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Mendy al servicio de Vinícius

Mendy al servicio de Vinícius

Poco tiempo después de convertirse en entrenador, Thiago Motta manifestó su interés por la idea de un equipo que utilizara un dibujo 2-7-2 y el mundo se volvió loco. Las publicaciones, tanto físicas como digitales, se llenaron de insólitos esquemas en los que el portero jugaba en la posición de central por detrás de una enorme nube de centrocampistas y de dos solitarios delanteros. Pocos habían reparado en que el dibujo al que hacía referencia el ya ex mediocentro del PSG no se leía de abajo a arriba sino de lado a lado. Era la forma como, durante una entrevista el ítalo-brasileño quiso subrayar la implicación en ataque que esperaría del portero, incluyéndolo como uno más entre los encargados de llevar el juego del equipo en el carril central y obviando, en este caso, las descripciones más habituales que lo muestran en solitario o que directamente lo omiten. En realidad, en la idea del 2-7-2 de Motta cabían desde el 1-4-3-3 al 1-4-2-3-1, pasando por el 1-4-4-2.  Pero la manera habitual de describir la formación de los equipos no le permitía a Thiago resaltar aquello sobre lo que quería poner el foco, de modo que optó por mirar la teórica organización de un conjunto desde otro punto de vista más afín a las intenciones de su explicación.

El de Thiago Motta es un ejercicio que bien podría repetirse para analizar el estreno del Real Madrid de Zidane en Liga. El vigente campeón saltó al césped del Reale Arena con semblante de 1-4-2-3-1, ubicando a Martin Odegaard en la mediapunta por delante de una pareja formada por Modric y Kroos que se repartía el primer escalón del mediocampo blanco. En la práctica, sin embargo, el desarrollo con balón de los visitantes contuvo un matiz en la posición y la función de sus laterales, fundamental para explicar tanto las intenciones del técnico como lo que éstas provocaron. El Madrid atacó con tres futbolistas formando la base de su salida de balón, papel que recayó en Carvajal, Varane y Sergio Ramos. De este modo, no sólo ambos laterales adquirieron una ubicación y unos cometidos asimétricos, sino que uno de los centrales, el izquierdo para más señas, en ataque abandonaría el carril central para situarse en banda izquierda. Leído de abajo a arriba, el plan de Zidane planteó dos alturas diferentes para Carvajal y Mendy, pero más relevante todavía, leído de derecha a izquierda en su perfil zurdo incorporó a un futbolista más que en la derecha. Mirando de frente desde su posición en el banquillo, Zizou vio a su equipo ocupar el campo con dos jugadores en la banda derecha, seis en el carril central y tres en la banda izquierda. 2-6-3.

La consecuencia directa de esta disposición fue que en el raíl de Ramos, Mendy y Vinicius el Madrid gozó de una franca superioridad numérica frente a la Real Sociedad, pues los de Imanol presentaban sólo dos piezas exteriores en cada lado del campo y la presencia de un tercer madridista los obligó a elegir constantemente entre liberar a Sergio Ramos o permitir que Modric y Kroos jugaran cómodos en la base. Si el resultado del planteamiento madridista fue la suficiencia con la que los merengues impusieron su salida desde atrás sobre la presión donostiarra, el objetivo del mismo consistía en poner en ventaja a Vinícius Júnior. Su banda asumió el protagonismo durante buena parte del choque, y en ella, con Sergio Ramos tomando la posición de lateral izquierdo como iniciador, Ferland Mendy fue el comodín que empleó Zidane para adecuar el escenario de la banda a las necesidades que tuviera su extremo en cada momento. Cuando Vinícius cerraba su posición igualando numéricamente la pelea de Benzema contra los centrales, el lateral se encargaba de abrir la banda, mientras que si era el brasileño quien se sujetaba por fuera a la espera de un balón que le permitiera encarar y profundizar en vertical, el lateral galo se proyectaba por dentro alejándole las ayudas a un Gorosabel muy expuesto en el lateral derecho. El extremo izquierdo y el lateral izquierdo del Madrid rara vez ocuparon la misma columna durante los ataques blancos. 

Llegando por el perfil zurdo hasta el lateral del área, los de Zidane dominaron el primer tramo del encuentro situando sus coordenadas muy cerca de la portería de Remiro. La sensación de peligro visitante era alta aunque el gol no llegara, tanto con balón como a través de la presión alta que podía lanzar desde muy arriba y que le planteó muchas dificultades a la Real Sociedad a la hora de mantener el cuero. En la distancia corta el Madrid acumulaba muchos jugadores, en la distancia media los balones divididos caían a pies de Ramos, Kroos, Modric o Carvajal, y en la distancia larga Varane supo imponerse a Alexander Isak. Que la superioridad merengue no llegara a materializarse tuvo que ver con el desempeño de Elustondo en la corrección final, con el cambio de Alguacil para que su equipo pasara a defender con sólo un hombre arriba e incorporando a un efectivo más en zona cancha de tal manera que el interior pudiera ejercer la doble función de poblar el centro y ayudar en banda, y probablemente también con el hecho de que, con Odegaard en la mediapunta, Benzema tuviera una primera mitad con menos participación en la corona del área de lo que es habitual en el francés.

Seguramente por esto, y porque como resultado de la estabilidad defensiva ganada por la Real con el cambio de dibujo Mikel Oyarzabal pasó a parecer más a la espalda del mediocampo madridista, Zidane recompuso al equipo con las entradas de Casemiro, Valverde y Marvin. Especialmente las dos primeras debían permitir una reformulación que, por un lado, reforzara defensivamente la zona del pivote, que por el otro liberara la mediapunta para los apoyos de Karim y que, finalmente, compensara el juego fuera del área del galo con la llegada de Valverde. Sin embargo, la maniobra no surtió el efecto que el técnico del Madrid hubiera deseado, pues el partido ya había entrado en ese momento en un tramo de descontrol, idas y venidas que mantuvo la iniciativa repartida hasta el final.

– Foto: Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images

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