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Hacia donde miran los centrales

Hacia donde miran los centrales

Cuando la posesión cambia de manos, a la hora de presionar el nacimiento de la jugada del rival, tan o más importantes que los recorridos defensivos posteriores a la alternancia son los contextos previos creados con el balón. El uso de la circulación para, además de buscar caminos hacia la portería contraria, procurarse un escenario favorable en caso de perder la pelota. Juntar las líneas de tu equipo, agrupar aliados alrededor del esférico, afectar anímicamente al adversario o crearle una situación de partida ingrata a la hora de iniciar la contra, son aspectos que pueden marcar la diferencia cuando se pretende defender y sofocar los ataques rivales lejos de la propia área. Justo este apartado fue el que tuvo que corregir Zinedine Zidane en el descanso del partido que enfrentó a su Real Madrid con el Valencia de Albert Celades, para lavarle la cara a un primer tiempo de marcador igualado pero sensaciones poco positivas para os intereses blancos. La clave de la incómoda primera mitad local residió en el hecho de que sus ataques rara vez consiguieron girar hacia Cillessen a una de las dos líneas de cuatro que custodiaban al guardameta neerlandés. El Madrid jugaba arriba, cerca del área rival debido a la intención en el repliegue por parte valencianista y a que con Kroos asumiendo zonas de mediocentro y Sergio Ramos en los primeros pases, al balón, en los pies de los madridistas, no lo costó ascender hasta el último tercio del campo.

Una vez ahí, sin embargo, los hombres de Celades prácticamente siempre lograron defender mirando hacia Courtois. El Real Madrid, de inicio organizado según un 1-4-3-3 que sobre el césped tuvo mucha apariencia de rombo debido a la posición centrada tanto de Hazard como de Valverde -el primero en punta y el segundo en la medular-, en ataque ocupaba las orillas con sus laterales, pero con el acceso a la frontal cerrado por la línea de medios ché no halló alternativas al disparo lejano. Conquistadas las esquinas, los blancos no lograron ni activar el desborde exterior, ni imponerse en el centro al área a la inusitada serenidad de Hugo Guillamón ni quebrar al sistema defensivo rival por dentro, con o sin balón, desde la segunda línea. Trazando el paralelismo con otro rombo de recuerdo muy feliz para el conjunto de Zidane, durante el primer tiempo el desenlace madridista no disfrutó ni del regate de Marcelo en banda, ni del remate de Cristiano en el área, ni de la energía de Isco en la mediapunta. Chocando contra la doble muralla visitante, así pues, el fin de los ataques madridistas daban pie a una respuesta automática del Valencia, capaz de activar los primeros pases de Parejo, Kondogbia, Gayà o Guillamón en busca de los espacios libres a la espalda de la presión. Con Soler a la espalda del interior derecho merengue (Imagen arriba a la izquierda), Maxi pivotando en el centro del ataque y tanto Rodrigo Moreno como Ferran Torres buscando la espalda de los laterales proyectados separando a la pareja Varane-Ramos (Imagen arriba a la derecha), los de Celades vistieron los ataques de peligro y de una profundidad que les permitió retornar hacia su campo nuevamente en ventaja.

Al descanso, como era de prever, Zidane trató de proponer soluciones, y las buscó en una activación más amplia de la banda izquierda acercando hacia Mendy el fútbol de Kroos, Hazard y Benzema, y dándole un matiz más externo al juego de Fede Valverde tanto con balón como, sobre todo, sin el esférico. Resultó especialmente significativo el ajuste sobre la posición del uruguayo a propósito de la transición ataque-defensa del Madrid, pues logro, en primer lugar, una mayor contención del lateral derecho con tal de mantener a un tercer jugador atrás junto a Sergio Ramos y Raphael Varane, y en segundo lugar cerró la fértil vía de escape que había encontrado el Valencia en Gayà a lo largo de la primera mitad (Imágenes de arriba). La suma de ambas cuestiones resultó en que por una parte los de Celades salieron menos y peor por fuera, y en que por otra los centrales blancos ganaron correa para saltar a la anticipación sobre los apoyos interiores de Maxi Gómez y compañía. Dejaron de correr tanto hacia atrás para correr más hacia adelante, mirando hacia Cillessen y conquistando con sus interceptaciones varias espaldas chés. Atacando a un rival con las líneas menos juntas, girándolo hacia su propio guardameta y construyendo un escenario de presión favorable para volver a empezar la secuencia. Inclinando el campo.

– Foto: JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

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