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El castigo por no entender

El castigo por no entender

En el fútbol, como en cualquier otro ámbito de la vida, no es posible aplicar soluciones si previamente no se ha acertado diagnosticando el problema. Sin saber qué falla, de qué manera falla y por qué falla. Saberlo no es garantía para solventarlo, ya que eso requiere dar con el remedio oportuno, pero es el primer paso imprescindible cuando se pretende enfrentar una dificultad. Entender qué ocurre para poder decidir cuál es la receta más indicada. En este sentido, el FC Barcelona, también a nivel deportivo, parece vivir en un limbo permanente. En un tiempo sostenido. En una parálisis analítica que dura ya varias temporadas, y en la que su incapacidad para leer el contexto en el que se enmarcan sus déficits competitivos lo condenan, año a año, a lanzar soluciones al aire que caen sobre el vacío. No entiende su propia realidad ni la del escenario competitivo actual en el que se inscribe. No tiene respuestas porque no descubre a qué preguntas se enfrenta. Su problema no tiene que ver con llevar mejores o peores argumentos a la discusión, sino con que, sin entender el idioma en el que se discute, no puede ni utilizar los propios ni comprender los ajenos. De un tiempo a esta parte, también a nivel deportivo, el Barça es un equipo sordo. Incapaz de asimilar la información que el fútbol, año a año y cada vez de forma más clara y contundente, le lanza sin disimulo alguno.

– No entender la contemporaneidad:

El fútbol es un deporte de confrontación, cuya naturaleza tiene que ver con la oposición de un adversario. Ningún fenómeno ocurre fuera de esa dialéctica. Ser mejor significa ser mejor que otros. Ganar es ganar a alguien. Por eso, en la búsqueda del éxito siempre ha resultado fundamental entender el momento futbolístico en el que se compite, tanto si se apuesta por seguir sus normas como si se prefiere transgredirlas aprovechándose de sus flaquezas. El fútbol evoluciona muy rápido. Hoy, probablemente, más rápido que nunca. El alcance global, la profesionalización de todos los procesos y la disponibilidad de nuevas herramientas permiten un estudio y un desarrollo mucho más acelerado que en otras épocas.

A lo largo de esta década, el fútbol está viviendo un proceso de cambio permanente, primero como resultado de la revolución que supusieron el Barça de Guardiola a nivel de clubs y la selección española a nivel de selecciones, y a continuación debido a la forma en que el fútbol se adaptó a esta revolución. El Barça, sin embargo, también deportivamente, es un equipo inadaptado a su propia contemporaneidad. Causante en el pasado más o menos reciente de buena parte de los cambios que actualmente definen el marco competitivo global, hoy discurre ajeno a su contexto. Ni lo sigue ni lo responde. Ni ha incorporado las novedades del nuevo fútbol ni trata de doblegarlas. Compite en otro tiempo, contra rivales que ya no existen, y pierde, en un fútbol que ya no entiende, por motivos diferentes por los que pierden los demás.

– No entender la era de la presión:

Como consecuencia de un fútbol que, bien por imitación o bien por hallar verdaderas ventajas en ello, popularizó la búsqueda de una salida controlada y paciente desde el inicio de la jugada, el juego de los últimos años viene irremediablemente marcado por las presiones adelantadas. Es el signo que más distingue la era actual, tanto por lo que los equipos proponen como por la forma que tiene de condicionar el resto de fases y procesos que encierran los partidos.

Los sistemas de presión adelantada lo están cambiando todo, hasta el punto de protagonizar varias de las novedades más reseñables tanto por lo que respecta a los perfiles de los jugadores como a los roles que éstos desempeñan. La búsqueda de nuevos espacios en los primeros escalones y el acercamiento de determinados futbolistas a las zonas donde todavía hay aire que respirar, el desarrollo de los porteros con el balón fuera de su área, la búsqueda de alejados o de referencias a la espalda de la presión, son hoy mecanismos tan importantes a la hora de construir en ventaja como la capacidad técnica y en el pase de los encargados de dar salida al juego. Salir no sólo tiene que ver con la aptitud de los retrasados, sino que la efectividad de los sistemas de presión demanda una movilización total y colectiva. Así se explica que el Barça, con Marc-André ter Stegen, Piqué, Lenglet, Sergio Busquets o De Jong como protagonistas de la salida, no sólo no edifique en su inicio de la jugada una de sus superioridades más marcadas, sino que, de forma recurrente, vea a este momento del juego convertirse en uno de sus pecados más perniciosos.

En la era de la presión, donde los interiores ganan peso recibiendo a espaldas del mediocampo o revolviéndose tras recibir de espaldas, la plantilla culé no tiene demasiados medios capaces de convivir cómodamente con estos escenarios. En la era de la presión, donde los ataques hacen ancho el campo por delante del balón para que el sistema defensivo rival tenga que abrirse y separar sus piezas, alejándolas unas de las otras a la hora de presionar coordinadamente, el Barça no tiene más bandas que las que le proporcionan los laterales cuando el equipo ya ha podido cruzar la línea del mediocampo. En la era de la presión, donde la espalda de la defensa contraria es una enorme llanura en la que poder intimidar con desmarques que manden hacia atrás a los centrales y no les permitan anticipar sobre recepciones al pie en tres cuartos, la veterana delantera culé no amenaza al espacio. En un fútbol de salidas y presiones, que transcurre de fondo a fondo, el Barça no es capaz ni de ser fuerte cerca del suyo ni de llevar el partido cerca del del contrario. No tiene ni amplitud ni profundidad para salir, ni tampoco presión para no encerrarse.

– No entender la era de los laterales:

Uno de los rasgos que definen el fútbol de los últimos años es la importancia que han adquirido en ataque los laterales de los equipos. Dani Alves, Marcelo, Filipe Luis, Carvajal, Lahm, Alaba, Alexander-Arnold, Robertson, Kimmich, Alphonso Davies… unos por dentro y otros por fuera, todos representan o han representado un factor ofensivo definitivo en los éxitos de sus conjuntos. Bien lo sabe el FC Barcelona, que recientemente también ha apoyado mucho de su potencial de ataque en la participación avanzada de Jordi Alba o Sergi Roberto. El caudal ofensivo que emana hoy en día de los laterales en el fútbol europeo supone un reto nuevo para los sistemas defensivos tanto de presión como de repliegue, pues además de permitir movilizar por dentro a un mayor número de piezas que delegan en ellos la ocupación de los costados, consiguen que los equipos tengan permanentemente activado todo el ancho del campo.

A la hora de contener, pues, este hecho exige una respuesta adaptada, bien a la hora de ocupar también toda la horizontal con un número grande de efectivos repartidos en paralelo, o bien a la hora de cortar las conexiones con que los rivales llevan el balón de un lado al otro (los cambios de orientación). Frente a esta necesidad, no obstante, lo más habitual es ver al Barça replegar con una medular compuesta únicamente por cuatro futbolistas (en ocasiones tres) que cuando bascula hacia una de las orillas queda muy separada del perfil opuesto, y sin una defensa específica del pase atrás hacia el central o el mediocentro que limite las posibilidades de que estos hombres lleven la pelota de costado a costado. Hoy en día los laterales son dos delanteros más, y contra el Barça son dos delanteros sin marca.

– No entender los finales de ciclo:

Tanto el ciclo de Pep Guardiola en el banquillo del FC Barcelona como el de Luis Enrique compartieron una peculiaridad: ambos terminaron con la decisión, por parte del técnico, de poner fin a su etapa culé por iniciativa propia. Fueron ellos, los entrenadores y no el club, quienes pusieron fin a su estancia en el Camp Nou. Probablemente por esto motivo en ambas ocasiones desde el club se leyó la decisión del técnico como una elección meramente personal, de desgaste y fatiga, optando, en consecuencia, por apuestas de continuidad a propósito del proyecto deportivo. El ciclo, se entendía, seguía vivo.

Lo cierto es que, sin embargo, en los dos casos, la temporada previa al adiós del entrenador el equipo había dejado ver la necesidad de una intervención. En el caso del Barça de Guardiola por el menoscabo del sistema que giraba entorno a un Xavi Hernández más veterano y castigado por los problemas físicos, y en el caso del de Lucho por el deterioro del engranaje de una MSN que veía cambiar a un Luis Suárez ya más veterano y a un Neymar ya más maduro. Así, si después del adiós de Guardiola el Barça tardaría dos años en dar por terminado el equipo que construyó el de Santpedor, tras el de Luis Enrique son ya tres los veranos en los que, sacudida por la salida de Neymar mediante, el conjunto culé no ha inaugurado un nuevo ciclo con nuevas jerarquías, nuevos roles, nuevas pautas y nuevos porqués. Al Barça de Guardiola finalmente lo sustituyó el de la MSN, pero al Barça de la MSN, aún habiendo perdido a una de las tres letras, todavía no lo ha sustituido otro. Sigue siendo el mismo equipo, aunque ese equipo ya no exista.

– No entender el ritmo:

Puesto que deporte, el fútbol es una actividad en la que el componente físico adquiere una relevancia muy notable. De no ser así, los grandes futbolistas no se retirarían, se jubilarían. Ocurre que a propósito del debate acerca del físico en el fútbol se suele desviar el enfoque no hacia la obvia importancia del físico, sino hacia la supuesta existencia de unas cualidades físicas estándares consideradas superiores. Se tiende a considerar que el más alto, más rápido o más fuerte es mejor físicamente. En realidad, lo ventajoso o no de unas determinadas características físicas tiene que ver con el juego que con ellas debe expresar un futbolista. Hombres aparentemente débiles y livianos como Neymar, por ejemplo, esconden en su ligereza y elasticidad una de sus armas más letales, pues su juego explota esas virtudes más que otras relacionadas con el choque o la disputa. Igualmente a futbolistas como Iniesta o Xavi Hernández nunca les faltó un centímetro de altura ni les sobró un gramo de su poderoso tren inferior para imponer su juego. Que el cuerpo perfecto sea diferente en cada caso, pues, no permite hablar del físico en el fútbol como un todo. Tampoco como un nada.

El físico perfecto siempre tiene que ver con la adaptación a las características del futbolista y del juego, y a la relación que se establece entre ambas partes. En este sentido, que la falta de renovación en el ciclo azulgrana haya dado como resultado la acumulación de piezas veteranas sin relevos, y el hecho de que el declive físico de alguna de estas piezas sí determine las posibilidades futbolísticas de las mismas en relación al tipo de juego que las define, le viene suponiendo al Barça un déficit competitivo de base en la élite. En primer lugar porque, condenado muchas veces a batallas individuales por los problemas colectivos que arrastra, la superior calidad de algunos de sus hombres no siempre puede cobrarse las ventajas conseguidas porque por falta de ritmo permite al rival corregir sobre la batalla previamente perdida. En segundo lugar, también, porque sus limitaciones rítmicas le obligan a buscar desarrollar un juego muy lento con la intención de rebajarle las revoluciones al encuentro, una voluntad que rara vez logra su objetivo y que ante la negativa del contrario a la hora de asumir la cadencia barcelonista convierte el duelo en un choque de intensidades muy desfavorable para el Barça.

– No entender a Leo Messi:

Tener a Leo Messi en tu equipo muchas veces genera la sensación de cuenta atrás. De considerar cada título no conquistado como una oportunidad perdida. Quizá es por eso que en el Barça, como en Argentina, hace tiempo que en la forma de mirar a la construcción del equipo impera el corto plazo, como si año a año el conjunto culé afrontara «el último año de Leo», impidiendo cualquier posibilidad de evolución y continuidad entre ellos. Cada nueva temporada es un nuevo intento, independiente de la anterior y sin conexión con la que le seguirá. Así las cosas, a lo largo de los últimos cursos los azulgranas no han sido capaces de construir y sentar las bases de un proyecto, reduciendo mucho las opciones de dar forma a procesos más duraderos. Más que equipos, el Barça ha formado momentos. A menudo ha contado para ello con el propio factor Messi como camuflaje de mecanismos incompletos, siendo Leo, en cada instante, el atajo por el que recorrer trayectos que sin él cabría buscar en elaboraciones más corales. Messi ha sido el mediocampo cuando éste ha faltado, el impacto de tres carriles cuando sólo ha habido uno, o el inventor de perfiles y demarcaciones que la plantilla no ofrecía. Y como todo ha transcurrido con aroma a última llamada, la forma de acompañar al 10 ha respondido, también, a una visión de inmediatez.

Sucede que como «el último año de Leo» no ha sido tal, sino la suma de unos cuantos, lo que antaño era inmediatez ahora ya es pasado. Messi tiene treinta y tres años, y el tipo de socio que antes lo potenciaba porque compartían momento y virtudes, hoy le supone un desgaste porque le subraya los límites. Ya no se le potencia igual porque es un futbolista que ha cambiado, del mismo modo que tampoco con veintiséis años Leo era el mismo jugador que fue a los diecinueve. El reto principal a la hora de dirigir y gestionar a los mejores es ser capaz de seguirles el paso. De saber leerlos, quitarles límites y darles aquello que más puede potenciar su juego. De entender qué futbolistas son y qué necesitan para serlo en su mejor versión.

– Foto: RAFAEL MARCHANTE/POOL/AFP via Getty Images

 

Comments:5
  • Raúl Arturo Córdova Girón 15 agosto, 2020

    Más que opinar, agradecer por lo que abona a comprender cómo el fútbol está siempre en evolución, siempre cambiando.

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  • David 15 agosto, 2020

    Excelente análisis. Leía esta tarde que Messi solo ha ganado una Champions desde los 24 a los 33 años, y me resultaba difícil de creer, pero así es. Mucha curiosidad por ver cómo entenderemos esto, con perspectiva, dentro de unos 15-20 años.

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  • Daniel 16 agosto, 2020

    Excelente articulo, explica este momento del club y tambien aplica a la vida en general.

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  • Iniesta10 19 agosto, 2020

    Albert, el análisis es muy completo. La situación actual del Barça tiene que ver con la falta de intensidad, con la falta de profundidad, con la falta de amplitud, y, en mi opinión, por una pésica planificación practicada desde hace algunos años: Fichajes caros e innecesarios (Griezman), falta de fichajes en alguna posición (suplente de Busquets, de Suárez, etc).

    Me quiero volver a ilusionar con Koeman, creo que entiende a de Jong, y que está haciendo un buen futbol con la selección holandesa. Pero lo que creo que necesita de verdad este club son unas elecciones. Creo que esta directiva no está capacitada para mejorar este equipo. Como decía el gran Johan Cruyff: «Si no entendían porqué ganábamos, como van a entender porqué perdemos?»

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  • Tienda Running 5 septiembre, 2020

    Llego un poco tarde a esto, justo cuando Messi «ha decidido» quedarse. El Barça necesita un cambio desde la directiva para que funcione. Dejar fuera a empresarios y que entren futbolistas, pero no Kluivert o Abidal. Jugadores como Puyol, Xavi, Valdés y otros que entienden y han mamado el Barça desde pequeños.

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