Neymar como escapatoria

Barcelona's Brazilian forward Neymar reacts after a collision with Real Madrid's defender Dani Carvajal during the Spanish league football match FC Barcelona vs Real Madrid CF at the Camp Nou stadium in Barcelona on December 3, 2016. / AFP / JOSEP LAGO (Photo credit should read JOSEP LAGO/AFP/Getty Images)

Neymar como escapatoria

Se enfrentaban un equipo que cuando saltó al césped del Camp Nou sumaba treinta y dos partidos consecutivos sin conocer la derrota y otro que en lo que iba de temporada ya se había dejado puntos en seis. Una mezcla entre quien no tenía necesidades y quien no tenía seguridad, que cuando el clásico superó los compases iniciales de combativo tanteo se tradujo en un juego donde, en un principio, ninguno de los dos contendientes tenía pensado asumir más riesgos de los estrictamente necesario. Por parte de los locales, aún sin Iniesta en el once y con el vertical André Gomes en su lugar, el planteamiento fue el mismo que en los antecedentes: pretensión de control y más pausa en el ataque de lo que acostumbra. Por su parte el Real Madrid, un equipo que fundamenta su competitividad defensiva en su serena capacidad sin balón, comenzó su puesta en escena con repliegue y la novedosa ubicación de Luka Modric como mediocentro. El croata, encargado del termómetro blanco, desde su nuevo rol iba a ser el encargado de la compostura de los de Zidane tanto en ataque como en defensa, y el origen de la comodidad merengue a lo largo del primer tiempo.

Pese a alternar puntualmente en defensa el repliegue con momentos de presión, la tónica general del plan visitante concedió la salida a los centrales culés con tal de concentrar su atención y energías en la unión de sus dos líneas más retrasadas. Entre la medular y la defensa debía existir la distancia precisa y la calmada lectura como para no habilitar entre ellas ninguna rendija. Por encima del balón, la prioridad era el espacio. Fue a la hora de generarlos atacando en posicional que el Barça empezó a encontrar sus primeros problemas de la tarde. El respiro de Piqué y Mascherano permitió a Busquets mantener su altura en mediocampo y con ello dibujar una línea de tres, ancha, junto a los interior que catapultase a ambos laterales hacia adelante. Por delante de los centrales azulgranas, pues, el mediocentro esperaba en el centro al tiempo que Rakitic y André se abrían a las bandas. Probablemente la medida tuviera como fundamento la idea de extender el campo exteriorizando a interiores y laterales para que Messi y Neymar resultaran liberados para acudir al centro, a esa espalda que el mediocampo del Madrid no quería conceder en el caso del argentino, y a una zona más próxima al central derecho rival en el del brasileño.

A la hora de la verdad, no obstante, los de Luis Enrique sólo los encontraron con intermitencia, como consecuencia del poco peso con balón de la línea de medios en el escalón inmediatamente anterior. Los interiores recibían con cierta comodidad porque así el rival lo permitía, pero ya con el esférico en sus pies apenas sacaron ventajas de su agraciada libertad. Ni se mostraron espacialmente creativos en la administración del cuero ni echaron mano de subterfugios como la conducción vertical para atraer a un rival y, así, liberar a un compañero, de modo que pese a contar con esa superioridad teórica el Barça tuvo que recurrir de nuevo a la participación de Leo Messi atrás. Esa que en el día a día no le impide igualmente la íntima relación con la definición pero que cuanto más importante es el rival más complicado se lo pone. El argentino fue junto a Busquets, en realidad, el centrocampista culé del primer tiempo, una condición que redujo su impacto directo en el partido. Tuvo que influir lejos de Keylor Navas. Las otras dos corrieron a cuenta de los blancos, pues su interpretación de la defensa sobre Leo fue la correcta en la mayoría de casos y, además, asumiendo progresivamente más cuota de la posesión redujeron el número total de intervenciones del 10. En definitiva, la pelota le llegó a Messi menos veces y más lejos.

A la izquierda, la disposición de piezas en ataque del Barça. A la derecha, el mapa de las intervenciones de Leo Messi.

A la izquierda, la disposición de piezas en ataque del Barça ante el Real Madrid. A la derecha, el mapa de calor de las intervenciones de Leo Messi.

La posesión culé no dibujaba superioridades sustanciales y la recuperación del Madrid se producía con los blancos normalmente ordenados, dando pie a una posterior progresión con la pelota que poco a poco los fue situando en campo rival. Marcelo y Modric en los primeros estadios de la combinación e Isco por delante, en constante movilidad para presentar siempre un apoyo seguro para los suyos que diera continuidad a la jugada, suplieron la falta de contraataque visitante producto de la ausencia de Bale por una manera de ganar metros más relacionada con la combinación. En este sentido, tuvieron claro los de Zidane que el objetivo de su ataque iba a ser el lado derecho de la defensa del Barça, donde sobrecargaron la zona de Sergi Roberto juntando en ella no sólo a los hombres que de inicio ocupaban esa banda -Marcelo, Kovacic y Cristiano Ronaldo- sino incluso llevando hacia ella a los de la contraria -Isco y Lucas Vázquez-. El del costado del canterano fue un fuego que el Barça no pudo sofocar, pero entre el desatino en la lectura del último gesto de los blancos, la imprecisión técnica de Benzema y la respuesta de Piqué en el área, el cuadro local no se abrasó en el sufrimiento.

De hecho, fue en este mal trago que halló las mejor opciones del primer tiempo para castigar a su adversario. Como el ataque del Madrid concentraba a una gran cantidad de efectivos en un único sector, la transición culé, cuando lograba superar la ahora sí presión merengue, se encontraba relativamente desocupado el otro lado del campo. Neymar se valió de ello para tirar del equipo hacia la punta izquierda enfrentando a Carvajal, con el trabajo de Luis Suárez sujetando a los centrales como inestimable contribución al aclarado. Los socios de Messi volvieron para el clásico. No en vano fueron los protagonistas del tanto de su equipo, un gol que traducido en ventaja dio paso a los minutos más cómodos del equipo de Luis Enrique a lo largo de partido. Al uno a cero lo siguieron  la entrada al campo de Andrés Iniesta y la salida del mismo de Isco Alarcón, un escenario y un doble movimiento que permitió al Barça tomar las riendas y mandar. El Madrid tenía prisa en defensa y saltaba a la presión permitiendo el capeo, sin Isco se precipitaba en ataque anticipando la recuperación azulgrana y el Barça respondía a la impaciencia blanca con un Andrés caracterizado de diazepam al que se abrazó un equipo necesitado de su efecto calmante. El manchego se sumó al mediocampo que de facto habían estado formando Messi y Busquets.

No sólo por su capacidad para esconder el balón y por orientar hacia ese efecto a sus compañeros más cercanos tuvo impacto Iniesta, sino que desde el interior su interpretación de las situaciones que le deparaba el juego no tuvieron nada que ver con la que anteriormente habían tenido los titulares. Su libertad sí fue problemática para el Madrid, y lo hizo constar conduciendo para hacer saltar a un contrario y liberar a su par o retando al equilibrio de Luka Modric para sacarlo del centro estratégico del tablero. Con Andrés en el campo, el Barça dio con los accesos al entrelíneas, pero sin acierto en la finalización, se adentró en los minutos finales con más voluntad de protegerse que de sentenciar. Entraron Arda Turan y Denis Suárez para aumentar las opciones de esconder el balón, pero el sistema del equipo no fue capaz de hacer suya la idea de su entrenador. A cambio, por el camino perdió avales para protegerse sin él y la opción más clara de profundidad al contraataque. Sin Neymar sobre el césped ni un equivalente que tomara el testigo del brasileño intimidando al espacio, los últimos minutos miraron en una única dirección sin que ningún culé acertara a girarlos. Se volcaron sobre un área que Ter Stegen no hizo suya y finalmente encontraron la cabeza de Sergio Ramos, dueño recurrente de los desenlaces.

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– Foto: Josep Lago/AFP/Getty Images

Comments:6
  • H 5 diciembre, 2016

    Si en Enero se fichara a Dario Srna y se usara a Sergi Roberto de interior derecho, ¿Crees que eso ayudaría a solucionar problemas puntuales en esas dos líneas de la cancha?

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  • Rafa 5 diciembre, 2016

    Lectura obligada

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  • vi23 5 diciembre, 2016

    Muy buen análisis. Creo que destapa uno de los problemas de esta plantilla. Sólo Neymar amenaza al espacio con rapidez de verdad. Me pregunto si una posible solución hubiese sido sacar a Umtiti para el lateral izquierdo y adelantar a Jordi Alba (en caso de que Ney no pudiese más). Se ganaría poderío aéreo y Jordi es lo más rápido que tenemos para amenazar al espacio (y define bien)

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  • Morén 5 diciembre, 2016

    @H

    No estoy siguiendo demasiado al Shakhtar de modo que no estoy muy al corriente del estado de Srna. En cuanto a Sergi Roberto en mediocampo, sí creo que solventaría algunas dificultades, sobre todo de volver a producirse una ausencia de Iniesta.

    @VI23

    Totalmente de acuerdo. Está Luis Suárez que puede hacerlo pero partiendo de la posición de delantero centro es un escenario diferente.

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  • Jordi 5 diciembre, 2016

    Menos mal que es la mejor plantilla de la era Luis Enrique, falta un lat derecho, un interior que sepa ordenar, un central del estilo de Pique, un mediocentro suplente, un extremo que desborde y aporte profundidad…

    En resumen que enrtre Turan, Rafinha, Denis y Gomes no hacen uno, ni interiores ni extremos, veremos que fichan proximamente.

    Por no hablar de Alcacer, un jugador que encaja a la perfeccion a un estilo de juego que el Barça ya no usa nunca.

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  • Luis Glez. 6 diciembre, 2016

    Gran artículo Albert, quizás ha faltado comentar la entrada de Casemiro -falto de ritmo-, que pese a que al final se volvió protagonista por la última acción del encuentro, en mi opinión, erró Zidane en su entrada, o al menos no le resultó su pretendida intención de acercar a Modric y a Kovacic al área, y además sacando a Isco. Sólo me pareció útil en los últimos momentos del encuentro en el juego aéreo (no sólo en el área).

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