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Lo de Rafinha en el Bernabéu

Lo de Rafinha en el Bernabéu

El menor de los Alcántara sigue creciendo, y el lunes le tocó visitar el Bernabéu. Su Celta de Vigo, pese al atractivo, no lleva una temporada tranquila. No ha encocontrado todavía una marcha cómoda, y de hecho pasará toda la semana en puestos de descenso. El Bernabéu era un peligro, no tanto por el resultado -que se suponía- como por las sensaciones. Los visitantes, que no renunciaron en ningún momento a la salida, replegaron sin complejos con diez hombres por detrás del balón. Su 4-1-4-1 tenía como objetivo principal impedir la recepción fácil de los medios del Madrid. Cuando uno de los integrantes de la medular blanca recibía, el interior del Celta salía para que devolviera atrás. Oubiña subía un escalón para recomponer esa segunda línea de cuatro, y la posición demasiado adelantada de Isco no dañaba el agujero.

Rafinha, en ese plan, repitió en banda derecha, en el que poco a poco parece que va siendo su puesto. Su posición tenía una doble función. Por un lado, impedir que Marcelo le cogiera la espalda, y por el otro, estar cerca del balón cuando el Celta lo recuperara. Ahí fue clave para que su equipo saliera. La espalda de Ronaldo es un agujero que el Madrid asume, y Rafinha se aprovechó de un Alonso muy mermado. El canterano culé la recogía en defensa y emprendía la conducción hasta más allá de la divisoria. Luis Enrique lo ayudó con el rol que asignó a Augusto. De entrada jugaría por dentro, pero cuando el Celta transitara en ataque, frecuentaría la orilla para mantener a Marcelo alejado. En conducción Rafinha no perdió ni una, y además tuvo temple para tocar con el compañero y pie para hacerlo rápido. Su asignatura pendiente fue la frontal, pero es que el Celta apenas se juntó arriba. Las veces que alcanzó el pico del área tuvo pocos apoyos. Antes de los 30 minutos lo había intentado ya tres veces: en dos lo probó en solitario -sin compañeros ni rivales cerca, la jugada invitaba a ello-, perdió el balón y propició la contra; a la tercera encontró a Orellana y casi pone a los visitantes por delante.

En el segundo tiempo, con la entrada de Illarramendi por Xabi Alonso, el Madrid tapó mejor el agujero y Luis Enrique lo pasó al centro. Pero entraron Jesé y Bale, y las que no había metido Charles, las metieron Benzema y Cristiano. El partido de Rafinha, sin embargo, fue bonito, meritorio y valioso, lo cual, dado el escenario y el rival, son notas muy positivas. Ningún pero a su partido. Al contrario. Rafinha fue Rafinha. Las grandes citas no le impiden al jóven brasileño ser él mismo. Más bien se crece. Si algo ha exhibido el jugador ante los tres grandes es personalidad. Especialmente contra los dos de Madrid.

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