Lamine no tiene recuerdos
El Barça regresó a la Champions League de la misma manera en que se despidió de ella: jugando con uno menos. El análisis de su partido ante el Mónaco de Adi Hütter debe empezarse poniendo sobre la mesa el hecho de que desde el minuto diez vivió en inferioridad numérica, pues buena parte de lo que ocurrió después en el encuentro tuvo que ver con ello. Para empezar, y antes de reparar en lo estrictamente futbolístico, es necesario decir que la respuesta anímica del equipo a la expulsión de Eric no fue la deseada, pues a la roja le siguió un largo tramo de nerviosismo, imprecisión e inseguridad que sólo se interrumpió en las botas de Lamine Yamal antes de llegar al descanso. En líneas generales, el equipo no naturalizó el golpe, sino que sobrerreaccionó ante él, quizá mezcla entre la inexperiencia de varias de sus piezas y el nerviosismo que tras la jugada de la expulsión transmitió su capitán y guardameta. Marc André ter Stegen es el único jugador de la plantilla azulgrana que sufrió en sus carnes todos y cada uno de los sucesos traumáticos que marcaron el fin de una generación: las remontadas de Roma y Liverpool y la goleada del Bayern Múnich.
Es el último superviviente o, mejor dicho, la última víctima de aquellos fantasmas. Un futbolista con mucha carga en la mochila, que con su error pareció recordarle a sus jóvenes compañeros un fatalismo europeo que en realidad no deberían sentir ni propio ni cercano. Porque no lo es. El Ter Stegen que se mostró inseguro en las salidas por alto a partir del minuto diez, desacertado en el pase y precipitado en la acción del segundo gol es un guardameta con demasiados recuerdos. Lamine Yamal tiene muy pocos. El canterano nació al fútbol, como quien dice, anteayer, esquivó «la foto» de la eliminación ante el PSG siendo el sacrificado tras la expulsión de Araújo, y este verano ha guiado a su selección a la victoria en la Eurocopa siendo uno de sus puntales. Lamine, por ahora, no tiene traumas, sólo ilusiones y posibilidades. Tantas como su talento y personalidad son capaces de aproximar. En un Barça herido y desnortado tras quedarse con diez y verse por detrás en el marcador, él fue quien ejerció el papel de rescatador a pesar de que el contexto futbolístico, especialmente en el primer tiempo, no le fuera amable.
El Barça de Hansi Flick ha cambiado la manera de llegar hasta Lamine. Por regla general, su plan principal para hacerlo ya no pasa por una salida de tres que vista a Koundé como tercer central y mediante la cual conectar el envío del francés con el canterano, sino que se relaciona más con la capacidad de fijar por dentro a partir de las combinaciones del mediocampo antes de abrir a banda. Resumiendo: Cubarsí, Pedri, Olmo y Lewandowski conectan en el carril central y vuelcan al rival hacia dentro de modo que cuando el esférico sale a banda lo haga con ventaja para Lamine. Anoche ocurrió que, con diez, el Barça perdió un centrocampista y, por lo tanto, opciones para lograr ese mismo peso en su juego interior. Pedri y Casadó formaron pareja en la medular, Raphinha se abrió más que de costumbre a la banda para emplearse cerca de Balde, y Lewandowski trabajando solo entre líneas no alcanzó para que el equipo progresara por dentro. Con uno menos, además, los culers tampoco pudieron presionar con la misma eficacia, lo que los obligó a defenderse más cerca de su propia área y a empezar los ataques más lejos del portero contrario.
Cabe decir, sin embargo, que en el descanso Flick acertó ajustando al equipo para que su inicio del segundo tiempo resultara más prometedor. Optó por intercambiar los perfiles de Pedri y Casadó, pasando el canario a la derecha y el catalán a la izquierda, pudiendo juntar, de este modo, en el mismo lado del campo a Cubarsí, Koundé, Pedri y Lamine. Así acercó calidad asociativa al extremo para que el equipo ganara opciones de progresar y descansar a través de la posesión, así inclinó al Mónaco hacia una de las orillas, y así posibilitó que cuando el esférico llegara al lado contrario Raphinha y Casadó lo recibieran con más libertad. El primero para conducir o para atacar espacios, y el segundo para administrar el lado débil del juego alargando la jugada, lanzando al delantero o ejerciendo como punto de apoyo para la circulación. No fue suficiente ni para volver a ver portería ni para evitar un segundo gol de los locales, pero sí para competir desde la inferioridad mejor que en el primer tiempo.
– Foto: Eric Alonso/Getty Images
Patrafisic 21 septiembre, 2024
En general, desde este inicio de temporada, se está viendo que Flick sabe leer los partidos y que sabe tocar las teclas en el descanso. Sumando la profesionalidad que transmite, tanto él como su staff, da la sensación de que el banquillo está en buenas manos. Por desgracia, todo esto hace quedar en evidencia al entrenador anterior. Son cosas evidentes y creo que no hace falta hablarlo más, porque no apetece hacer sangre de una leyenda del club.
Respecto al partido de Champions, de inicio ya llegamos muy condicionados por la baja de Olmo, que ha sido un jarro de agua fría tremendo. Pasar de dos jugadores creativos en la medular a uno ya nos restaba potencial ofensivo de saque. Aún y así, lo que podría haber sido nunca lo sabremos, porque la expulsión fue determinante.
Entre las cosas buenas, a pesar de parecer que el Mónaco tenía que ir marcando goles con el paso de los minutos y la acumulación de cansancio en las piernas azulgrana, no solo logramos empatar, sino que durante unos minutos los monegascos sintieron el miedo en el cuerpo. Al final, la lógica se impuso y perdimos el partido, pero la posibilidad del empate se mantuvo mucho más tiempo del esperado.
Respecto del error, también poco que decir. Qué haces? ¿te cabreas con tu portero, que es ideal para tu equipo justamente por el buen juego de pies que tiene? ¿Le castigas con la suplencia con el riesgo de hundirlo en la miseria? Creo que lo más lógico es tener una charla en privado con él durante la semana, para hablarlo de forma serena y aclarar que, en Europa, los errores cuestan eliminaciones.
Sobre Lamine, veo tres escenarios ante él: en el primero, se lesiona, se le interrumpe la progresión y vete a saber como regresa (hace un Ansu Fati). En el segundo, la cabeza no le procesa correctamente todo lo que está viviendo y se frena su marcha meteórica. En el tercer escenario (el escenario que espero y deseo), Lamine va camino de convertirse en un crack mundial consolidado (este inicio de temporada sus números e intangibles ya lo son, pero claro, para ser un crack mundial hace falta constancia en el rendimiento).
Tiene la técnica y tiene las condiciones físicas. Pero lo que sorprende y casi asusta, es su toma de decisiones.