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Para que no sea sólo una mala noticia

Para que no sea sólo una mala noticia

Sin partido de Liga, Martino ha podido pensar. Ha tenido dos semanas para darle vueltas a la cabeza, para reflexionar. Va a estar dos meses sin Leo Messi. Se dice pronto, pero se asimila despacio. Por suerte para él, lo cierto es que si la cosa transcurre con normalidad, necesitarlo, necesitarlo, no lo necesitará hasta febrero. Hasta que vuelva la Champions. En Europa el grupo está encarrilado, seguir adelante en la Copa no dependerá de si está Leo o no, y el calendario de Liga concede un respiro. Ya han pasado Madrid, Valencia o Sevilla. El Athletic fuera y el Villarreal en casa parecen las pruebas más difíciles hasta que el once o doce de enero toque visitar el Calderón. Perder a Messi justamente ahora, es un poco más sencillo de sobrellevar.

Durante su ausencia, Martino tiene, a grandes rasgos, tres opciones. Dos ya las ha puesto en práctica.

La primera es la evidente. La automática: cambiar hombre por hombre y que sea otro integrante de la plantilla el que haga de Messi. Eso tiene un problema, y es que cualquiera que haga de Messi será peor de Messi. Los candidatos son dos, Cesc y Alexis, con clara ventaja para el de Arenys. Ya lo hemos visto en ausencia de Leo e incluso con él. Con matices, la idea es replicar el rol del falso nueve que, como siempre decimos, con Cesc abarca menos y tiene que elegir entre ser nueve o ser falso, porque a ambas cosas no alcanza. Lo cual no va en el debe de Fábregas, es lo que pasa cuando no te llamas Messi. Más allá de esto, la fórmula se sabe más que suficiente para que la máquina funcione y, ante los rivales que esperan en ausencia del argentino, el Barça no debe acusar el cambio a nivel de resultados. Cambiando a Messi por Cesc, Martino seguirá presentando mejor equipo que sus adversarios.

La alternativa de centrar a Alexis, por su parte, parece más remota. Primero porque el chileno está rindiendo y encontrando su juego desde el extremo, y segundo porque sería privilegiar a Pedro por encima de Cesc para completar la tripleta de arriba. Es decir, quedarse con la pieza de menos nivel.

La segunda alternativa que puede manejar Martino también se la hemos visto poner en práctica, y parte de un razonamiento difícilmente rebatible: Si pierdes a tu mejor futbolista, la mejor solución es potenciar a tu número dos. Y el número dos es Neymar. Y cuando más espacio sobre el que influir tenga, mejor para todos. El Tata le dio el centro ante el Valladolid y un ratito contra el Celtic, y la prueba a todas luces fue un éxito. «A los buenos es mejor ponerlos en el centro» decía Guardiola. Si la primera solución tenía un carácter básicamente provisional, el problema de esta segunda es otro. Por un lado se corre el peligro de avivar un debate Neymar-Messi que no beneficiaría a nadie, y por el otro está la vuelta de Leo. Si lo mejor de ambos futbolistas se da en la misma demarcación, cuando esté disponible el argentino, uno de los dos tendrá que sacrificarse, limitar su juego. Y eso, si estamos hablando de dos talentos como Messi y Neymar, nunca puede considerarse una solución feliz. Aquí se abre la puerta a una tercera alternativa. Seguramente la más compleja y que más trabajo requiera, pero también la más ambiciosa y la que más rédito final puede dar. Concebir el problema de la lesión de Messi como una oportunidad para que, cuando vuelva, el equipo sea mejor que cuando se fue.

La idea es trabajar con Neymar aprovechando que Leo no está, pero haciendo como si estuviera. Sacar ventaja de que no esté el argentino, para lograr ventajas para cuando esté. Una mezcla de las dos propuestas analizadas más arriba. Ni todo sigue igual, ni todo ha cambiado. Se trata de potenciar a Neymar pero desde su demarcación actual. Hacer compatible el mejor fútbol del brasileño y la convivencia con la figura del falso nueve. Darle los galones para ejercer de estrella, la libertad para irse al centro y el contexto para sostenerlo, pero siempre con alguien «haciendo de Messi». Para que cuando Leo esté, puedan encajar ambas cosas. Para que no se tenga que renunciar a nada. Si no, cuando el argentino regrese, la situación será la misma que antes de irse y entonces, haber perdido dos meses al mejor del mundo, sólo habrá sido una mala noticia. Lo será igualmente, pero puede suavizarse con alguna buena; y pocas más esperanzadoras y estimulantes que la perspectiva de juntar lo mejor del once con lo mejor del diez.

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