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Hasta que Messi rompió el tablero

Hasta que Messi rompió el tablero

Messi_Alba_NeymarSiete días atrás, tanto Real Madrid como Atlético habían pinchado, y apenas veinticuatro horas antes de medirse al Sevilla, los jugadores del Barça ya sabían que su máximo rival se había dejado en el derbi tres puntos más en la pelea por alcanzarle. Con doce y ocho puntos de distancia, más presumiblemente ambos goles average, el camino hacia el título liguero se le allana a los de Luis Enrique justo cuando despide al mes de febrero. Quedan meses de competición que no pueden ser vacíos, pues además del campeonato regular, aguada la final de Copa y el reto de la Champions League. La comodidad de la tabla no debe convertirse en desconexión sino en la oportunidad de, manteniendo lo que ya se disfruta, incorporar recursos y alternativas al plan con el que el Barça quiere ser, de nuevo, campeón de todo. No se sabrá si debido a ello o no, para el exigente duelo ante el Sevilla de Unai Emery, Luis Enrique dio entrada en el equipo titular a cuatro futbolistas que de entrada no situaríamos en el teórico once de gala pero que vienen inmediatamente después. Cuatro que, sin lugar a dudas, para el técnico asturiano forman parte del pelotón que se disputará el metal. Mathieu como tercer central, Aleix Vidal en el lateral derecho y los polifuncionales Arda y Sergi Roberto en las plazas de interior acompañaron a los habituales titulares.

Como el Sevilla defendía la salida del Barça con Iborra al nivel de Gameiro, Busquets se situó entre centrales y mandó arriba a ambos laterales.

Como el Sevilla defendía la salida del Barça con Iborra al nivel de Gameiro, Busquets se situó entre centrales y mandó arriba a ambos laterales.

Por la parte sevillista, las novedades no llegaban en forma de caras nuevas, pues la formación que presentó Unai fue la esperada, sino que tuvieron que ver con su planteamiento. Los de Emery, ante los grandes, suelen tener un punto casi extremo de intensidad y excitación que a menudo les había jugado en contra, pero en esta ocasión, quizá con la Final en mente, el Sevilla jugó con más calma. Tocando el balón con intención y dirección en los momentos que lo tenía, destacando el francés N’Zonzi en estos tramos, y replegando ordenado y escondiendo el pie cuando el esférico correspondía a los azulgranas. Con Vicente Iborra prácticamente a la altura de Gameiro, la salida de balón del Barça afrontaba un dos para dos a la que respondió de forma casi automática situando a Busquets entre Piqué y Mathieu en el inicio. El movimiento, acompañado de la proyección simultánea de ambos laterales, supuso una beneficiosa superioridad a la hora de sacar el balón jugado que, sin embargo, cuando el mediocentro recuperaba su posición en la medular se tornaba en una igualdad numérica de la que el Sevilla supo sacar peligro al contraataque.

Más que en este dos contra dos de los centrales ante los puntas, el problema se localizaba en el ataque culé, limitado a la hora de encontrar por dentro a Roberto y a un Arda Turan todavía desorientado, y bien contenido por el Sevilla, que permitía que el balón llegara fuera hacia los pies de Alba y Vidal pero cerraba los accesos desde ahí a la mediapunta. Como ahí es donde lo esperaban Arda y Roberto, pero también Messi y Neymar, que no les llegara limpio propició que el Barça se viera forzado a afrontar la transición ataque-defensa sin que se hubiese generado la ventaja previa. Fue aquí, a la hora de defender el contraataque hispalense que se hicieron presentes los inconvenientes de la igualdad numérica de Piqué y Mathieu ante Iborra y Gameiro. Por eso, en el tiempo que fue entre el gol de Vitolo y la igualada de Messi, resultó clave la corrección que efectuaron los locales a partir de la posición de Jordi Alba. El catalán, que hasta entonces había sido el reflejo en la izquierda de Aleix Vidal, pasó a fijar más su posición, permaneciendo cercano tanto a Mathieu como a Busquets y convirtiéndose en apoyo para ambos a la hora de sujetar la ofensiva del Sevilla. Según cómo se desarrollaba el contraataque visitante, Jordi ejerció de tapón junto al mediocentro o de relevo para Mathieu en la marca sobre Gameiro. Su menor presencia ofensiva por el carril la compensó un Arda Turan que pasó a abrirse mucho recordando a los movimientos que le brinda Rakitic a Messi en la otra orilla, pero en en el caso del turco con Neymar.

En la mejoría del Barça, resultó clave que Jordi Alba pasara a sujetarse atrás siendo Arda quien más veces abriera la banda.

En la mejoría del Barça, resultó clave que Jordi Alba pasara a sujetarse atrás siendo Arda quien más veces abriera la banda.

Con este ajuste el Barça ganó seguridad sin la pelota y poso con ella, pues Alba más retrasado y desde dentro participaba a la izquierda del mediocentro como un centrocampista más. El rol de Aleix Vidal, entre tanto, se mantuvo como al inicio, muy amplio y profundo por el carril diestro del ataque, permitiendo que Leo Messi pudiera acudir a la mediapunta sin que la banda quedara desocupada. El catalán sufrió a la hora de taponar la banda, pues al habitual y exigente escenario que dibuja en esa zona ya de por sí el Barça, con un Messi al que se libera del retorno y un Piqué al que se enfoca en la defensa del área, sumó la clara intención de Emery de cargar sobre ese sector con Trémoulinas, Krohn-Dehli, N’Zonzi e incluso alguna aparición de Kevin Gameiro. Primero la contención de Alba, que ayudó a la basculación de los centrales, y posteriormente la entrada al campo de Alves, Iniesta y Rakitic, contribuyeron a sellar la fuga aunque el Sevilla lo siguió intentando hasta el final. Llevaron peligro los de Unai en parte porque Luis Enrique, como otras veces, descolgó a la MSN para que sentenciaran con espacios a la contra, aunque en esta ocasión no acertaran a concretar. Al final, tres puntos más, otro escalón conquistado. Habrá que pensar muy bien los siguientes y, quizá, medirlos en función de la ascensión final.

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