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¿Cómo se le marca gol al Villarreal?

¿Cómo se le marca gol al Villarreal?

Sólo Atlético de Madrid y Barça han encajado menos que el Villarreal esta temporada en La Liga. Con los cuatro goles que les marcó el Sevilla el pasado fin de semana, han recibido 23 hasta la fecha, siendo los hispalenses y el propio F.C.Barcelona los únicos equipos capaces de perforar más de dos veces la portería de Aréola en un mismo partido. El Villarreal de Marcelino, y el de esta temporada más especialmente, es un conjunto apartado de la gracilidad ofensiva vinculada al amarillo de su equipación, y ha cimentado una competitividad que lo mantiene aupado a la cuarta plaza, en una solidez defensiva con no muchos equivalentes en Europa. El 1-4-4-2 con el que se organiza levanta hoy dos muros de apariencia inaccesible, y la sutil movilidad en ataque de antaño ha sido substituida por un proceder en el que únicamente el segundo punta (Soldado o Adrián) tiene libertad para cambiar de sitio sin reparar demasiado en qué posición ocupará en el momento de emprender la vuelta hacia atrás. Para el resto, desde Denis Suárez a Bakambu pasando por Trigueros o Tomás Pina, las pautas ofensivas son mucho más concretas, priorizando la estructura de contención con la que, una vez el rival recupere la pelota, cercará su acceso al gol.

¿Cómo se penetra en la fortaleza del Villarreal? Si se repasan todos los tantos recibidos por los castellonenses en lo que va de Liga, se distingue en la mayoría de ellos un punto en común que además resulta una revelación: el sistema defensivo amarillo no tiene grietas. Por eso, para superarlo deben abrirse. De los 23 goles encajados por los de Marcelino, en hasta 17 existe algún tipo de factor que altera la estructura, que después de aparecer hace verse al Villarreal distinto a como era antes. A balón parado, por ejemplo, si encaja suele ser de forma indirecta, cuando algún toque de más, propio o ajeno, provoca que el armazón se descomponga. Un efecto parecido al que tienen sobre ellos el contraataque rival cuando a causa del marcador han tenido que exponerse más de la cuenta, o los errores en los primeros pases como el que en el Camp Nou sirvió para abrir la lata. Pero por encima de cualquier otro, si hay un aspecto que castiga el orden táctico del Villarreal es el desborde de uno de sus adversarios. Konoplyanka, Lafita, Nolito… ya sea regateando por fuera o haciendo lo propio desde el carril central, han sido el tipo de argumento que más ha sufrido el equipo de Marcelino teniendo en frente. “En el fútbol, cuando ‘muñeco’ supera a ‘muñeco’ -que decía Guardiola-, el equipo que defiende está perdido”. Y lo está tanto por el desajuste que se genera en primera instancia como por el desorden provocado cuando se intenta corregir. Varios de los goles encajados por el Villarreal no fueron fruto directo del regate de un contrario, sino de que para darle respuesta la estructura defensiva se agitó y no pudo mandar sobre el rechace y la segunda jugada tal y como hace cuando tiene a todo el mundo en su sitio.

Sobre el papel, el Barça es quien más podría castigarle. Tiene a Messi y Neymar, los dos máximos regateadores de la competición. Además juegan en banda, en una distinta cada uno de modo que prestar ayudas a ambos lados del campo se convierte en una necesidad más difícil de satisfacer. Pero si atendemos a los precedentes de la temporada pasada, los planteamientos de Marcelino no ataron a los cracks pero sí que los contuvieron mejor que la mayoría. Escorando el sistema defensivo, multiplicando ayudas con el volante y el mediocentro más próximo y con intervenciones tan notables como las que suele protagonizar Mario Gaspar ante Neymar. Pero el de este curso es un Barça más completo y que gracias a la ascendencia de Iniesta respira distinto a aquel. El manchego, con respecto a hace unos meses, ha ganado influencia en la dirección y con ello el carril central del ataque ha visto incrementarse su importancia. Actualmente, un rival abierto a los costados en defensa puede darle desde el centro el partido a Andrés. Y tampoco está claro que resultara un alivio que Neymar y especialmente Messi decidieran sujetarse menos por fuera y aproximarse al interior, pues de sus sociedades cercanas están saliendo las combinaciones más indefendibles de la temporada. Las más desequilibrantes y revoltosas, y por lo tanto las que más pueden desordenar.

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