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diciembre 2010

Tras un inicio irregular, dubitativo en lo futbolístico y saldado con algún mal resultado inesperado, el Barça de Guardiola parece haber alcanzado velocidad de crucero. No es cuestión únicamente de resultados, sino que a nivel de juego, no sería aventurado afirmar que éste es el mejor momento del equipo desde la llegada del técnico al banquillo. A este Barça parece que no pueda resistírsele ningún record ni rival. Al comienzo de temporada se venció al Atlético de Madrid en el Calderón, el único rival al que el equipo de Guardiola no se había impuesto en Liga, y este fin de semana, contra el Espanyol, le espera su segunda gran prueba. No nos referimos tanto al rival como al escenario. Tampoco al marcador. Se trata de control, de mandar sobre el partido, eso que este Barça es capaz de lograr prácticamente siempre y ante cualquier adversario, salvo una excepción, cuando les puede lo emocional. Sucedió en el primer Barça-Madrid de la temporada del triplete, en la vuelta ante el Inter...o en los partidos contra el Espanyol.

En nuestro primer análisis de lo que dio de si el Barça-Madrid del día 29 dejamos fuera del mismo a Xavi, Iniesta y Messi. Argumentamos que su extraordinaria actuación merecía un espacio propio, y qué mejor momento para dedicárselo que el día en que los tres han sido designados como los finalistas del próximo Balón de Oro. Este tipo de premios tienen el valor que tienen, que es poco, pero no deja de ser un gran motivo de orgullo que junto a los nombres históricos de Di Stefano, Best, Beckenbauer, Cruyff, Platini, Van Basten o Zidane, hoy estén los de los tres canteranos culés. Uno catalán, otro de Albacete y otro argentino, los tres de generaciones distintas, representan un estilo, una marca, una manera de entender el fútbol. Ni mejor ni peor que las demás, pero la propia del Barça. Y de la misma manera que no hay mejor manera de hablar del Barça-Madrid que refiriéndose a estos tres futbolistas, el mejor reconocimiento a Iniesta, Messi y Xavi, seguramente sea recordar su memorable actuación en el gran clásico del pasado lunes.

La primera sorpresa se dio antes del pitido inicial. Cristiano Ronaldo, que venía jugando en banda izquierda y siendo su sociedad con Marcelo y Alonso la clave ofensiva del Madrid, se situaba en banda derecha. Es difícil adivinar el motivo, más teniendo en cuenta que como el desarrollo del partido demuestra, la apuesta no tuvo el éxito que Mourinho esperaba. Quizás fue por la entrada en el once de Benzema en lugar de Higuaín, pues el francés, a diferencia del Pipita tiende a caer sobre el perfil zurdo. Tal vez la función de Ronaldo en banda derecha era la de defender el presumible desequilibrio Iniesta-Khedira obligando al de Fuentealbilla a correr hacia atrás en defensa para apoyar a su lateral. También es probable, y desde En un momento dado nos decantaríamos por esta opción, que el técnico portugués buscase reforzar su banda izquierda en defensa para hacer frente al binomio Xavi-Alves y permitir, a la vez, que Alonso guardase una posición más centrada para trabajar sobre Messi. Desde el banquillo, y antes de que el árbitro ordenara el saque inicial, Guardiola y su cuerpo técnico se percataron de esta nueva posición de Cristiano Ronaldo, indicando a sus jugadores un intercambio de posiciones que nos permitió resolver una de las dudas sobre el planteamiento culé apuntadas en la previa. Puyol era el central que debía caer sobre el perfil de Ronaldo, y así, como sucediera la temporada pasada en el Bernabéu, plantear un "doble lateral" para defender al portugués. Cabe la opción que el planteamiento de Guardiola, más que acercar a Puyol a Ronaldo, fuera el de alejar de él a Piqué para que así la salida del balón del Barça se desarrollara por el lado apuesto a las contras blancas, algo apuntado en la tercera parte de nuestro análisis previo y con lo que se conseguiría disminuir la peligrosidad del contraataque -si este transcurre lejos de Ronaldo- o aumentar su lentitud -si el Madrid quería llevar el balón a la derecha después de recuperar en la izquierda-.