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Muchos reyes y un repóker

Muchos reyes y un repóker

FCB_WC2015La final del Mundial de Clubs viene marcada desde hace tiempo por la inesquivable realidad de que el potencial económico de cualquier posible contendiente europeo es abrumadoramente superior al de su oponente. De hecho, de los dos que se enfrentan, es el representante del viejo continente quien concurre con los futbolistas americanos de mayor nivel. El F.C.Barcelona, en este caso, lo hizo con Messi, Neymar, Luis Suárez, Dani Alves, Mascherano y Claudio Bravo en el once titular. En el de River Plate, mientras tanto, Matías Kranevitter y Carlos Sánchez, dos de sus futbolistas más importantes, se despedían del club millonario antes de volar uno a Madrid y el otro a Monterrey. Lejos de quitarle lustre el duelo, lo que sí provoca este punto de partida es determinar mucho la forma como suelen iniciarse estas finales, con el conjunto inferior tratando de igualar la disputa en base a una propuesta de alta intensidad, agresiva y que logre, por lo tanto, que el equipo que dispone de las mejores armas no las ponga en liza cómodamente. Así, por ejemplo, Estudiantes de la Plata le afeó la final al Barça de Pep Guardiola y el sextete, y así logró el conjunto de Gallardo que ayer, pese a que el encuentro siempre estuvo en las manos de los blaugranas, durante varios minutos transcurriera por cauces de cierta igualdad.

Jugó el Muñeco la carta de Leo Ponzio, avisada en semifinales pero no siempre presente en el desarrollo más cotidiano de los porteños, que situado al lado del centrojás Kranevitter matizaba el habitual rombo argentino. Al contrario de lo que se podía esperar, el perfil del ex-zaragocista no fue el izquierdo, el que previsiblemente atraería tanto a Dani Alves como a Messi, si no el derecho. Leo, como Neymar, habían sido duda hasta el último momento, y Gallardo estimaría que, ante las incógnitas que pudieran generar sus estados, rentaba más enfocar el refuerzo al trabajo sobre Andrés Iniesta. No es que a cambio dejara solo ni al 10 ni al 6, pues el «olvidado» en el sector derecho del Barça fue un Rakitic que no terminó de explotar su libertad. River de inicio quería apretar y lo pretendía con ambos puntas defendiendo a los centrales, Kranevitter pendiente de Busquets, Ponzio de Iniesta y la novedad en el once, Viúdez, de las posibles recepciones interiores de Messi. Una vez el primer pase culé lograba avanzar, Alario descendía un escalón y se emparejaba con Sergio de modo que Kranevitter pudiera hacer lo propio y cerrar, también, el espacio de Leo. Durante toda la secuencia, por lo tanto, el pase a Rakitic era un riesgo asumido en el que River halló más alivio que amenaza. La defensa adelantada del conjunto argentino y la incomodidad del Barça para salir limpio, colorearon el paisaje durante el tramo inicial.

Sin embargo, salvo excepciones puntuales, los de Luis Enrique no concedían pérdidas en zonas peligrosas, y si bien su juego no fluía fácil, mediante los slaloms de un Messi con mejor tono físico, los intentos de juego directo hacia Suárez y el paso hacia adelante de los laterales, empezó a ganar metros. Especialmente relevante resultó esto último, pues hasta entonces el fútbol del Barça se había concentrado en exceso por el carril central facilitando que River compactara su defensa, de modo que encontrar libre una línea de pase tanto a Dani Alves como a Jordi Alba, no resultó únicamente un desahogo sino también una fórmula efectiva para que el partido pasara a jugarse, en su mayor parte, en la mitad millonaria. Logrado esto, los catalanes tenían ventaja. El nivel del trabajo de contención de su rival descendía, la posible salida argentina se complicaba y el Barça, por su parte, multiplicaba las opciones de recuperar arriba y desequilibrar a partir del desorden generado en su adversario por la pérdida del balón. Cerca de la frontal de Barovero, Suárez, Messi, Alba y Dani aparecían, Busquets achicaba y Neymar se aprovechaba de lo bien que jugó Iniesta con la estrecha vigilancia de Ponzio para empezar a decantar de forma ostensible el choque. Además el Barça, con poso de quien ha jugado muchas finales, esquivaba la precipitación y utilizaba a tantos hombres como pudiera y los tres carriles para mover a su rival y acabar generando el desajuste.

Barca_River_Plate

Sometido, a River no le quedaba más recurso que intentar sin éxito que sus envíos directos no los ganara siempre Piqué, o probarlo desde la derecha sacando el centro al área o el saque de esquina, dos acciones que como la anterior tenían a Gerard como destino final. Por eso tras el descanso, y ya por debajo en el marcador, a Gallardo no le quedó más remedio que asumir el riesgo exponiendo a su equipo con tal de intimidar a Bravo. Con un doble cambio en la reanudación, dio entrada a Lucho González y a Gonzalo Martínez buscando sumar recursos en mediocampo y presencia entre líneas pues Viúdez pasó a jugar por detrás de Alario. La medida, sin embargo, como se ha comentado, era arriesgada, pues no solo concedía más espacios a la letal contra de la MSN, sino que además situaba a más futbolistas por delante del balón cuando River atacaba, de modo que cualquier pérdida argentina o recuperación del Barça facilitaba el panorama a los lanzadores culés. Apenas cuatro minutos tardaron en castigarlo Iniesta -recuperación-, Busquets -asistencia- y Luis Suárez -gol- provocando el KO en su contrincante. Los minutos que siguieron al gol estuvieron marcados por la desorientación del conjunto de Gallardo, golpeado en su intento de reacción, que perdió el sentido con el que había estado haciendo las cosas en el primer tiempo. Se alocó en ataque y en defensa. Lo primero no reportó excesivos problemas al Barça, mientras lo segundo desembocó en una defensa en la que el futbolista argentino, tratando de forzar la recuperación, siempre metía una pierna demasiado fácil de esquivar para los hábiles delanteros azulgranas.

Luis Enrique, para serenar el ritmo, echó mano de Sergi Roberto en lugar de Rakitic, pues manteniendo un perfil parecido el canterano incorporaba un punto extra de sensibilidad para esconder la pelota desde al combinación que enseguida se hizo sentir. Ya con el 0-3 y sin que la victoria peligrase, también entraron al campo Vermaelen y Mathieu, dos sustituciones que viendo como transcurría el partido podrían pasar por anecdóticas pero que tuvieron su qué. Con la entrada de Martínez, tras el descanso River había ganado capacidad para atacar por su carril izquierdo, algo a lo que el Barça respondió con un Dani Alves sin ayudas o, en todo caso, con la que pudiera ofrecerle el interior de su mismo sector. Nunca era Piqué quien caía a banda ya que, desde la temporada pasada, entiende el Barça que le compensa debilitar la batalla en la orilla a cambio de poder gobernar desde el área con el central, pues al fin y al cabo, es la zona hacia donde se dirigirá la jugada. Con la presencia de Vermaelen en el central izquierdo y de Mathieu en el lateral, no obstante, sí liberó Luis Enrique a Piqué de la correa, pudiéndose sumar Gerard al auxilio de su lateral al quedar custodiada la zona central por los centímetros del francés y el belga.

Campeonó el Barça con porte de quien tiene por costumbre hacerlo, sabiendo jugar en la dificultad y relamiéndose en la ventaja. Con un Neymar igual de desequilibrante, un Messi más fino y un Luis Suárez que cuando faltaron los otros dos demostró ser un crack al que se le puede pedir de todo. Finalizan los culés la primera mitad de la temporada, una en la que, sin caras nuevas, la ausencia de Leo Messi durante varias semanas sirvió para que varios hombres dieran un paso al frente con tal de disimular el agujero. Los Neymar, Suárez, Sergi Roberto, Iniesta, Busquets o Jordi Alba que empiecen la segunda no serán los mismos. Además habrá nuevos retos que ambicionar y nueva competencia que les apriete.

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Comments:1
  • Halilović 10 21 diciembre, 2015

    Buen analisis! , no viene a cuento pero que ganas de ver a Turan, A. Vidal y a lo mejor viene alguien mas… ganas de ver innovaciones y en que puede sorprender el equipo para lograr lo que nadie logro, DOS CHAMPIONS seguidas.

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