los centrales para separar las marcas, pero el sábado, en muchos momentos, el posicionamiento de Busquets, Piqué y Bartra fue redundante.
Si meter al mediocentro atrás no sirve para cambiar la estructura de la salida, podría tener sentido dependiendo de las características del pivote para hacerle intervenir antes en la jugada. El mediocentro no sería la herramienta sino el motivo. Un jugador especialmente dotado en el envío largo o la conducción que desencallara la situación en salida. No es el caso. El movimiento de Busquets entre centrales, es más una cuestión de piezas que de nombres. Visto así, y mientras Piqué deba continuar como central izquierdo, podría plantearse la alternativa de que cuando Sergio retrase, no ocupe una posición entre centrales, sino a la izquierda de ellos, y sea Gerard quien quede en el centro de esa salida a tres.
Existe aún una tercera vía por la cual puede resultar efectivo el movimiento. Cuando las dimensiones son reducidas y se acumulan los jugadores en la zona ancha, con el acercamiento del mediocentro atrás se vacía la base de la jugada y se genera un espacio mayor para la recepción de los interiores. Se saca a un hombre de la zona y, además, aumentan las distancias entre las dos primeras líneas de presión del rival. No obstante, el sábado el Barça presentaba a los dos interiores más mediapuntas de que dispone, y además ninguno de los dos demostró demasiadas ganas de aparecer en la base.
Y en estas que se lesionó Messi, entro Xavi y Cesc pasó a jugar arriba. El Barça mantenía el sistema, pero ahora sí encontraba ese interior que aprovechara el espacio vaciado por Busquets. Incluso a veces fue el de Terrassa el que se juntó con los centrales. Una vez encontrada la salida fácil y desbaratado el planteamiento defensivo que había ideado Francisco, en el segundo tiempo el Barça jugó a placer y con marcador a favor, apoyado en un Xavi que se lo va a poner muy difícil a Martino para sentarle.
