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Juan Carlos Unzué

Entrevista | La evolución del oficio de portero de fútbol.

Juan Carlos Unzué

Entrevista realizada el 29 de abril de 2020.

 

  • Portero en los ochenta y en los noventa, preparador de porteros en el Barça de Víctor Valdés y segundo entrenador en el de Marc-André ter Stegen. ¿Cómo ha sido la evolución de la posición durante todo este tiempo?

Para mí, las posiciones que más han cambiado desde mis inicios son la de portero y la de central. Son las dos que se han visto más alteradas. En ambos casos se ha producido un aumento del número y de la variedad de situaciones que el jugador tiene que dominar. Recuerdo comentar en su momento con Víctor Valdés que todo lo que le íbamos a pedir requería de mucha más responsabilidad, de mucha más atención y que seguramente le iba a generar un mayor estrés. Pero, por un lado, estábamos seguros de que él tenía las condiciones de poder llevarlo a cabo y, por el otro, sabíamos que este juego podía ayudar a que la atención del portero fuera más sencilla. Jugando así el portero se siente más involucrado porque tiene que intervenir muchas veces. No solo está para detener el chut del rival, sino que también tiene que tratar que no se genere la ocasión y jugar en relación al balón y a sus compañeros cuando el equipo tiene la pelota y cuando no la tiene. Dentro de que ahora tiene una exigencia mayor, yo creo que todo esto ha ayudado al portero a poder estar más atento al juego de una forma natural. Que no ocurra como años atrás cuando había porteros que estaban en su área pequeña y a lo mejor aparecían tres veces en un partido. Era más complicado estar al cien por cien de tus capacidades tanto mentales como físicas.

  • Intervenir más también significa moverse más. El portero ya no es ese futbolista que se limita a esperar bajo palos.

Lo que ha provocado esta evolución en el juego de los porteros es que los guardametas sean más dinámicos y coordinados. Y lo que yo he podido comprobar es que no es fácil encontrar un portero que mida más de 1,85 que verdaderamente sea dinámico y se sienta cómodo trasladándose tantos metros y en tantas situaciones como puede ser el caso de Ter Stegen en el Barcelona.

Suelo poner el ejemplo de Marc-André y Oblak. Los dos son muy buenos y, sobre todo, tengo claro que posiblemente cada uno es el mejor en relación al juego que desarrolla su equipo y a lo que se le pide que haga. Para mí, Oblak es el mejor, o uno de los mejores, bajo palos, pero para él creo que es más sencillo estar bien colocado y bien apoyado en la mayoría de casos, porque su radio de acción, de movimientos y de toma de decisiones es mucho menor. Al final, si te mueves seis o siete metros hacia los lados, y seis o siete metros hacia delante o hacia atrás, cuando te rematan tienes más posibilidades de estar mejor colocado y mejor apoyado, y la posibilidad de ser efectivo es mayor porque además eres muy bueno en este aspecto. Por su parte, Ter Stegen tiene que jugar en relación al juego cuando la pelota está en campo rival, estar atento a la espalda de su defensa por si tiene que salir fuera del área, tener una buena toma de decisión en la salida, volver a colocarse en la portería si no ha podido cortar la acción… hay mucho más movimiento y a menudo tienes que ubicarte en la portería casi sin mirar. Bajo mi punto de vista, hay más opciones de que el remate final te encuentre peor colocado y peor apoyado. A los porteros que tienen que jugar de esta manera se les ha complicado la parada final.

Yo le decía a Valdés: ‘seguramente tienes la idea de que has llegado donde estás por lo que has parado, y ahora jugando así se te va a complicar. Pero te hago una pregunta: ¿tú al final qué prefieres? ¿Que te hagan ocho o diez tiros cada partido y, por lo tanto, la posibilidad de que el rival te marque sea mayor, o que sólo te hagan tres, cuatro o cinco remates a portería? Evidentemente que te rematen menos porque de esa manera te van a hacer menos goles. Pues jugando de esta manera vas a conseguirlo. Vas a provocar que el equipo rival tenga menos ocasiones de gol.

  • Siempre se ha dicho que los porteros tienen un carácter especial. ¿Para este tipo de juego con más responsabilidad y más riesgo es una condición todavía más indispensable?

Yo creo que el portero es un poco especial. Hace cosas especiales en este deporte. Por eso, cuando eres portero, tienes algo diferente. Y cuando te sientes diferente puede aparecer un poco el narcisismo que todos tenemos, que seguramente en estos puestos se ve agravado porque sabes que vas a ser trascendente, tanto para lo bueno como para lo malo. Tal y como juegan hoy los porteros esa trascendencia todavía es mayor. Siempre ha sido un jugador importante, pero su evolución en los últimos años ha sido enorme. Ya no solo es importante en el aspecto defensivo, sino también en el ofensivo. Como portero, no estás en una posición en la que vayas a pasar desapercibido. Cuando decides ser portero ya demuestras cierta forma de ser, que tienes una personalidad fuerte. Puede ser que esa mentalidad ayude a cargar con todos estos requisitos que tiene hoy la posición de portero.

  • En 1988 Johan Cruyff pensó que tú podías ser un portero que encajara en esta manera de jugar.

No tengo ninguna duda de que ellos lo que captaron fue mi idea de juego. Mi posicionamiento con respecto al juego. Y vieron que con ese posicionamiento me sería mucho más fácil desarrollar su idea. Aquí es dónde te voy a contar el por qué yo tenía esas cualidades. Es muy simple: tenía estas cualidades porque hasta los quince años alterné como jugador de campo y como portero. Yo me sentía un jugador más ya en aquella época. Hasta 1984 jugué de portero y de jugador, y firmé por el FC Barcelona en 1988. Es verdad que en aquella época el juego no te exigía ese tipo de posicionamiento, pero yo ya lo hacía porque quería intervenir. Me sentía un jugador más, y eso es lo que captaron Cruyff y Bruins Slot. Me vieron en una eliminatoria entre España y Países Bajos de categoría sub-21, y después me firmaron. Fue por esa capacidad de posicionarme en relación al juego y porque con los pies tenía más habilidad que el resto. Mi cuerpo y mi dinamismo me ayudaban a jugar de esa manera. Johan me firmó porque tenía esas características, e imagino que pensaría que si era el titular de la sub-21 también sabría parar. En este sentido, aunque la evolución que provocó el cambio de norma de 1992* me pillara en medio de mi carrera no me supuso un cambio radical. De hecho ya estaba preparado para ese cambio.

Lo que tengo claro ahora viendo partidos de aquella época y viendo cómo ha evolucionado el fútbol después, sobre todo a partir de 2008, es que la exigencia del portero a la hora de jugar el balón con los pies no tiene nada que ver. Sí que jugábamos en relación al juego, pero el tipo de pases y el tipo de continuidad que teníamos que dar eran muy simples. Sobre todo a partir de 2008, con la llegada de Pep, el espacio y el tiempo para desarrollar este tipo de acciones se ha reducido drásticamente, primero en el Barça pero después en muchos otros equipos. Como todo en el fútbol, es un tema de espacio y tiempo. No hay más que ver cómo ahora un gran porcentaje de equipos deciden ir a presionar alto al portero.

La primera evolución viene marcada un poco por la idea de Johan y por el cambio de normas, sobre todo la de la cesión, pero esto fue la base. Todo se acrecienta, en dificultad y en volumen, cuando llega Pep en 2008. En algunas ocasiones los equipos empezaban a salir y a apretar presionando arriba, y ahí aparecía la dificultad para el portero cuando tenía que jugar con los pies. Estos dos momentos para mí son claves. Luego, como consecuencia de quién gana y cómo gana aparece el tipo de portero que tenemos actualmente. Es algo muy normal. ¿A quién queríamos parecernos cuando éramos niños? Yo quería ser como Arkonada. Jugué toda mi carrera con medias blancas porque las llevaba mi ídolo. Quería ser como él aunque tuviéramos una idea de juego diferente. El otro día vi una hora de paradas de mis siete años en Sevilla y hay gestos que hago que son una copia de Luis Miguel Arkonada. ¿A qué quiero llegar con esto? Pues que hoy los porteros quieren ser como Ter Stegen, como Ederson, como Neuer, y alguno también como Oblak. Quieren ser como sus ídolos, se lo pida su entrenador o no. Ellos ya están preparados mentalmente para hacer ese juego. Y también a nivel técnico, porque los entrenamientos han cambiado y se incluye mucho más a los porteros en ese tipo de trabajos y de juegos de posición. Los porteros jóvenes están preparados porque quieren ser como sus ídolos.

  • Señalas la llegada de Guardiola al banquillo del Barça como el segundo gran detonante en la evolución del juego de los porteros. ¿Qué provocó aquel equipo que no hubiera ocurrido antes?

En la época de Frank Rijkaard o de Cruyff, por ejemplo, había veces en los que el rival te hacía un poco de presión, pero sobre todo venía propiciada por el marcador. Si había momentos en los que el portero pudiera encontrar una situación de estrés o de dificultad en la toma de decisiones, sobre todo era porque el rival iba perdiendo y se tiraba a la piscina presionando arriba. Pero cuando llegó Pep y empezó a sacar el balón jugado desde atrás incluyendo al portero, ese tipo de situaciones fue mucho más habitual. Empezamos a tener la sensación de que cada vez necesitábamos más al portero para crear esa primera superioridad. Eso sobre todo lo viví con Luis Enrique, el año del triplete y, especialmente, los dos siguientes. Cuando jugábamos nuestro partido oficial número cuarenta de la temporada, ¿sabes cuántos equipos nos habían saltado a la presión alta incluyendo la presión al portero? Veintiséis equipos de cuarenta. Que en aquel momento te saltara el Celta de Berizzo era normal, porque a Berizzo le gustan ese tipo de equipos y hace esa presión alta en todos los sitios donde va. Que lo hiciera el Athletic de Valverde también era normal, sobre todo en San Mamés. Pero de pronto entrenadores que eran más de repliegue también se atrevieron a presionar arriba. Cuando te empiezan a hacer esa presión alta y todos los equipos la repiten es porque sienten que pueden sacar algo productivo de ella, que te están poniendo en una dificultad. En esto ha habido una evolución muy grande en los últimos años, y son muchos los equipos que deciden presionar arriba. También han cambiado mucho las propias capacidades de los jugadores. No solo en el ritmo, sino también en el volumen de juego que pueden mantener a ese ritmo.

Cada vez hay más equipos que quieren empezar a jugar desde atrás, propiciando que los entrenadores piensen que si son efectivos en la presión pueden tener opciones de gol recuperando cerca del área rival. También hay otros que siguen apostando por el repliegue, aunque muchas veces estos repliegues llegan porque el equipo que intenta salir desde atrás es eficaz y contrarresta la presión. Tu posicionamiento a la hora de construir juego desde atrás no solo te permite generar la primera superioridad en corto para progresar, sino que ahora también vemos que, sobre todo cuando la presión es hombre a hombre, puedes sacar provecho con el pase largo a la última línea. La parte del juego que implica el inicio y la progresión ha ido evolucionando por la valentía de los rivales apretando arriba, y a veces la ventaja no la tienes en el primer pase en corto sino en tus alejados. En los partidos hay momentos en que parece que los equipos transiten en lugar de construir. En realidad sí se construye, pero de una forma más vertical. Siento que el fútbol va en esa dirección.

  • Teniendo en cuenta que los porteros cada vez están más preparados para jugar con los pies y para encontrar al hombre libre, ¿se les tiene que saltar a presionar con el riesgo de dejar solo a otro jugador, o es mejor flotarlos y que no tengan ningún compañero libre al que pasar el balón?

Es una duda muy razonable. Por ejemplo cuando entrenaba al Celta y me tenía que enfrenar a equipos que nos querían jugar en corto como el Barcelona, el Madrid o el Betis de Setién, para mí era clave cuándo y cómo íbamos a presionar al portero. Como entrenador que me gusta salir jugando desde atrás sé que lo que intento provocar es, precisamente, que me salten, porque como decía Luis Enrique “el que te salta te está dando la solución porque te está señalando al hombre libre”. La cuestión es cómo encontrar al hombre libre. A veces lo puedes hacer de forma directa y a veces lo tienes que hacer de forma indirecta a través del pase a otro compañero para que lo encuentre. Si realmente el rival es bueno en esto, tienes que tener mucho cuidado en cómo salir a presionar al portero. No le puedes salir de cualquier forma y, sobre todo, no le puedes salir de manera frontal.

Por otro lado, es verdad que en estas situaciones también juega su papel el aspecto anímico y mental. Sabemos que todo lo que ocurre cerca de la portería, aunque no seas totalmente efectivo, genera una mayor tensión en el jugador por mucho que domine esas situaciones. Suele costar un poco más y estar condicionado por el “runrún» que genera en el público. Cuando la pelota está cerca de tu portería aparece el miedo en la gente, por mucho que el equipo tenga dominada esa manera de jugar. Y a veces esto lo percibes y es fácil que se transmita. Los rivales juegan con esto también. No solo eres efectivo cuando robas la pelota, sino que muchas veces si generas un saque de banda cerca de la portería rival o cerca del córner y se genera ese “runrún”, ya estás haciendo algo interesante para tu equipo.

  • Si fuera el central el que quedara libre de marca diríamos que tiene que conducir con el balón controlado, dividir… ¿crees que lo llegaremos a ver en los porteros también? Algo que ya estamos empezando a ver es a equipos haciendo salida de tres con el portero.

Me parece que es interesante si tiene un objetivo. Todo comportamiento debe tener su porqué. Si echamos la vista atrás podemos recordar alguna conducción de René Higuita, que incluso podía irse hacia un rival para regatearlo, pero más allá de estos casos creo que una cosa clara es la dificultad que tiene el portero para poder conducir, dividir y pasar la pelota lejos de su portería. Evidentemente requiere una confianza enorme, y tengo dudas de que lo que te da compense lo que te puede quitar, porque si tienes un error con el portero a treinta metros de la portería difícilmente va a poder intervenir. Quizá le toca intervenir, pero será fuera del área, con riesgo de hacer una falta y ser expulsado. Cuando el rival no te salta tienes que ir a provocarle, tienes que conducir hacia él para que tome una decisión y puedas dar el pase, pero hacer eso con el portero tiene mucho riesgo. Lo que sí creo es que contra equipos que te defienden con un repliegue medio, con ese posicionamiento del portero puedes acabar provocando que sean un poco más valientes, que algún jugador se atreva a venir a presionar y abra un agujero.

Se trata de evaluar el contexto y ver si es rentable. Porque por mucho que uno quiera, si continuamente estás haciendo algo que te debilita no tiene sentido mantenerlo. Si algo no hay en el fútbol es tiempo. Quizá si tuviéramos asegurados cuatro o cinco años tendríamos más paciencia para seguir probando cosas que no salen. También es verdad que a veces la gente piensa que toda esta parte de inicio y progresión tiene más incertidumbre de la que en realidad tiene. No hay tantas variantes. No hay doscientas opciones. Hay cinco o seis situaciones diferentes a las que les puedes dar variabilidad. Puedes salir desde atrás con línea de dos, de tres o de cuatro, pero no hay muchas opciones más si quieres ser efectivo. Luego, esa línea de tres la puedes hacer con dos centrales y un lateral, con dos centrales y el pivote que viene al centro o a los lados, o se puede quedar el pivote en su sitio para que quien baje para hacer la salida de tres sea uno de los interiores.

Depende de las características del rival y de las capacidades de tus jugadores. Puede ser que los centrales de tu equipo tengan muy buena salida de balón pero que tu pivote tenga un perfil más defensivo y menos capacidad de construir. Y quizá tienes un interior más indicado que puedes usar en esa línea de tres. Otro ejemplo: en la época de Guardiola nosotros hacíamos la salida de tres con un lateral corto y un lateral largo. Evidentemente el lateral corto era Abidal, porque tenía menos capacidad para atacar pero sí tenía las condiciones para crear esa primera superioridad. ¿Y quién era el lateral largo? Dani Alves, que era casi como un extremo. Analizar al rival y las características de tu propio equipo es lo que te permite sacar el máximo provecho a cada partido.

En la salida desde atrás hay variedad, pero no tanta como para tener miedo de no ser capaz de hacerlo. Los entrenadores muchas veces lo que tratamos de hacer es que los jugadores vean que son capaces de hacerlo, porque tienen las condiciones para ello. Darles facilidades con la información que les aportamos, y transmitirles que son capaces de llevarlo a cabo.

  • Antes de la modificación de la regla de la cesión, ¿los porteros que jugaban el balón con los pies sacaban ventaja de ello o no fue algo realmente necesario hasta después de 1992? Pienso en los casos de Jorge Campos, René Higuita, Chilavert…

Fuimos los pioneros porque, por las razones que fueran, teníamos esas características, en algunos casos de manera exagerada como Higuita. Serían porteros que hoy seguramente tendrían opciones de estar en equipos punteros. Sobre todo en equipos con una determinada propuesta de juego que los expusiera a este tipo de situaciones. También es verdad que no nos tenemos que olvidar que este es uno de los aspectos que debe dominar actualmente el portero, pero no el único. El portero tiene que saber ejecutar multitud de acciones de juego que van más allá del juego con los pies. No nos podemos olvidar de que el portero sobre todo tiene que parar, y tiene que saber hacerlo de diferentes maneras. Tiene que ser eficaz en el uno contra uno, en las salidas a la espalda de la defensa, parando sobre la línea de gol, en el juego aéreo… El juego con los pies es solo una de las características que debe tener un portero en la actualidad.

  • Pues vamos a la parada. ¿Sobre la línea o unos pasos por delante para reducir espacios?

Yo he sido más de los de reducir espacios, pero como en todo depende de las características del portero. Puedes ser un portero más alto, menos dinámico y menos reactivo, y quizá te convenga estar dos metros más retrasado de lo que lo estarían porteros como Víctor Valdés o Ter Stegen. Tendrás que cubrir un espacio más grande, pero lo compensarás con tu envergadura. En cambio, con Valdés yo trabajé más la reducción del ángulo sabiendo que era un guardameta muy reactivo. Conlleva un poco más de dificultad, pero en su caso creo que fue muy efectivo. Cuando te mueves antes del chut hay un aspecto clave: en el momento en que el delantero chuta tienes que estar bien apoyado. No te puede encontrar trasladándote, porque entonces difícilmente vas a poder reaccionar.

Sin embargo, cuando fui segundo entrenador con Luis Enrique el preparador de porteros era De la Fuente y él tiene una visión más partidaria de parar desde una posición un poco más retrasada. Y su punto de vista también está muy bien argumentado y muy bien trabajado. Tiene la idea clara de que mejor un par de metros más atrás en algunas situaciones para ejecutar la parada desde ahí, y tal como él lo explica y lo trabaja también es efectivo. En mi opinión De la Fuente tiene mucho que ver en la mejora de Ter Stegen. Ya era un buen portero, pero cuando llegó al Barça tenía un apoyo de pies muy abierto. Era un apoyo que le daba la oportunidad de ser muy eficaz en los tiros lejanos y a media o baja altura, pero tenía mucha dificultad para llegar a balones altos y alejados. Pero estos últimos años nos hemos cansado de ver paradas de Ter Stegen arriba y lejos. Paradas perfectas para guardar en foto como una que recuerdo en San Mamés. Bajo mi punto de vista, esto ha venido propiciado por esa reducción de la anchura del apoyo. Cuando estás muy abierto tienes que hacer una fuerza enorme para poder llegar en diagonal arriba, y normalmente para los balones difíciles no te da. Sin embargo, teniendo un apoyo un poco más cerrado, más equilibrado, puedes seguir llegando abajo pero también aumentas tu capacidad para llegar arriba.

  • ¿También dejando de dar esos saltitos tan típicos de los porteros antes de recibir el disparo? Es otra de las características que tenía Ter Stegen cuando llegó al Barça y que poco a poco ha ido puliendo.

Sin duda. Si nos ves a los porteros de mi época, yo incluido, nos verás haciendo esos saltitos lo más cortos posibles y con mucha rapidez. Había porteros que esos saltos los hacían en un momento muy próximo al disparo del delantero, y eso puede ser un problema porque hasta que no estás bien apoyado en el suelo no puedes empezar a reaccionar. Muchas veces nos pasaba que todavía estábamos en el aire cuando el rival ya había chutado. La pelota te pasaba cerca, pero no llegabas porque habías tardado demasiado en poder apoyarte. Es verdad que Marc ha acortado mucho ese timming. De hecho, él ya apenas hace esos saltitos y juega más apoyado en las punteras.

  • Te escuché en una entrevista que si hoy fueras preparador de porteros entrenarías más el despeje que el bloqueo. ¿Se está perdiendo el arte de blocar el balón?

El fútbol es un espectáculo y lo que llama más la atención son los goles, y por eso se han tomado decisiones para que haya más goles. Muchas de las normas que se han cambiado han tenido esa intención. Los porteros estamos para joder el espectáculo. Para mí lo que está ocurriendo no es un tema de destreza o de capacidad de los porteros, sino que creo que han mejorado las capacidades físicas de los futbolistas. Se ha incrementado mucho la velocidad del balón y la cantidad de jugadores capaces de darle esa velocidad. Yo era un portero pequeño y valiente, de los que se equivocan más por salir que por quedarse debajo de los palos, pero el recuerdo que tengo es que los balones aéreos que cazaba en mi época eran balones mucho más bombeados y que tenía más tiempo para poder salir a por ellos. Eran balones que no tenían nada que ver con los de ahora. Creo que el dominio del área se está perdiendo por la propia evolución del juego. Por el tipo de balón que ahora te meten los delanteros y también por el peso de la pelota. Los de ahora son balones que hacen más estaños, en parte por la velocidad y en parte por los materiales que utilizan.

Por eso, de la misma forma que hace quince años traté de potenciar el blocaje de Victor Valdés, porque para mí era una de sus mayores virtudes, hoy quizá lo potenciaría menos porque al final tienes que trabajar en relación al tipo de situaciones que se van a dar en los partidos. Si por la dificultad, por la evolución del juego o por las razones que sean sientes que hay mucha mas dificultad para poder blocar, le tienes que dar menos tiempo. Y, sin embargo, tienes que mejorar el tipo de despeje que haces. Seguramente lo que haría ahora mismo seria pasar mucho tiempo trabajando en la calidad del despeje, porque en número de situaciones se va a dar mucho más que los dos o tres balones que vas a poder blocar en cada partido. En el caso de Víctor, él tenía a Cañizares como referencia porque eran dos porteros que blocaban mucho balón. Quizá han sido los dos últimos en hacerlo tanto, por sus características pero también por la evolución que ha tenido el fútbol.

  • Los centrales con los que conviven los porteros son muy diferentes a los de tu época.

Sin duda. Son centrales a los que no solo hemos pedido más cosas en el aspecto ofensivo, sino que también en defensa tienen que actuar diferente. Les pides que jueguen casi en campo rival, sin miedo a estar a cincuenta o sesenta metros de su portero, que estén atentos a las vigilancias y que sean efectivos en la presión tras pérdida. Tengo un amigo que me dice que últimamente está teniendo problemas para encontrar defensas que sepan defender. Quizá por darle tanta importancia a ciertos aspectos del juego de los centrales hemos olvidado otros que también son fundamentales. Un defensa tiene que defender, por eso está más cerca de nuestra portería que los demás. Pero la gran dificultad de los entrenadores es la falta de tiempo. No solo porque necesiten resultados inmediatos para mantenerse en el puesto, sino también para poder entrenar. Uno pueda ser muy talentoso en defensa pero si en el día a día no lo trabaja y está siempre practicando juegos de posición, seguramente será bueno en la transición pero difícilmente dominará aspectos defensivos más analíticos como la forma de marcar, de posicionarse, de salir o de perfilarse. Si te centras exclusivamente en trabajar el aspecto ofensivo, está claro que vas a tener unas carencias defensivas.

Es muy difícil encontrar jugadores que dominen todos los conceptos del juego. Normalmente encuentras gente muy buena defensivamente o gente muy buena ofensivamente. Y se necesitan las dos. Alguna vez he oído eso de que si haces un juego combinativo estás exento de correr. Eso no es así. Si haces un juego combinativo seguramente estarás exento de correr distancias largas y hacia tu portería porque podrás presionar en campo contrario, pero si la pelota te supera tienes que ir a toda hostia detrás del balón. Probablemente en España nos hayamos centrado mucho en la capacidad de los centrales para jugar el balón. ¿Cómo quién quieren ser los centrales? Como Piqué o como Sergio Ramos, que es verdad que saben hacer de todo, pero los dos son centrales muy capaces con la pelota. Es normal. Cuando empiezas a jugar al fútbol lo que te divierte es tener el balón y marcar goles. Es después cuando le encuentras el gusto a que no te los marquen, a recuperar la pelota y a defenderte, pero lo primero que quieres es el balón. Es la esencia del juego.

  • Quienes también han cambiado son los delanteros rivales. ¿Eso provoca que los porteros actuales tengan que hacer otro tipo de paradas?

Lo que es la parada final seguramente no difiere demasiado. El espacio donde te rematan es el mismo. Pero lo que sí ha cambiado para los porteros es todo lo que pasa antes de ese remate final. No puedes estar quieto pensando en el momento en que el rival te va a rematar, sino que tienes que estar moviéndote en relación a cada acción del juego. Cuando trabajé como entrenador de porteros, una cosa que tuve clara es que tenía que analizar el tipo de situaciones que le generaban a mi equipo. Por ejemplo, recuerdo que cuando trabajé con Víctor Valdés a él le gustaba mucho salir por arriba y disfrutaba trabajándolo mucho en los entrenamientos. Yo quise cambiarle esa idea, aunque al principio me costara. Le explicaba que por nuestra forma de jugar íbamos a dominar un porcentaje muy alto de partidos, y que el tipo de situaciones que nos íbamos a encontrar eran otras. Las tenía contabilizadas: situaciones de transición en inferioridad o, como mucho, en igualdad, y sin muchos jugadores. Y también situaciones de balones que llegaban a la línea de fondo pero no para poner un centro desde el córner o la banda, sino para dar un pase atrás. El típico de Jordi Alba, recibiendo casi dentro del área y dando el pase entre el portero y el primer defensor, o hacia el punto de penalti. A Víctor le decía que íbamos a trabajar todo tipo de situaciones, pero que sobre todo debíamos enfocarnos en lo que nos encontrábamos en los partidos más a menudo, debido a las características de los rivales y a nuestra forma de jugar.

  • Cuando volviste al Barça con Luis Enrique ya no lo hiciste como preparador de porteros sino como segundo entrenador. Y con mucho peso en las jugadas de estrategia. ¿Cuál era el secreto para que un equipo sin demasiada altura rindiera en esas situaciones?

Cuando estuve como segundo entrenador lo que hacía en relación al preparador de porteros era lo que me gustaba que hicieran conmigo: dejar trabajar. A no ser que De la Fuente viniera y me hiciera cualquier pregunta, que entonces sí que entraba. Otra cosa era cuando hablábamos de conceptos colectivos como un inicio, una progresión o una continuidad en el juego. Ahí evidentemente yo tenía que entrar como segundo entrenador, pero en el aspecto específico de los porteros hice exactamente lo que yo quería cuando estaba en el mismo lugar.

En cuanto a la estrategia, es verdad que fuimos eficientes tanto en la ofensiva como en la defensiva. Marcamos goles y, sobre todo, generamos ocasiones de peligro. El otro día estaba viendo la final de Berlín contra la Juventus y hay un córner sobre el minuto veinticinco en el que está a punto de marcar Jordi Alba. Le generamos un aclarado para que rematara solo.

Para preparar las jugadas de estrategia analizaba las características de nuestros jugadores y de los rivales a los que nos íbamos a enfrentar. En defensa, lo que intentábamos transmitir era una idea que aprendí de Frank Rijkaard. Él decía que el mejor defensor que había tenido en el balón parado era un jugador de la selección de Países Bajos que era el más pequeño del equipo. La clave es jugar con el timming del rival. Los jugadores suelen estar demasiado preocupados por despejar la pelota, pero a veces solo necesitas que el rival no remate. Si no tienes tanta altura, tienes que ser listo para incomodar a tu par y controlar las zonas donde sabes que va a ir. Si conoces las características de los rivales, puedes transmitirle a los jugadores lo que requiere cada marca. Le dábamos muchas vueltas a quién se encargaría de cada marcaje. En la estrategia defensiva no es solo un tema de altura, sino también de inteligencia. De saber que no necesitas despejar si consigues que el rival no remate.

También tuve la fortuna de coincidir esos años con Gerard Piqué, que tiene una capacidad enorme para llegar al balón desde la zona. Tiene más dificultades para despejar la pelota si le das una marca, pero si le dejas ese papel que tenía con nosotros defendiendo la zona en medio de la portería, es como un imán. Además de Gerard, habitualmente poníamos a Luis Suárez en el primer palo, que también era muy eficiente en ese tipo de trabajo. En la defensa mixta que hacíamos, tener a dos jugadores de este nivel nos ayudaba muchísimo. A partir de ahí eran los detalles y la información que le dabas a cada jugador sobre cómo se movía el rival al que iba a marcar.

En el aspecto ofensivo seguí la misma idea de aprovechar las características de nuestros jugadores. Normalmente teníamos a tres o cuatro pequeños, con una capacidad brutal para sacar en corto y generar peligro, y muchas veces la amenaza de esos cuatro jugadores por fuera lo que hacía era sacar rivales de la zona de remate donde estaban Suárez, Piqué y compañía. No teníamos muchos rematadores, pero si los que teníamos no estaban rodeados por nueve o diez rivales sino únicamente por seis, entendía que tendríamos más opciones de rematar.

  • Fue la época en que Leo Messi volvió a la banda para jugar con Luis Suárez como delantero centro.

El tiempo te acaba poniendo en tu lugar. Lo que pasó es que nos fuimos dando cuenta, empezando por el propio Messi que es el mejor porque es el más inteligente y el que mejor lo capta todo, de que las capacidades de Suárez le iban a ayudar mucho si Luis estaba en el centro y Leo flotaba en ese falso extremo que a veces iba por fuera y a veces por dentro. Él fue el primero en captarlo, incluso antes de que Suárez pudiera jugar. Luego, cuando Luis pudo empezar a competir, Leo se echó un poco más a banda de forma natural.

Lo que hacía Suárez era fijarle a los dos centrales. En el rol de falso nueve a veces ya no era tan sencillo como al inicio, porque los rivales ya habían perdido el miedo y lo fijaban con los centrales y retrasando la posición de uno de los pivotes. Fue cuando se dio cuenta de que con Luis tenía un compañero que era capaz de sujetar a los dos centrales, y que él así iba a tener más opciones. Y así fue. La primera clave era tener a jugadores de ese nivel, que son los que te dan la posibilidad de conseguir logros como los que se consiguieron, pero también fue muy importante que en aquel tridente los tres estuvieran convencidos de que juntos eran más fuertes y podían ganar más. Al principio había dudas, porque el Barça ya tenía un gallo en el gallinero y pasábamos a tener tres. El propio Johan Cruyff lo había comentado. Pero lo bueno fue que siendo tres muy buenos jugadores, todos tenían muy claro quien era el crack.

 

* Tras el cambio de normativa en 1992 los guardametas ya no podían recoger con las manos el pase de un compañero sin que el árbitro castigara la acción con un tiro libre indirecto.

 

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