
Martino, consciente que el de ayer era un partido difícil de jugar, se lo puso fácil a sus hombres con el esquema más cómodo para que el fútbol azulgrana fluya, el que les exige un menor desgaste mental. Con dos extremos abiertos el campo se ocupa más racionalmente, y con Xavi e Iniesta en los interior, el balón se mueve mejor y a un ritmo más favorable. A cambio, como vimos hace unos días, el equipo se debilita para transitar. El Villarreal, por su parte, le planteó al Barça un 4-4-2 con rombo en mediocampo que buscaba sobrecargar defensivamente el carril central. En ataque, la proyección de los laterales a la despreocupada espalda de Iniesta y Xavi, reclamaría a Alves y Adriano cerca de la cal, permitiendo el dos contra dos de Dos Santos y Perbet con los centrales azulgranas. Tres contra tres si incluimos en la ecuación a Cani y Busquets. La sustitución prematura de Perbet, fue un primer problema para Marcelino, que en el delantero francés iba a encontrar ese receptor del juego directo que tanto castiga a Mascherano y un hombre capaz de amenazar por arriba ante un centro lateral colgado al área de Pinto.
El Barça empezó el partido con Alexis especialmente volcado hacia el centro. Casi como nueve, dejaba el carril libre para las subidas de Alves, pretendiendo, seguramente, dar más libertad a Leo Messi para descolgarse despegándose de la vigilancia de los centrales. Sin embargo, fue en las fases en que el chileno jugó más abierto, que el Barça se encontró más cómodo en el campo. Cierto es que cuando Jokic salía a por Dani Alves se liberaba un espacio a la espalda del lateral en el que Alexis supo encontrar profundidad dirigiendo ahí sus desmarques, pero no dejaba de ser una pequeña ventaja puntual que alteraba poco la dirección del viento que soplaba en el partido. Distinto fue, como decimos, cuando el 9 se acercó a la cal. En banda era él quien fijaba la marca del lateral del Villarreal, con lo que, faltándole a los locales un segundo hombre de banda, cuando el balón llegaba a Alves -que era bastante a menudo- quien tenía que salir a por él era uno de los interiores que Marcelino quería enfocar a la defensa por dentro. Bien Pina, bien Trigueros, según cómo había ejecutado la transición su equipo, se iban fuera con el lateral brasileño permitiendo al Barça limpiar a un rival de la zona clave. La de Busquets, Xavi, Iniesta y Messi. Aún así, no fue suficiente para evitar que el Villarreal se pusiera por delante ante un Barça que, sin Cesc, jugaba sin transición defensiva en mediocampo.
El de Arenys entró en el segundo tiempo, ya con el Barça 0-2 por debajo, en un muy inteligente doble cambio de Martino. Está claro que ante un 4-4-2 con rombo, las ventajas están por fuera y en el cambio de orientación. En el primer tiempo, los culés supieron aprovechar sólo una ala, pero ahora, con la entrada de Tello en el once, pasaron a exprimir las dos. El canterano se situó en la izquierda, donde ni Pedro ni Adriano habían podido darle amplitud al juego, y el canario pasó a la derecha. Menos hábil que Alexis sobre la raya, lo importante era mantener una referencia para Jokic para que Alves siguiera reclamando a un interior. El segundo movimiento fue la entrada de Fàbregas. El 4 ingresó en el terreno de juego en el lugar de Xavi, y ya sabemos lo que eso significa: se renuncia al orden, se abre el partido (con dos goles abajo en el marcador es normal) y se refuerza la transición. Además, con Cesc se suma cuota de gol, llegada y, importantísimo anoche, cambio de orientación. Durante el primer tiempo apenas Alves en alguna ocasión aislada aprovechó la «estrechez» del mediocampo local mandando un pase largo de orilla a orilla para encontrar desguarnecido el perfil contrario. Con Cesc ese gesto se repitió en más ocasiones, en un momento en el que, además, el Barça ya era capaz de habilitar los dos sectores con Tello en la izquierda y Pedro+Alves en la derecha.
Moviendo el balón de lado a lado y encontrando -eso sí- más profundidad que juego por fuera, los culés fueron encerrando al Villarreal sobre su área, insistieron cuando nadie más insistiría y encontraron dos goles por pura voluntad y un tercero por grandeza. El partido empezó con las lágrimas de Busquets y terminó con las de Mascherano. Y aún así, en este estado y atravesando un momento futbolístico paupérrimo, el Barça le remontó un 2-0 al Villarreal en su casa. Pueden y deben ser mejores, pero no se puede ser más grande.
