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Portero y zurdo

MANCHESTER, ENGLAND - AUGUST 21: Manchester City goalkeeper Ederson Moraes looks on during the Premier League match between Manchester City and Everton at Etihad Stadium on August 21, 2017 in Manchester, England. (Photo by Stu Forster/Getty Images)

Portero y zurdo

Sostenía Víctor Valdés que en el mundo del fútbol hay dos grupos de jugadores que son especiales: los zurdos y los porteros. De un tiempo a esta parte, curiosamente, cada vez más se da la coincidencia entre ambos. En comparación a lo que ocurre con los jugadores de campo, la proporción bajo palos de protagonistas cuyo lado predominante es el izquierdo, resulta mayor. Ya sea porque esa singularidad en el carácter que señalaba Víctor los haya unido, o por aspectos más tangibles como el hecho de que siendo mayoría los futbolistas diestros, un guardameta zurdo tenderá a tener su estirada más cómoda acompasada al disparo de seguridad de un futbolista que golpee el balón con la pierna derecha, el caso es que la lista cada vez es mayor. Casillas, Courtois, Lloris, Cech, Rui Patricio, Adán, Pacheco, Júlio César, Diego Alves… la repetición apunta a una tendencia. Otra, de mayor calado, relevancia y visibilidad es la que subraya las atribuciones que en los últimos años han desarrollado los encargados de ponerse los guantes. A veces tanto como los centrales, los arqueros son parte activa en cuanto construyen desde atrás sus equipos.

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Curiosamente, sin embargo, las dos intuidas tendencias en la portería no se dan la mano, y en un tiempo en que cada vez más los guardametas participan con los pies del juego como un futbolista de campo, los zurdos parecen tener alguna reticencia de más a la hora de hacerlo. Seguramente la explicación sea la misma a la de por qué no se recomienda alinear en una defensa de cuatro a dos centrales zurdos, o por qué es tan difícil encontrar centrocampistas canalizadores de juego con esa misma condición: sus perfiles suelen ser más cerrados. Incluso un caso que sirve de excepción como el de Bruno Soriano, exhibe una inclinación superior a lo habitual orientando el juego hacia su perfil natural. Pep Guardiola ejemplifica como ninguno el desarrollo del peso específico de las salidas de balón en el fútbol actual, y comparte también, por ello, gran parte de la culpa de que, para vencerlas, los rivales hayan perfeccionado sus sistemas de presión. No por nada España ostenta en la actualidad la primera posición en cuanto a lo que atragantar primeros pases se refiere, o Alemania viene recorriendo un camino similar desde hace algunos años.

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Si su paso por la Premier League produce sobre el fútbol inglés un efecto equivalente, el de Santpedor afrontará un encargo muy goloso: el de convertir a un portero como Ederson Moraes, zurdo de buen pie y valentía en la puesta en escena, en el tercer portero-jugador que lleve su firma después de Valdés y Neuer. El brasileño con ellos comparte el acierto en la atajada, fruto de un físico privilegiado que mezcla reflejos con envergadura y de una colocación bien cuidada, así como una afinada técnica en el envío que una vez elegido el destino le permite situar el balón donde desea, sobre todo sirviendo en largo hacia un compañero liberado por la presión del adversario. El margen para crecer lo tiene a la hora de interpretar el ramillete de opciones que le propone el juego, y que la pizarra de su nuevo entrenador debería ayudarle a descifrar. En este sentido, una de las evoluciones que más claramente ha enseñado su fútbol desde que fichó por el City, es la velocidad a la que ahora juega la pelota en comparación a su etapa en el Benfica. Además, su imponente manejo del achique en el uno contra uno le permite ser muy solvente cuando le encara el delantero, la parte del juego que Víctor, cuando abandonó Barcelona, resaltó como la más necesaria para el papel que durante los anteriores cursos le había tocado desempeñar.

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La capacidad de separarse de la línea de gol y de la sombra del travesaño, en los equipos de Guardiola no sólo tiene que ver con los momentos de acción directa en los que medirse al punta en escapada, sino que dada la cantidad de metros asumidos a la espalda de la defensa, la zona de influencia sobre la que debe actuar el meta se agiganta. «Si detrás de mi defensa hay treinta o cuarenta metros, yo tengo que situarme de manera que si el rival pone un balón al espacio no me toque correr esos treinta o cuarenta metros, sino sólo quince«, explicaba Víctor. El posicionamiento como venda antes de la herida. Como intervención que previene la ocasión de gol en contra. A propósito de esto, Ederson pasa por ser uno de los guardametas más exuberantes a la hora de abandonar los tres palos, normalmente más circunscrito a los límites del área grande pero con potencial para rebasarlos. Su radio de acción, la cantidad de campo sobre la proyecta su sombra, se expande hasta las cuatro esquinas, por arriba o a ras de césped, gracias a un dominio arriesgado sustentado en la ventaja que le da ser el único en su zona que puede tocar el balón con las manos. Ederson se atreve, como se atrevían aquellos a los que Guardiola llevó un paso más allá.

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– Foto: Stu Forster/Getty Images

Comments:1
  • Culé de Chamberi 21 noviembre, 2017

    Aquí estoy, con cierto retraso, pero puntual a lo prometido.

    En primer lugar, me parece un gran escrito, y bastante bien relacionado con lo que por mi parte (portero y zurdo) vengo observando desde hace mucho tiempo. La mayor prevalencia de porteros zurdos sobre la téorica proporción en la población (alrededor de un 13%) también puede estar asentada en la predominancia cerebral del hemisferio derecho en los zurdos, que si bien no es relación directa 100%, sí que muestra una alta correlación en la realidad. Esta predominancia del lado derecho está relacionada con la orientación espacial, lo que puede ser bastante indicativo del número de porteros zurdos..

    Respecto a la lateralidad corporal, ésta suele estar más definida en los zurdos, es decir, nos cuesta más hacer cosas con el lado menos hábil, aunque muchas veces, al estar el mundo concebido para diestros, nos veamos obligados. Sin embargo, cuando el entorno no favorece una lateralidad, como en el fútbol, solemos ser menos hábiles con la pierna derecha que los diestros con la zurda, y de ahí, que un central zurdo tenga más problemas para jugar en el perfil derecho que un diestro en el izquierdo.

    Eso, trasladado al juego de pies implica que como bien dices, tendamos más a jugar en un lado que al otro, pese a jugar posicionalmente en una posición absolutamente centrada, lo que empaña de alguna manera la salida de balón en la primera fase del juego ofensivo, como bien expones en el artículo.

    Para mi, como zurdo es un tema muy apasionante el de la lateralidad, y me ha generado una gran sensación que alguien se atreva a escribir un artículo como este.

    Enhorabuena, y gracias por la parte que me toca.

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