Una cara nueva en un escenario repetido

Una cara nueva en un escenario repetido

neymarNo hace tanto tiempo -apenas unos meses- cuando el rival se encerraba, al Barça le costaba un mundo generar ocasiones de gol con relativa constancia. No se requería en frente al Atlético de Simeone, pues con un contrincante más modesto bastaba. No hay duda de que el Barça de Luis Enrique está ideado para atacar en escenarios más abiertos, pero tras una previa no demasiado alentadora ante el APOEL, contra el Levante las sensaciones fueron bastante más positivas. Antes de que el penalti y expulsión de Vyntra finiquitara el partido, el Barça había pisado área e intentado el disparo en hasta nueve ocasiones (que al final del partido serían 17). Cuatro de esas nueve oportunidades, en las botas de Neymar Jr.

El brasileño, como el miércoles, fue el azulgrana que más produjo. No paró. Recibió dentro y fuera, aguantó balón, desequilibró, combinó y la pidió al espacio. Por su lado vino la profundidad y el peligro, en parte porque esta vez tuvo más aliados que en Champions. Jordi Alba fijó abierto y amenazó entrando al espacio sin balón, mientras Iniesta, lateralizando en ataque y esperando el pase por detrás de la línea de presión del Levante, separó al interior derecho granota de su mediocentro, haciendo aparecer, así, un espacio bien para que Neymar recibiera, bien para que el brasileño sacara al central de la línea y después le lanzara el desmarque a su espalda.

Y si de las recepciones de los delanteros hablamos, hay que hacerlo también de las de Leo Messi. Por lo visto en este inicio de curso, el nuevo esquema que plantea el conjunto de Luis Enrique le permite a Leo recibir de cara con más o menos comodidad. En todos los partidos disputados hasta ahora lo ha hecho. Ante rivales más abiertos o menos, ante defensas adelantadas o replegadas. Cierto que en ocasiones fueron algo más retrasadas de lo deseado y que el equipo a menudo necesita mucho de ellas para salir, pero fueron de cara y produjeron. El gol de Neymar, por ejemplo. Que Messi esté recibiendo con relativa facilidad se explica porque por delante tiene a dos futbolistas que, cerrados, le fijan la posible salida de los centrales, y porque esos dos compañeros, además, raramente juegan en paralelo. Tanto con Munir como anoche sin un nueve de escuela en el once, los atacantes azulgranas se reparten tres alturas. Si sales sobre el mediapunta -Messi- se abre la zona de recepción de Neymar, y si la línea de medios permanece cerca del brasileño, Leo baja y se acomoda.

En parte porque Rakitic fija su posición atrás. Era de esperar que ante un rival más inofensivo -el único que no ha visto puerta en Primera- el croata subiera un peldaño, pero ni el Levante lo fue ni Rakitic lo hizo. Permaneció a espaldas de Dani Alves, corrió en transición y, cerca de la divisoria, agrandó la zona en la que, sobre el perfil derecho del ataque, Messi acude a recibir. Decimos que el Levante no fue inofensivo porque hasta la expulsión supo generarle peligro a un Barça que, por su parte, también estuvo acertado desbaratándolo. Las salidas de Barral, Morales y Víctor Casadesús amenazaron una transición defensiva a la que castigaban algunas pérdidas peligrosas en los compases iniciales, y en la que el francés Mathieu no estuvo demasiado acertado. No así Mascherano.

Tras quedarse con diez el Levante poco más a añadir le quedaba al partido. Llegó la sentencia momentos antes de que el árbitro pitara la media parte, y en el segundo tiempo, con escenario favorable, el Barça buscó controlar y que los goles cayeran por su propio peso. Entró Xavi muy pronto y su entrada, como novedad, desplazó a Rakitic al mediocentro, una variante que esperábamos pero que todavía no habíamos visto en este inicio de Liga. Mediocentro limpio en salida y de ventajas en el pase, también en largo buscando las esquinas del tablero.

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