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Activar a Messi en el Bernabéu

Activar a Messi en el Bernabéu

Desde que Messi recogió el testigo de Ronaldinho como 10 y estandarte del primer equipo del F.C.Barcelona, gran parte de la batalla en los clásicos ante el Real Madrid se disputa en sus botas. No por lo que pueda hacer el argentino -que también- sino por lo que puedan hacer el resto. Messi y Cristiano Ronaldo son la cara de Barça y Madrid, y en ellos se decide cómo será el partido.

Si repasamos el histórico, el primer gran movimiento, la primera gran ventaja, fue el momento en que Leo se desplazó al centro. El día del 2-6, Guardiola sorprendió con el intercambio de posiciones entre Eto’o y Messi que llevó al camerunés a la cal desde donde trabajaría el fuera-dentro, y al rosarino a la demarcación de falso nueve. Marca difusa tanto para los centrales como para los centrocampistas, la posición de Messi fue ventaja táctica a favor del Barça desde entonces hasta el 5-0 vivido dos temporadas después. Durante ese tiempo, el Barça encontró en la pizarra la posibilidad de sumar un hombre más en la media que garantizase oxigenar la combinación con una línea de pase extra, una recepción a espaldas de la medular blanca que girara al rival y permitiera al Barça ganar metros, y un señuelo para que el central saliera y el extremo encontrara el uno contra uno y la diagonal despejada.

Tras el cinco a cero el escenario cambió, y fue el momento de la igualdad. Pepe desde lo individual primero, como centrocampista en la final de Copa, y el Madrid en conjunto después, defendiendo muy arriba la recepción de Leo, eliminando de la batalla a los hombres exteriores del once culé, e impidiendo cualquier giro de Messi en el carril central. Guardiola lo leyó, y al año siguiente respondió utilizando a un futbolista por delante del argentino. La entrada de Alexis estirando a la pareja de centrales del Madrid hacia atrás, dio una ventaja parcial a los azulgranas, pero obligaba a una defensa de tres que ante Ronaldo, Benzema y Özil, si el equipo no lograba salir limpio y jugar muy arriba, corría el peligro de penalizar demasiado. Junto a la presencia del chileno en punta, Iniesta abierto a banda izquierda.

El manchego mantuvo ese rol cuando el turno le llegó a Tito Vilanova. Otra vez con defensa de cuatro y Leo como hombre más adelantado, la fórmula buscaba llevar la atención del rival lejos del centro. Diversificar los focos de peligro. Amenazar con un fuego lejos de Messi. Sin embargo, las limitaciones del Barça a la hora de sacar el balón limpio desde la defensa, obligaron a Andrés a bajar  más de lo debido hasta la base ante la feroz presión blanca, y el Barça descompuso su estructura. Primero fue la ventaja azulgrana, después la igualdad y finalmente la ventaja blanca.

Guardiola salió un año antes, y este verano lo hicieron también Mourinho y Vilanova. Con dos nuevas caras dirigiendo desde el banquillo, el Barça-Madrid de la primera vuelta ofreció una carta nueva. Una carta que le permitió a Martino tomar ventaja. Por primera vez el técnico argentino juntaba en un mismo once a Xavi, Iniesta, Cesc, Messi y Neymar, y los organizaba en una especie de 4-4-2 en el que Fàbregas era el vértice superior de un rombo en mediocampo y el 10 y el once ocupaban las bandas. Sobre todo en el caso de Leo la posición era matizable, pues en ataque acudía al centro y en defensa, si tocaba seguir a Marcelo, lo relevaba el de Arenys, pero en la derecha, lo más cercano a un delantero que tuvo el Barça fue Messi.

Más allá de como punto de partida en el análisis, y de que un Cesc en la zona de Xabi Aonso sería interesante el domingo, el partido de la primera vuelta sirve de poco. Ni el Madrid ni el Barça son los mismos. Los de Ancelotti, mucho más consolidados que entonces, han encontrado dibujo y dibujantes, tendrán a Xabi Alonso y varios meses de relación encima. El conjunto del Tata Martino, por su parte, también ha afianzado un esquema distinto para las grandes noches, que le permite si no la mejor versión, sí la más fiable. Mete a Cesc cerca de Busquets para asegurar la transición ataque-defensa, abre a Iniesta (otra vez, y ya irán unas cuantas en el Bernabéu, con Guardiola, Vilanova y ahora con Martino) y refuerza a Xavi. El Barça de los centrocampistas. Arriba queda Messi y un acompañante.

Lo normal, pese al debate, es que sea Neymar. Con Pedro y Alexis el escenario lo podemos esperar: el extremo abriéndole espacio interior a Messi. Y en los últimos clásicos que el partido ha seguido esta pauta, el Madrid ha ahogado al argentino. No va a conceder un esfuerzo de más para acudir a la derecha del ataque culé, los centrales lo concentrarán todo en Leo. Saldrán siempre y con el objetivo que no pueda ni aguantar el cuero ni girarse. Neymar es una dinámica nueva. De entrada es un peligro mayor en generación, una fuente de desequilibrio individual real. Con Iniesta en el lado contrario, el Barça puede sacar ventaja, incluso, utilizando a Messi de señuelo. Xabi, Ramos y Pepe con Leo, dejando sendos unos contra uno en banda.

Pero como sacrificar a La Pulga nunca puede ser un buen plan, el Barça tiene ahí un segundo argumento. Lo hemos visto ante el City tanto en la ida como en la vuelta. Más allá de la continuidad que encontraron, posicionalmente Messi y Neymar se entendieron bien. Del centro a la derecha uno y de la derecha al centro el otro. Martino puede encontrar un recurso para asentar posesión en campo rival y, además, para ofrecerle a Messi unas mejores perspectivas para la recepción. El espacio que le deja Neymar en la orilla derecha cuando el brasileño transita al centro, puede ser el mejor aliado de Leo para recibir de cara, algo que no sucede demasiado en un clásico desde hace algún tiempo. Además, el Madrid de Carlo permite cruzar la divisoria con un desahogo mayor que el de Mou. Lo pétreo viene después.

El problema es que o el Barça domina con balón o lo pasará muy mal sin él. En ese perfil juntaría a Neymar, Xavi y Alves, y el Madrid a Marcelo, Di María y Cristiano Ronaldo. Los tres son exigencias en transición defensiva, y los tres, a priori, sacarían ventaja respecto a sus pares. Si finalmente estos son los protagonistas, veremos si Martino no repite con la fórmula de la vuelta de octavos ante el City, ese desordenado doble pivote Cesc-Busquets cuando tocaba defender, que permitía que el más cercano al costado por donde corría el cuero, lateralizara su posición hasta rozar la cal.

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