
No obstante, como ya comentamos en verano, antes de que el equipo volviese al trabajo, el principal obstáculo que podía encontrarse el Barça de esta temporada a nivel psicológico, era el de equivocar sus objetivos. Nos referimos entonces, a la oposición entre hacer y conseguir para marcar la diferencia entre el trabajo y el motivo de este trabajo. El motivo –la victoria- debe ser siempre aquello que empuje a los jugadores a seguir mejorando, la recompensa a los sacrificios realizados a lo largo de la temporada, pero el objetivo directo del futbolista debe ser el juego. De nada servirá concentrarse en la victoria, pues lo realmente útil es hacerlo en aquello que debe posibilitarla, el juego.
Resulta esclarecedor en este sentido la poca adaptación de los tres nuevos fichajes al equipo. Tanto Ibrahimović, Maxwell como Chygrynskiy son futbolistas que llegaban para aportar cosas diferentes a un equipo ya formado, pero para que esto suceda, es necesario el trabajo alrededor del juego para que, progresivamente, las piezas se vayan adaptando al colectivo. En este sentido, quizás con la excepción de Ibra que ha “sobrevivido” gracias a su extraordinaria calidad individual, el juego del equipo ha ayudado muy poco a no desnudar a los nuevos. En el Barça de la temporada pasada, Chygrynskiy apenas se hubiese tenido que enfrentar a espacios abiertos que evidenciaran su lentitud y poca agresividad en el balón dividido, del mismo modo que no tuvo que hacerlo Rafa Márquez. Tampoco Maxwell sería exigido en situaciones de uno contra uno en defensa, como no lo fue Silvinho ante el Manchester United en la final de Roma en la que desfilaron por su zona futbolistas como Park, Rooney, Cristiano Ronaldo o Tévez.
Es el momento, pues, de revertir una dinámica que amenaza con tornarse peligrosa –de hecho, si no fuese por la última derrota del Madrid en Pamplona que permitió a los de Guardiola seguir como líderes, ya lo sería- ya que faltan todavía muchos meses hasta que se decidan los títulos. Además, el afortunado sorteo de Champions dará al Barça aún más tiempo para centrase en su crecimiento futbolístico y retrasar la fase competitiva.
