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Martino y el románico. O el calcetín de Song

Martino y el románico. O el calcetín de Song

Mañana hará exactamente un año que murió Gae Aulenti. Italiana de Udine, fue la arquitecta encargada de dirigir el proyecto de ampliación y rehabilitación del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). La empresa, que se prolongó desde 1985 a 2004, suscitó no pocas polémicas, siendo la más sonada la intención de situar en la gran sala oval del museo, un enorme calcetín de más de 18 metros, obra del artista catalán Antoni Tàpies. Ingerencia política mediante, y después de intentar que el artista replanteara su proyecto, la escultura no llegó a realizarse. La presentación de una pequeña maqueta bastó para disparar críticas y alarmas. Un gigantesco calcetín agujereado no tenía sitio en todo un Museo Nacional.

Anoche, ante el Celta, el Barça del Tata Martino saltó al césped de Balaídos con Sergio Busquets y Song en el once titular. El Celta es un equipo que con hombres como Nolito, Augusto o Rafinha, genera ocasiones con cierta facilidad pero que difícilmente las concreta. Por contra, atrás, es terriblemente vulnerable. El rival no necesita demasiado para batir a Yoel, y Martino quiso aprovecharse de eso planteando un partido abierto. Un intercambio de golpes ante un rival que raramente logra el KO y que se protege mal. No interesaba que el Barça encerrara a los locales ni que estos lo hicieran de motu propio. Martino quería que salieran, que se desnudaran atrás. Se expuso al golpe inofensivo a cambio de la respuesta letal.

El gran tesoro del MNAC es su colección de románico; una de las más importantes del mundo. Y eso, para una nación que de la mano de la Renaixença abrazó el mito romántico de la Edad Media, son palabras mayores. Por eso, cuando el proyecto de reforma entró en las salas del románico era de esperar que surgiese una reacción furibunda. La hubo (carta al alcalde de la ciudad incluida). Aulenti optó por dejar al descubierto el andamiaje de madera que recreaba los ábsides sobre los que se exponían las pinturas murales, como si de un decorado teatral se tratara. El gesto de la arquitecta no hizo más que asumir la imposibilidad de ese antiguo deseo de, viendo con los ojos modernos, tener una mirada del pasado. Aceptó que el MNAC era un museo y no una iglesia. Evidenció la ficción; se adaptó a su tiempo. Constató que resulta inútil pretender la experiencia original de un beato del s.XI cuando el visitante seguramente haya llegado al museo en metro y viva en un quinto piso con ascensor. ¡Una italiana mancillando el tesoro artístico del país!

El sábado el Barça llegaba al descanso del clásico con ventaja de un gol. Martino sabía que el Madrid, en el segundo tiempo, subiría la presión y el grado de intensidad; apretaría en la salida. Sabía también que en esta pelea ya Xavi acostumbra a perder y pensó un cambio: el de Tito. Un Iniesta inspiradísimo en el primer tiempo pasaría a la base para conservar la posesión. Sucede que el manchego todavía no está a su mejor nivel, aunque sus primeros 45 minutos ante los blancos pudieran hacer pensar lo contrario, y a poco de empezar el segundo tiempo, el Madrid encimó a Andrés, éste perdió el balón y concedió una oportunidad de gol que obligó a lucirse a Víctor Valdés. El Tata miró a su costado y encontró a Song, que entró para sumar trabajo sin la pelota a un centro del campo que no estaba pudiendo defender sólo con ella.

Todavía hoy odio las ruinas. -Gae Aulenti

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Comments:1
  • José 30 octubre, 2013

    Interesante artículo. Lo que me gusta es la honestidad de Martino y la personalidad para decir en rdp que sí, sí fue un cambio defensivo. El Barcelona no es el mismo por lo tanto ya no funcionan las mismas medidas. HA de saberse que ya no es celestial y poner los pies sobre la tierra acerca del juego y creo que eso esl o que ha estado haciendo Martino.

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