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Cambiar de hábitos

Cambiar de hábitos

Aunque los últimos campeones de la Champions League lo fueron después de relevar a sus respectivos entrenadores con la temporada en marcha, cambiar al director de la nave en pleno viaje siempre entraña más dificultades que hacerlo antes de zarpar. Especialmente cuando lo que se busca con el cambio no es solo un cambio de dinámica o resultados, sino una reformulación futbolística más profunda del equipo. El día a día de la competición no da la tregua ni el tiempo que permiten las pretemporadas y las semanas de entrenamiento sin citas intersemanales. En esta situación se encuentra actualmente el Barça, ya sin Ronald Koeman a los mandos y con Sergi Barjuán como técnico interino hasta la llegada de un nuevo entrenador. Sin apenas tiempo para que el hasta ahora técnico del filial pudiera intervenir de forma radical en un conjunto que prácticamente debe reconstruirse de nuevo. Un equipo que casi en todos los partidos del curso ha hecho demasiadas cosas mal.

Con el objetivo de reconducir alguna de ellas pese a los condicionantes del calendario, Sergi introdujo tres modificaciones ante el Alavés. Tres ajustes sencillos y prácticamente inmediatos para que el Barça luciera diferente siendo el mismo. La primera tuvo que ver con el posicionamiento de sus jugadores, una de las cuestiones que hicieron más costoso el día a día del Barça de Koeman, saldado por Sergi con un acercamiento al canon. Así pues, los locales formaron con un 1-4-3-3 austero pero reconocible, en el que Dest y Memphis se encargaban de abrir el campo desde los extremos, en el que Nico y Gavi ocuparon unos interiores muy adelantados y con tendencia a ocupar la espalda del mediocampo rival, en el que era Eric García quien incorporándose al mediocampo en conducción abrigaba la zona de Busquets, y en el que con las bandas ocupadas ambos laterales guardaron un posicionamiento más prudente, generalmente a la altura del pivote y en ocasiones algo más interiorizados que de costumbre. Un ordenamiento de los once jugadores del Barça que ocupó el campo de forma equilibrada y que situó referencias en cada parcela para que el poseedor del balón las encontraran con más facilidad de la acostumbrada.

No por nada, especialmente durante los primeros veinte minutos del encuentro, los locales pudieron mover el cuero con una velocidad notablemente superior a la de sus anteriores partidos, sin acumular segundos con la pelota en los pies a la espera de detectar la mejor opción y pudiendo tocar a uno o dos toques con más asiduidad. Cierto es, sin embargo, que el paso de los minutos, algún desajuste posicional en la figura de Dest y la salida del campo de Agüero y Gavi le restaron fluidez a la circulación azulgrana. Por parte del lateral estadounidense, vestido de extremo para la ocasión, su poca paciencia sujetándose arriba lo llevó a retrasar la posición para recibir el pase, un comportamiento que, efectivamente, hizo que le llegara antes el balón, pero que se lo entregó en situaciones mucho más desfavorables tanto para él como para el resto de compañeros con quienes compartía el carril derecho. En cuanto a los relevos del Kun y de Gavi, ni Coutinho ni Riqui Puig se integraron de la misma forma a la propuesta del equipo, el primero por su abuso reteniendo el balón y el segundo por un deseo de tocar el esférico que en varias ocasiones lo llevó a descuidar la posición.

El segundo cambio que pudo apreciarse en el juego del FC Barcelona tuvo que ver con el tipo de finalización que eligió para sus jugadas. Durante semanas, ante la falta de caminos y soluciones a la hora de generar ocasiones de peligro, los culés se habían mostrado sorprendentemente insistentes en el centro lateral, un tipo de acción que contra el Alavés redujo mucho su impacto en favor de un juego combinativo y de descargas hacia la frontal con las que el equipo trató de alargar las jugadas insistiendo en la circulación como vehículo para llegar al área. Más teniendo en cuenta que su rival contaba con una pareja de centrales experta en la materia como la que conforman Laguardia y Lejeune. Por último, la tercera diferencia con respecto a los últimos precedentes del conjunto azulgrana fue su respuesta defensiva. Los de Sergi dejaron de lado las interminables persecuciones defensivas que durante la temporada habían contribuido al desorden barcelonista, especialmente cuando el rival era capaz de alargar sus posesiones en la mitad más próxima a Ter Stegen.

El sábado, sin embargo, un poco por consigna, otro poco por el repliegue del Alavés que obligaba a los de Calleja a iniciar sus ataques desde muy atrás, y otro poco debido a la profundidad que pudieron alcanzar los culés a través de las posiciones de sus extremos e interior, la respuesta defensiva pudo desarrollarse principalmente en campo contrario y sin necesidad de alargar las vigilancias individuales también en su propia mitad. Tres ajustes referentes al posicionamiento, la creación de oportunidades y la transición ataque-defensa que, sin embargo, aunque por momentos dejaron ver a un Barça diferente y con hábitos de juego más saludables, no lograron esquivar su vicio más pernicioso: su inocencia en ambas áreas. De ahí que aunque el partido se narrara de forma distinta, el desenlace de la historia fuera otra vez el mismo.

 

– Foto: Alex Caparros/Getty Images

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