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Iniesta y el nuevo horizonte

BARCELONA, SPAIN - DECEMBER 18: Andres Iniesta of FC Barcelona shoots towards goal during the La Liga match between FC Barcelona and RCD Espanyol at the Camp Nou stadium on December 18, 2016 in Barcelona, Spain. (Photo by David Ramos/Getty Images)

Iniesta y el nuevo horizonte

El Barça y sus rivales son otros cuando Iniesta está en el campo. Se comprobó, de manera muy gráfica, en el clásico ante el Real Madrid y, por contraste, en el mes que el manchego se perdió lesionado. Durante ese tiempo, Real Sociedad y Manchester City consiguieron desangrar al conjunto azulgrana presionando arriba su salida de balón, como antes había logrado el Celta estando Andrés en el banquillo. Al Barça de Luis Enrique siempre le ha incomodado que le defiendan arriba, pero sin Iniesta, la trampa oculta en la invitación consecuencia de los espacios que asume el adversario a su espalda, pierde el doble filo. Ahora vuelve a tenerlo, y con el comodín que le permite sobrellevar el inicio de la jugada sabiendo que cuando el esférico llegue a sus pies tiene opciones reales de salir, el marco de sus partidos cambia.

El Espanyol de Quique Sánchez Flores no presionó agresivamente los primeros estadios del juego culé, pero sí que los afrontó defendiendo arriba. En parte por los problemas que últimamente había acuciado su rival en esta fase concreta del juego y en parte, también, por una ausencia de Leo Baptistao que limitaba sus opciones de llegar hasta Ter Stegen habiendo recuperado el balón muy lejos del alemán. La pieza maestra del plan fue Gerard Moreno, teórico acompañante de Caicedo en punta que, con la posesión para el Barça, tuvo prácticamente rol de interior a la derecha de Javi Fuego. Sobre todo cuando los locales iniciaban juego por el perfil derecho, esto es, por el de Messi, el delantero espanyolista descendía hasta casi emparejarse con Andrés Iniesta de modo que transformando en pareja de tres lo que habitualmente viene siendo un doble pivote, liberara a Fuego a la hora de lanzar las coberturas y tanto al asturiano como a Diop para lateralizar su defensa sobre la banda del 10 blaugrana.

Cuando la salida de balón culé, sin embargo, pendulaba de derecha a izquierda, con Caicedo habitando las inmediaciones de Piqué, el encargo de Moreno se diversificaba al tener que atender también a la posición de Mascherano, situándose para ello sobre la línea que pudiese unir con un pase al argentino e Iniesta. La gestión de la situación que hizo el Jefecito, así como la capacidad de Andrés para moverse por toda la base de la jugada aprovechando que Sergio Busquets se la concedió, hicieron aparecer la grieta en más de una ocasión sin que Javi Fuego pudiera llegar a tiempo desde el costado contrario para contenerla y evitar la recepción del capitán barcelonista. Activado Iniesta, el Barça salía y podía llegar arriba tanto de forma directa sacando partido de los espacios asumidos por el plan de su adversario como de manera pausada, a partir de un escenario de ataque posicional para el que Luis Enrique parecía haberse preparado.

En este sentido, la noticia en los instantes previos al saque inicial fue la presencia en el once de Denis Suárez, decisión posiblemente encaminada a incrementar las posibilidades del ataque culé en campo contrario ante uno de los repliegues más efectivos de La Liga, y que pese a la tenue actuación individual del gallego tuvo su consecuencia táctica. La presencia en el equipo de Andrés Iniesta reforzada por la alineación de un interior de más querencia por la pelota, actúan sobre la posición de Messi a modo de acotxador, es decir, del niño o niña sobre el cual, en los castells, se asienta la enxaneta. Con un mediocampo de más cuerpo gestor y asociativo, Leo puede recibir más arriba. No obstante, como hasta la hora de partido al argentino le costó activarse, también le vimos aproximarse a la media, con Denis tomando su lugar por delante, en la banda o cubriendo desde atrás las entradas de Sergi Roberto al carril liberado.

Quien sí compareció desde bien temprano fue Luis Suárez, que se demostró como un delantero especialmente incómodo para un Diego Reyes, aun así, bastante atinado, y una amenaza terrorífica cuando el Barça puede buscarlo de forma directa. Hasta que Messi en el segundo tiempo hizo suyos nuestros ojos, si Iniesta había sido el nombre propio del mediocampo, el uruguayo lo fue de la delantera. El de la defensa fue Mascherano, que en entredicho últimamente y retado de forma directa por el planteamiento del Espanyol, resultó, por esto, la llave que lo desactivó. Quique Sánchez Flores había identificado su zona como el frente donde atacar, situando a Piatti en banda derecha y, sobre todo, buscando a partir de ese Gerard Moreno con matiz de centrocampista recepciones a la espalda de Iniesta que reclamaran al central argentino y provocaran con él fuera de la línea tres uno contra uno de los hombres de ataque blanquiazules contra los defensas restantes. Mascherano aceptó el reto y lo cortó todo.

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– Foto: David Ramos/Getty Images

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