Ser portero se ha vuelto más difícil que nunca. Los balones pesan menos y cuando vuelan son más imprevisibles, el terreno de juego ya no frena la pelota sino que a veces la acelera, y además las propuestas futbolísticas en auge durante los últimos años han añadido complejidad a los cometidos de los guardametas. Los porteros tienen más tareas, lo que significa que deben ser capaces de hacer más cosas bien y que hay más aspectos en los que asumen el riesgo de fallar. Para ser el portero perfecto, hoy es necesario dominar muchas cosas. Sin embargo, Thibaut Courtois esta temporada lo ha sido. La estrella de la última final de Champions League rubricó en París una temporada inmaculada. Autoritaria. Intimidante. Colosal. Un curso en el que su ya de por sí espigada figura ha crecido para ser gigante. Para resultar tan importante como el que más en el campeón de Liga y Champions, y para empequeñecer tanto a los delanteros rivales como a sus esperanzas. Ha hecho sentir a todos que su equipo jugaba con una portería de dimensiones más reducidas que las del resto. Ha representado un ideal, el del portero perfecto. Y ha hecho que parezca fácil serlo.
Escribía esta semana Miguel Quintana que una de las claves del impacto del guardameta del Madrid es que no solo evita goles con sus acciones, sino que llega con el tiempo suficiente a la parada como para decidir de qué modo hacerla. Donde otros solo tienen la opción de impedir el tanto rival a toda costa, el belga se permite el privilegio de elegir con qué superficie hacerlo, qué gesto es el más adecuado o hacia donde resulta más conveniente dirigir el despeje. Courtois tiene más tiempo que los demás porteros porque está en el lugar correcto antes que el resto. No obstante, esta capacidad no la fundamenta en la intuición para anticiparse al disparo del contrario y adivinar su dirección, sino en una gestión perfecta de los instantes previos al chut que, luego, le permite ganar tiempo cuando el balón sale de la bota del delantero. El trabajo del belga, en este punto, se basa en tres aspectos: colocación, apoyos y postura.
Asegura Frans Hoek, preparador de porteros con una amplísima trayectoria entrenando guardametas y que ha tenido a sus ordenes a arqueros de la talla de Van der Saar, Valdés, Reina o De Gea, que en el contexto actual la colocación es la parte más importante del oficio del guardameta, pues «hoy los porteros corren entre uno o dos kilómetros más por partido que antes. Es una dificultad«. Algo que subraya Juan Carlos Unzué cuando recuerda que «hay mucho más movimiento y a menudo tienes que ubicarte en la portería casi sin mirar. Bajo mi punto de vista, hay más opciones de que el remate final te encuentre peor colocado y peor apoyado. A los porteros que tienen que jugar de esta manera se les ha complicado la parada final«. El guardameta no puede limitarse a esperar bajo palos el momento del chut, ya que su equipo le exige participar en el partido durante muchas otras fases del juego, sumando así dificultad al hecho de fijar las referencias de la portería y de encontrar la colocación adecuada.
Frente a esto, una de las particularidades del juego de Courtois es que belga no es un portero que reajuste constantemente su colocación en el transcurso de la jugada. Donde otros se mueven sin cesar, él espera quieto en la misma posición hasta que la acción ha cambiado lo suficientemente el rumbo. No es un portero que esté en permanente movimiento cuando el rival tiene el balón. Sacrifica pequeños ajustes -medio paso hacia un lado o hacia el otro- a cambio de mantener la colocación, la posición y los apoyos, de tal modo que el disparo siempre lo encuentre cerca del lugar ideal, con el cuerpo preparado para intervenir y con los pies haciendo contacto con el césped para poder impulsar su salto. Esto último es otro de los aspectos claves de su buen hacer bajo palos. Cuando recibe el chut, Thibaut prácticamente siempre tiene los pies bien apoyados, lo que le permite iniciar inmediatamente el movimiento (Imágenes arriba). Si otros guardametas esperan el tiro dando pequeños saltos que les obligan a retrasar el despegue hasta volver a apoyar sobre el césped, el belga se asienta sobre ambos pies y gana tiempo de reacción. «Si nos ves a los porteros de mi época, yo incluido, nos verás haciendo esos saltitos lo más cortos posibles y con mucha rapidez. Había porteros que esos saltos los hacían en un momento muy próximo al disparo del delantero, y eso puede ser un problema porque hasta que no estás bien apoyado en el suelo no puedes empezar a reaccionar. Muchas veces nos pasaba que todavía estábamos en el aire cuando el rival ya había chutado. La pelota te pasaba cerca, pero no llegabas porque habías tardado demasiado en poder apoyarte«. No solo está antes porque viene de una buena colocación, sino que también llega antes porque sus apoyos le permiten empezar a moverse más rápido.
El tercer recurso de Courtois para ganarle tiempo al disparo del delantero es la postura de su cuerpo y, en concreto, la abertura de sus piernas. Siendo un guardameta de dos metros de altura, podría caer en el vicio de separar de más sus piernas para asegurarse un centro de gravedad más bajo que no lo alejara más de la cuenta del suelo. Sería una solución que le permitiría llegar con más facilidad a los balones rasos, pero que en contrapartida «reduciría su estatura» dificultándole llegar a los altos. La alternativa que utiliza el belga es la de buscar un centro de gravedad bajo sin separar excesivamente las piernas y buscando su flexión. Esperando el balón ligeramente agachado pero no abierto, de manera que los balones a ras de césped no queden lejos y, al mismo tiempo, pueda llegar a los ángulos superiores de la portería simplemente extendiendo las rodillas (Imágenes arriba). Sin invertir tiempo de más en hacerse grande o pequeño. Como además es un portero que a pesar de su envergadura no es pesado y puede explotar sus reflejos, su capacidad para maniobrar bajo palos es casi infinita. Está antes en el sitio correcto (colocación), su parada llega antes (apoyos) y a cualquier parte de la portería (postura).
Cuenta a su favor con la ventaja del contexto, pues la apuesta defensiva del Real Madrid, más tendente al repliegue que a la presión y que suele dejar pocos metros a la espalda de la zaga, provoca que la parcela que debe gestionar Courtois sea menor que la que han tenido que gestionar porteros como Alisson, Ederson, Neuer o Rulli, pues a ellos el juego de sus respectivos equipos les ha exigido más presencia y movimiento lejos del área (Imágenes arriba). «Al final, si te mueves seis o siete metros hacia los lados, y seis o siete metros hacia delante o hacia atrás, cuando te rematan tienes más posibilidades de estar mejor colocado y mejor apoyado, y la posibilidad de ser efectivo es mayor«, analizaba Unzué hace unos años a propósito del atlético Oblak. A su vez, que el sistema defensivo del Madrid acumule obstáculos delate del área y expulse a los rivales hacia los costados potencia otra de las grandes virtudes de Courtois: su impresionante dominio aéreo. Una autoridad por arriba que ya exhibía de joven con los colores del Atlético de Madrid y que el belga ha sabido convertir en una baza ofensiva, ya que le permite iniciar el contraataque pasando el balón con la mano. Dando velocidad y dirección a la transición justo cuando más desprotegido está el rival por acumular muchos hombres en área rival en busca del remate.
Finalmente, la otra contribución destacada de Thibaut al juego ofensivo del Madrid tiene que ver con su juego con los pies, seguramente el aspecto de su fútbol en el que más ha mejorado a lo largo de las últimas temporadas. Su porcentaje de acierto en el pase no ha parado de crecer año a año (Imagen arriba), su volumen de participación es homologable al del resto de sus colegas (Imagen abajo), y su impacto encontrando al compañero libre hace de él un activo fundamental en la construcción de los ataques madridistas. El portero que más para, juega tanto como los demás. No por nada termina el curso siendo un portero perfecto. Un portero perfecto que transmite la sensación de que, para él, no ha sido difícil serlo.
– Fotos: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images; MIGUEL MEDINA/AFP via Getty Images; PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images.

