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Apenas sucedió un par de veces

Apenas sucedió un par de veces

Cosas del siglo pasado. Un equipo era capaz de reunir en una misma plantilla a Koeman, Romário, Laudrup y Stoichkov, y no podía alinearlos juntos. Era el verano de 1993 y el Barça, tras una primera temporada post-Wembley con un nuevo título de Liga pero eliminado demasiado pronto de la máxima competición continental, se rascaba el bolsillo y a cambio de 400 millones de pesetas y los beneficios de cinco partidos amistosos, incorporaba a Romário a la tripleta de extranjeros con la que el club había ganado su primera Copa de Europa. En las dos temporadas anteriores, la cuarta plaza de foráneo disponible correspondió al holandés Witschge, fino interior zurdo que pese a ser muy del agrado de Johan Cruyff, en Liga cumplió funciones de rotación durante sus dos temporadas en Barcelona. La llegada de Romário, por lo tanto, cambiaba el esquema, pues a partir de entonces habría cuatro titulares donde sólo cabían tres. Danés, búlgaro, holandés y brasileño pelearían cada semana por un lugar en el once, de acuerdo a las intenciones de su entrenador, las especificidades del rival a enfrentar y sus particulares momentos de forma.

Pese a la sensación que ha quedado después a causa del desenlace final de aquella temporada, lo cierto es que no hubo un perdedor claro en la disputa, y del extranjero que más veces fue titular en Liga -Romário- al que menos -Laudrup-, existió solamente una diferencia de seis partidos. Diez si le sumamos también los de Copa de Europa, donde Romário, decisivo a base de goles, y un Ronald Koeman que en el campeonato doméstico podía delegar en Miguel Ángel Nadal pero que al cruzar los Pirineos se volvía imprescindible, eran fijos para Cruyff. Si bien la variedad de combinaciones posibles permitía la alternancia entre los cuatro cracks, sabe a poco constatar que la que menos veces se repitió fue la que disponía en un mismo once a los tres más ofensivos -si es que puede desligarse de este adjetivo al defensa más goleador de la historia-. Laudrup, Romário y Stoichkov, apenas coincidieron en el equipo titular en una decena de partidos -ninguno de Copa de Europa- y en otras tres ocasiones lo hicieron después de que uno de ellos entrara al partido desde el banquillo en sustitución del héroe de Wembley. Y es que, más allá de las restricciones normativas que sin duda tenían un peso capital, es posible concluir que para Cruyff no era sencillo encajar a los tres en un mismo once.

Echando la vista atrás, antes de la llegada de Romário, veremos que tanto el papel de Stoichkov como el de Laudrup tenía mucho que ver con una ausencia de referencia en el área que con el brasileño no fue tal. Hristo, inicialmente punta, fue desplazado al costado para buscar la diagonal a portería aprovechando su punta de velocidad, como el mismo Cruyff explicaría en ese fabuloso documento que es Recorda Míster: «Lineker, como Stoichkov, son gente de velocidad, pero nosotros jugábamos en campo contrario y ahí el espacio hasta la portería es pequeñito. Entonces, si tienes velocidad, necesitas más campo para aprovecharla. Por eso jugaban los dos de extremo sin ser extremos«. Habitualmente en la izquierda, tras la llegada del búlgaro al equipo, el ataque del Dream Team solía desarrollarse con una banda más abierta ocupada por Goikoetxea, Julio Salinas, Quique Estebaranz, Iván Iglesias… o por Txiki Begiristain cuando quien sujetaba era el extremo zurdo y Stoichkov partía desde la derecha. Michael Laudrup, a su vez, partiendo como falso nueve, era clave en el funcionamiento para el intercambio de posiciones entre el punta, el extremo izquierdo y el interior de ese mismo lado, teniendo el centrocampista siempre la posibilidad de encontrar una puerta abierta para subir una línea. Laudrup, Stoichkov y Begiristain: cuando uno salía el otro entraba, con Bakero como invitado extra a la hora de rellenar el área y habilitarle la frontal al danés. Según la jugada, era posible capturar tres imágenes distintas, una con Laudrup de extremo, otra de interior izquierdo y otra de falso nueve.

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Con la llegada de Romário, a cambio del gol por partido que promedió O Baixinho, el mecanismo se vio forzado a cambiar. El equipo pasó de jugar sin un 9 a hacerlo con el delantero más letal del momento en el área. Un futbolista incontrolable con el balón en los pies e infinito en zona de castigo, pero con un territorio de acción más bien reducido. Juntos los tres y con Laudrup de interior izquierdo, la presencia de una referencia en el centro restaba posibilidades a un intercambio que permitiera al danés subir un escalón, y con Stoichkov en la izquierda, el pase natural de Michelino se orientaba a un extremo derecho que no amenazaba tanto la diagonal a puerta. No es casual que las mejores actuaciones del tridente con esta disposición se vieran durante las primeras semanas de Liga, cuando más móvil fue el juego de un Romário por adaptar, en las jornadas 1 y 5 frente a Real Sociedad y Osasuna. La otra alternativa, la de formar con los tres directamente arriba, apenas se usó. Juntar a Laudrup, Stoichkov y Romário en la línea de tres delanteros implicaba no tener ninguna banda fija, y conjugar a dos extremos con tendencia a irse al centro, con un 9 con poca inclinación a abandonarlo. Además, los problemas que a lo largo de la temporada habían llegado a dejar al equipo a seis puntos del líder en una liga en que las victorias valían dos, provocaron que Cruyff introdujera algunos cambios tácticos que en determinados casos comportaron la eliminación de una de las tres plazas en ataque.

Un primer intento en la jornada 7 con derrota en Riazor, unos minutos la semana siguiente en el Camp Nou contra el Oviedo después de que Laudrup y Nadal entraran en el segundo tiempo sustituyendo a Koeman y Estebaranz, y un coqueteo algo difuso ya en la fecha 31 en el campo del Lleida, fueron las únicas oportunidades para ver a los tres compartir delantera. Hasta la jornada 38, la última, la definitiva. A cuatro días de la fatídica Final de Atenas.

Visitaba el Camp Nou el Sevilla de Luís Aragonés, Simeone, Marcos, Rafa Paz y Suker, con el Barça obligado a ganar y a esperar un pinchazo del Deportivo de la Coruña para levantar el título de Liga por cuarta vez consecutiva. Para la ocasión, y no sin sorpresa, el extranjero que por decreto de Johan Cruyff esperaría turno desde el banquillo fue Ronald Koeman. En principio, el cuadro azulgrana saltó al césped del Camp Nou con su habitual 1-3-4-3, formado por Zubizarreta en la puerta, Ferrar, Nadal y Sergi en defensa, Guardiola, Eusebio, Amor y Jose Mari Bakero en la medular y Stoichkov, Laudrup y Romário arriba. Caben, no obstante, algunas acotaciones acerca de la ubicación de algunas piezas. El elegante danés, por ejemplo, no ocupó de entrada ninguna de las dos bandas, sino que se situó por detrás de Romário con Hristo entrando desde la derecha. Bakero, el habitual 6, formaba en el interior izquierdo, Amor en el derecho y Eusebio en una posición muy abierta a la derecha que prácticamente lo convertía en lateral. El Sevilla de entonces, organizado según un 1-5-3-2, tenía en el carrilero izquierdo a un Miquel Soler muy incisivo por el costado, de modo que el técnico holandés buscó ahí el emparejamiento individual mientras el vacío en la banda izquierda del ataque culé corría a cuenta de Sergi Barjuan.

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El primer cuarto de hora fue abierto, con un Sevilla bien situado y un Barça que encontraba dificultades para dominar el ritmo y asistir a sus delanteros. Pesaba la ausencia de la capital figura del 6 que jugara de espaldas para acelerar la velocidad de circulación, y sin un interior derecho definido a Stoichkov apenas le llegaban balones, lo que unido a la falta de una referencia en la izquierda permitía al conjunto hispalense concentrar su defensa por dentro. Todo cambió tras el gol inicial de Simeone. Laudrup se abrió a banda izquierda para ponerse a jugar como si fuera un extremo y Sergi acortó considerablemente su carrera para terminarla al lado de Guardiola y permitir que Bakero subiera a coronar el rombo. Las piezas volvieron a ordenarse, y el Barça a hacerse con el ritmo, volcar el juego y generar ocasiones de peligro desde la zona de Laudrup. Entre Rafa Paz y Cortijo -carrilero y central derecho del Sevilla respectivamente-, el danés pudo recibir sin apenas impedimento, conducir hacia el lateral del área, desequilibrar, juntar rivales y soltar hacia el lado contrario para Stoichkov después de haberle creado los espacios. Así empataron los catalanes, y así siguieron tras el descanso pese a que poco antes del entreacto Suker volviera a adelantar al Sevilla.

La reanudación, además, trajo consigo una modificación táctica de Cruyff que resultaría ganadora. Mandó a Eusebio olvidarse de Soler, y lo acostó en el interior izquierdo, consciente que el Sevilla iba a ajustar sobre Laudrup. Así sucedió, y como Rafa Paz fijó mucho más su posición en defensa para sujetar al danés, el Barça ganó a un interior suelto de la técnica y visión del vallisoletano. Si el primer gol culé fue producto de la libertad de Laudrup en banda, el segundo nació de la de Eusebio en mediocampo, con un pase cómodo al interior del área que tras un rechace cayó en los pies de Stoichkov para que el búlgaro fusilara a Juan Carlos Unzué. De tal magnitud era el roto por banda izquierda, que Cortijo -uno de los tres centrales- cada minuto que pasaba era más lateral, una tendencia que castigaban Hristo y Guillermo Amor llegando, y un Romário que no desaprovecharía la ocasión para anotar el tercer gol. El que completaba la remontada y hacía 30 en su cuenta particular de la temporada. Ya con Koeman sobre el campo después de sustituir al pichichi brasileño, el tanto de Laudrup tardaría poco en llegar para hacer justicia a su partido, y en las postrimerías del encuentro Bakero apostillaría con el quinto de la noche, cerrando así  una victoria levantada sobre la actuación de sus tres delanteros, de su hambre, su desequilibrio y su puntualidad finalizadora. Un búlgaro, un danés y un brasileño. Apenas sucedió un par de veces, pero valió para ganar una Liga. La cuarta de Cruyff, Laudrup, Stoichkov y Koeman en el Barça. La única de Romário. La última del Dream Team.

Comments:5
  • Halilović 10 11 marzo, 2015

    Bravo! Me encantan estos posts-recuerdo de otras epocas!

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    • Morén 12 marzo, 2015

      Muchas gracias! Se agradece el feedback 🙂

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  • Vi 12 marzo, 2015

    A mi también me encantan

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  • joselito 13 marzo, 2015

    Imaginar a Messi de falso nueve rodeado por Hristo y Laudrup. que bonitos son estos feedback. Molaria uno de Rivaldo, Figo…

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    • Morén 13 marzo, 2015

      Pues no vas desencaminado 😉

      La idea es que, hasta que termine la temporada, podamos repasar algunas de las delanteras del Barça que más nivel individual han juntado.

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