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Dímelo tú, Cesc

Igual que en el segundo tiempo en el Calderón, la ausencia de Andrés Iniesta dejaba las dos plazas de interior en el Barça para Xavi y Cesc. Y otra vez, como en el feudo atlético, el de Arenys se quedó en nada. En nada. Lo dijimos después del empate ante los de Simeone, Cesc no puede con Xavi. Es evidete que hay razones futbolísticas que explicarían que lo mejor de uno no se viera con lo mejor del otro, pero no hablamos de eso. Hablamos de que el ex capitán del Arsenal no comparezca. Xavi lo expulsa y él no hace nada por discutírselo. Ante el Levante, Cesc, como el resto del equipo, salió mal -sirva como sinécdoque la defensa el córner que originó el gol local- y Xavi se hizo con el partido.

Lo gozó. Hizo mucho, bien y tan evidente como fuera posible. Había un jefe y nadie tendría ninguna duda de quien era. Una rectificación exagerada a Montoya, la intensidad en el rostro reflejada en cada primer plano, llegadas al área, absorción de balón… y hasta se le anticipó a Diop. En el primer tiempo Xavi aguantó al Barça. De hecho la única ventaja táctica colectiva se explica también por él. Recibía el balón en el interior derecho, aguantaba el cuero y juntaba sobre él a los rivales de su sector. Entre ellos a Ivanschitz que dejaba el carril libre para que Montoya se incorporara. Martín, en un defecto que viene siendo recurrente esta temporada, no acertó en el gesto definitivo.

Mi mejor posición es en el centro del campo. Siempre he sido un centrocampista.

El Barça no salió con el punto adecuado, pero el equipo tiene dos problemas que van más allá de eso. Uno, el juego a balón parado, parece una condena difícil de esquivar. Con 13 goles en contra en lo que va de Liga, no puede decirse que el Barça tenga un problema encajando, pero que de esos 13 goles en contra hasta 6 sean a la salida de un córner, habla muy a las claras de una merma que en días ajustados te deja fuera. Sin ir más lejos, el Barça ante el City, como quien dice, empezará la eliminatoria con un gol en contra. Sumar centímetros es difícil más allá del Bartra-Mascherano y no forzar estas situaciones parece complicado en un equipo al que se le resiste más el control. Víctor Valdés hace lo que puede en estos lances del juego, pero aunque quizá se le podría pedir un punto más de dominio del área en estas jugadas, no es Courtois. Después está el tema de la presión. El Barça presiona mucho pero muy mal. Y no es cuestión de un día. Los azulgranas no eligen, no diferencian entre unas situaciones y otras. Defienden siempre de la misma forma, aunque sea en escenarios completamente distintos. No todos los escenarios requieren presionar, ni hacerlo del mismo modo. El Barça lo hace.

Si te cambian en el minuto 60 empatando o perdiendo, te sientes el primer responsable.

En el minuto 72, el Tata Martino quitó del campo al mejor futbolista culé de lo que va de temporada. A uno que lleva 11 goles y 13 asistencias. Y atendiendo únicamente a lo que fue el partido, no hizo mal. Así de grave fue lo del de Arenys subordinado a Xavi. Cierto que el técnico podría haber sido más diplomático; al fin y al cabo, lo que necesitaba era romper la pareja de interiores. Mandar a Fábregas arriba por uno de los dos hombres de banda no habría sido tan doloroso para el catalán que, sin duda, fue señalado. Pero para ganar contra e Levante, sacar a Cesc del campo no fue una mala decisión. No se ganó, y veremos si por el camino se ha perdido algo más que los dos puntos. La mejor noticia para el Barça sería que la mala reacción del 4 a su sustitución, fuera motivada por creer que se trató de una decisión injusta. Aunque no lo fue.

Yo se cuál es el equipo titular y no estoy en él.

Su problema, resulta evidente, es de autoestima, y en este escenario mejor creer que no es tratado como merece y no que volvió a fallar. Que otra vez perdió ante Xavi por no atreverse a ganar. La dirección que tomará el nuevo proyecto que el Barça debe diseñar, pasa en parte por esta cuestión . Xavi, ya lo sabemos, no regalará nada. No hay un animal competitivo como él. Si huele sangre ataca, y ayer se dio un festín. A estas alturas es difícil seguir creyendo en un golpe en la mesa de Cesc. Aunque sea el mismo Cesc que fue estandarte y capitán del Arsenal, o que siendo casi un adolescente sometió al San Siro del gran Milan. Seguramente, lo más cerca que ha estado fue el curso pasado: durante dos meses Cesc y Xavi coincidieron en el once tipo de Vilanova, ambos como interiores, y el mando fue del 4.

Sin el golpe en la mesa de Fàbregas, la decisión es complicada. ¿Debe el Barça renunciar a la seguridad de Xavi por la incertidumbre del de Arenys? ¿Sin un buen Xavi en un mal Barça, veríamos a un Barça mejor? ¿El mejor Xavi y el mejor Barça pueden darse a la vez? ¿Se puede fiar Martino de Cesc?

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