Príncipe Cavani

Paris Saint-Germain's Uruguayan forward Edinson Cavani celebrates after scoring a goal during the French Ligue 1 football match between Bordeaux (FCGB) and Paris (PSG) on February 10, 2017 at the Matmut Atlantique stadium in Bordeaux, southwestern France. / AFP / NICOLAS TUCAT (Photo credit should read NICOLAS TUCAT/AFP/Getty Images)

Príncipe Cavani

París necesitaba un nuevo príncipe. Ninguno de los equipos que legítimamente arrancaron el curso con la mirada puesta en la Copa de Europa, ha experimentado este verano adioses tan relevantes como los del PSG. Ibrahimovic y Laurent Blanc significaron, durante cuatro años el primero y durante tres el segundo, la identidad futbolística del club desde el campo y el banquillo. El futbolista a partir del cual se definía el colectivo y el técnico que diseñó el plan de juego que mejor lo arropara. Blanc construyó un PSG para Ibra del mismo modo que Zlatan dio forma al PSG de Blanc. Reemplazar al sueco por otro futbolista, así pues, implicaría para el nuevo técnico del cuadro galo la necesidad de repensar la globalidad del equipo, con tal de emprender un camino alternativo que además, si la tarea de la sustitución recaía en Edinson Cavani, adquiriría tintes de cambio radical. No resulta fácil hallar en la élite a dos delanteros más contrapuestos que Ibrahimovic y el uruguayo. Uno gusta de asumir un protagonismo con la pelota excepcional en su posición, de abandonar la punta para poder participar en zonas más retrasadas del campo, a menudo impugna la profundidad y realiza pocos movimientos que no estén directamente relacionados con la recepción del cuero. En París, en un equipo eminentemente forjado en su mediocampo, Ibra fue un centrocampista más, sin renunciar por ello a una autoridad absoluta en el remate.

Cavani es prácticamente lo contrario. Seguramente se trate del punta más incansable de la Champions en el esfuerzo, orientado tanto hacia labores defensivas de acoso o persecución como hacia una actividad ofensiva que acelere y multiplique las acciones de ataque. No en vano, las últimas tres temporadas Blanc vio en él una de las soluciones para compensar en ataque algunas de las principales particularidades de Ibrahimovic. El contrapunto profundo y móvil a su «mediocentro adelantado». Sin Zlatan y trasladado a la primera línea de importancia su otrora complemento, el PSG, a las órdenes de Unai Emery, ha vivido un profundo proceso de cambio para acompasarse a las características de su nueva referencia ofensiva. Así pues, su juego se ha verticalizado, de acuerdo con la agresividad y recorrido en el desmarque del de Salto, y como aprovisionarlo ya no tiene tanto que ver con las interminables cadenas de pases y las combinaciones en la frontal, las bandas del equipo han aumentado su protagonismo como repartidores de ocasiones. Durante muchos momentos del curso, el centro de gravedad del equipo de Emery se ha trasladado a los costados, donde las inconfundibles parejas exteriores de Unai, compuestas por un mediapunta escorado y un lateral profundo, han sido los caminos escogidos para llegar al área. Separar las piezas propias y ajenas más allá de la divisoria ha tenido como principal objetivo abrir el ritmo y los espacios del ataque parisino para adaptarlo a las singularidades como finalizador de Cavani.

Abundante, incansable pero en ocasiones demasiado relacionado con el fallo, buscaba Unai con ello ofrecerle al uruguayo un escenario donde la cantidad se impusiera a la calidad. Un escenario de descontrol que el PSG ha pagado en otros ámbitos como el defensivo o en la gestión de los marcadores a favor, pero que a la hora de potenciar a su principal argumento anotador se ha revelado de lo más efectivo. Por eso la llegada de Draxler, un futbolista más pulcro con quien era de esperar cierto cambio de dirección colectivo hacia una identidad más emparentada con su pasado reciente, podía amenazar el ecosistema que ha permitido a Cavani convertirse en uno de los delanteros más productivos del continente. La sociedad, sin embargo, lejos de ser conflictiva, está alimentando todavía más las cifras del uruguayo. Y es que Julian  transita en la frontera de ambos PSG’s, siendo por un lado una incorporación que devuelve cierto protagonismo arrebatado al centro del campo, permitiendo a sus compañeros una mayor proximidad y un control mayor sobre las fases del juego, sin desligarse con eso del aire vertical y productivo del que Unai había dotado al equipo. Draxler, siendo aliado de Verratti, Motta, Rabiot o Matuidi, sigue mirando hacia Cavani, y su claridad en la gestión de los últimos metros, así como su poder en el desborde, no sólo no le restan opciones al punta sino que hacen llegar a pies de Cavani balones más limpios que los que recibía hasta ahora.

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– Foto: Nicolas Tucat/AFP/Getty Images

Comments:3
  • Arbmas 14 febrero, 2017

    Estas en todas partes Albert 😀 que afortunados los que disfrutamos con todo esto y no en telebasura

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    • Morén 14 febrero, 2017

      Y aun así se quedan cosas en el tintero. Por ejemplo la trascendencia de la ausencia de Thiago Motta, que a mí me parece total. Individualmente porque es una pieza capital para el PSG tanto con balón como sin él (para protegerse y para amenazar), y porque a nivel táctico abre la posibilidad del 4-2-3-1 de Unai. Faltando también Krychowiak y, por lo tanto, sin un pivote claro que reemplace a Motta en el cierre, podría ser que Emery optase por juntar en la base a Verratti y Matuidi y sumar un efectivo extra en tres cuartos, ya fuera Lucas/Di María o Ben Arfa. El PSG viene confiando en ambos esquemas.

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  • Iniesta10 15 febrero, 2017

    Uffffff, menuda paliza … que en parte se veía venir.

    El Atletico nos pasó por encima, fué mejor en el global de la eliminatoria, y solo la pegada y Leo Messi hicieron que pasaramos a la final.
    El mejor partido de los últimos ha sido frente al Alavés, que se cerró atrás.

    Nos han encontrado el punto débil. La presión alta que nos ahoga. Al fin y al cabo la media es la línea menos trabajada por Luís Enrigue.

    Esto pinta mal, salvo milagro estamos fuera de la champions, y probablemente en liga tampoco remontemos ya, porque estas derrotas duelen y dejan secuelas, y porque en realidad no estamos jugando demasiado bien y somos muy dependientes de Leo.

    En fin, ánimo a todos los culés y felicitar al PSG, que ha hecho un señor partido.

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