Casi todo ocurrió en las alas

Casi todo ocurrió en las alas

Haciendo suyo aquello que una vez Guardiola le confesó a Mascherano de que como entrenador lo que quería era poner en el once al mayor número de centrocampistas posible, Luis Enrique respondió a tres ausencias que no se localizaban en línea de medios con dos futbolistas que lo más habitual es que la ocupen. Salvo Munir, que entró por Luis Suárez en punta y reforzó la percepción anunciada el curso anterior de que el técnico entiende que en el sistema actual el hombre más adelantado debe ser un delantero centro, las otras dos novedades del equipo fueron mediocampistas. Arda Turan se situó en la banda derecha del ataque, y como compañero más alejado del turco, en la polivalencia de Sergi Roberto recaería el encargo de cubrir la plaza de lateral izquierdo que Alba y Mathieu por lesión y Adriano por omisión habían dejado desierta. Respecto al fin de semana, también cambiaban el guardameta y el otro lateral, donde Alves tomaba el relevo de Aleix Vidal.

Todas cuatro modificaciones pueden entenderse desde la misma premisa, la de reforzar la seguridad del equipo con balón ante la previsible presión bilbaína, toda vez, en La Catedral, el Barça no podría recurrir tan eficazmente al recurso del juego directo para superar las líneas de su rival al faltarle la pericia de Luis Suárez en estas artes. A la acumulación de futbolistas especialmente indicados para llevar al cabo el plan, se sumó la tranquilidad que el equipo ha ganado a la hora de iniciar juego desde su exitosa treta en el clásico y la ventaja numérica que el choque de dibujos le proporcionaba en banda. El 4-2-3-1 local construía un armazón en el carril central de hasta seis hombres, que a cambio solo mantenía abiertos en los costados a los dos laterales y los dos atacantes de banda, uno de ellos -Susaeta en la izquierda- bastante enfocado hacia el interior. Por contra, el 4-3-3 culé ocupó los carriles con tres futbolistas, todos ellos más o menos escorados e interrelacionados. De este modo encontró su primera gran ventaja de la noche. Alves, Rakitic y Turan en la derecha, y Sergi Roberto, Iniesta y Neymar en la izquierda, tocaban sin perderla y solían encontrar a un compañero libre con el que mantener la posesión y ganar metros. Cuando la combinación terminaba por vaciar de rojiblancos los pasillos interiores, era el momento para la aparición de los apoyos de los hombres de dentro. Munir, Iniesta, Rakitic y Busquets, cada uno a su altura y en su espacio, ofrecieron una solución extra y la posibilidad de orientar siempre el esférico hacia las zonas del campo ocupadas por menos futbolistas del Athletic. Sazonado todo esto con el dominio que Piqué y Mascherano ejercieron sobre la salida directa local y la tiranía del mediocentro catalán en el rechace, dibujaron una realidad de control y superioridad de los de Luis Enrique durante buena parte del encuentro.

Azuzado por una eliminatoria que se le escapaba y ayudado por las sustituciones que fue introduciendo Valverde desde el banquillo, el conjunto vasco tomó riesgos en el segundo tiempo en pos de que su rival no se sintiera tan cómodo como hasta entonces. Incrementó un punto la agresividad defensiva y subió una altura su presión, exponiéndose a un contraataque que certificara el pase del Barça a su espalda pero amparándose en la ausencia de dos de las patas de la MSN para que eso no sucediera. En ataque, por su parte, redobló los esfuerzos en el carril derecho de Iñaki Williams, sobrecargando la retaguardia de Neymar y la parcela defensiva de Iniesta, Roberto y Mascherano. Lo más decisivo, sin embargo, estuvo en la pronunciada basculación en la que implicó a sus piezas interiores cuando el Barça intentaba salir, que se hacia especialmente visible y determinante en el caso de la pareja de centrales. Cuando el equipo catalán trataba de iniciar por banda -que era lo más frecuente teniendo en cuenta que los ataques locales insistían por las alas- extremo y lateral bilbaínos saltaban a la presión tan arriba como fuera necesario, con el mediocentro más próximo como aliado y sin temer por la recepción de Neymar o Arda a su espalda. Esto último venía motivado porque hasta ahí saldrían Etxeita y Laporte al encuentro del hombre de banda culé, dependiendo del perfil por el que se produjese la ofensiva. Por ejemplo, si la jugada era lanzada por el costado izquierdo del ataque del Barça, soltado De Marcos era Etxeita -que antes defendía el posible apoyo interior de Munir- quien ahora se emparejaba con Neymar sobre la raya dejando a Laporte la atención sobre el marroquí.

El peligro de una espalda vencida siempre estuvo presente, y también el de un cambio de orientación que Luis Enrique reforzó con la entrada en el extremo derecho de un Aleix Vidal mucho más amenazante al espacio y en profundidad que Arda, pero los locales no tuvieron que lamentarlo. A cambio les valió para encontrar el gol de Aduriz, mejor rodeado y acompañado por Muniain y Sabin Merino que por Eraso y Susaeta. El tanto aprieta el pase a semifinales y abre un partido de vuelta que a punto estuvo de la intrascendencia.

 

Comments:2
  • Edgar 21 enero, 2016

    No crees que la falta de control de la segunda parte fue causada por la dificultad de poder salir desde atras aunque fuese con un balon largo, ahi quizas la baja de Suarez se hizo quizas mas aguda, el equipo tendria que tener otros mecanismos para salir aunque no estuviese Suarez.

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    • Morén 22 enero, 2016

      Seguro. Y que sin el uruguayo ni Messi, y con el 0-2 en el marcador, el Athletic no tuvo reparos en desproteger su espalda. En este sentido, el movimiento por parte de Luis Enrique de dar entrada a Aleix Vidal por Arda me pareció muy inteligente, porque a demás de ser unas piernas frescas el catalán era el tipo de jugador que podía castigar esos riesgos que asumían los de Valverde.

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