Juan Miranda despega

Juan Miranda Gonzalez of FC Barcelona looks on prior to the start the La Liga match between Athletic Club and FC Barcelona at San Mames Stadium on February 10, 2019 in Bilbao, Spain. (Photo by Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images)

Juan Miranda despega

A excepción hecha de Álex Collado, quien en su primer curso con el filial ha mostrado una adaptación a la categoría más rápida que la de sus compañeros de generación, esta temporada García Pimienta ha contemporizado mucho el estatus de los juveniles que conforman buena parte de la plantilla del Barça B. Especialmente de los que, por un motivo u otro, más miradas podían atraer. Riqui Puig, Abel Ruiz o Juan Miranda han ostentado rango de titular en varios tramos del curso, pero no ha sido extraño verles puntualmente iniciar el partido desde el banquillo. Diciembre y el definitivo salto de Aleñá al primer equipo, sin embargo, inauguró un segundo momento en la temporada del filial caracterizado por la necesidad de que determinadas piezas jóvenes dieran un paso al frente en protagonismo e importancia, siendo Collado, Puig y Carles Pérez quienes de forma más clara acudieron a la llamada. El primero como relevo en la frontal -ya sea desde el interior o partiendo en banda-, el segundo clavando ambas manos en el timón del equipo, y el tercero redoblando su amenaza sobre la portería contraria. Con Busquets, Iñaki Peña, Ronald Araújo o los laterales su alrededor, han sido el relevo de Aleñá como bandera del Barça B.

En lo que concierne a los laterales, si desde entonces tanto Wagué como Miranda experimentaron un notable crecimiento en el sistema del filial, uno como apoyo en salida y progresión exterior desde segunda línea, y el otro sujetando la amplitud de un carril izquierdo del que debía liberarse a Collado, en el caso del lateral zurdo las últimas semanas han marcado una evolución tanto táctica como individual que parece señalar la entrada del andaluz en una nueva etapa dentro de su formación. Ha pasado de permitir ventajas a los demás, como parte de un juego de contrapesos en el que el elemento capital no era él, a convertirse en el primer protagonista de las mismas, con el colofón de su encuentro ante el Ontinyent en el que fue el culé más resolutivo participando en los tres goles con dos asistencias y una diana. De la mano de su crecimiento individual, un proceso de madurez, confianza y asentamiento en las particularidades de la categoría, el reciente despegue del lateral del filial se ha apoyado, a su vez, en dos comportamientos tácticos concretos. El primero, ya reseñado otras veces en este espacio, tiene que ver con Riqui Puig y esconde una doble vertiente: en primer lugar, el superior impacto del menudo interior izquierdo tras el ascenso de Carles Aleñá, su ascendencia en la jugada, mayor cuota de balón y capacidad para atraer adversarios, que suele llevar hacia el centro algunos de los obstáculos que, en otras condiciones, hallaría Miranda delante suyo. Riqui recibe, protege, aguanta y conduce, como un imán que arrastra adversarios a su paso, y descarga el esférico en el momento preciso hacia el lateral izquierdo habilitado para proyectarse en ataque.

En segundo lugar, además, como este cambio de estatus en Puig ha trasladado la influencia del catalán más cerca del mediocentro y de la base de la jugada, por delante queda libre un espacio que suele ocupar el extremo. El aspecto que finalmente ha encendido el rendimiento de Miranda se vincula, precisamente, a este delantero que comparte la orilla izquierda del campo con él. El mercado de invierno, además de llevarse a Aleñá rumbo al primer equipo, también correspondió al Barça B con la incorporación de Merveil Ndockyt. El congoleño encadena tres partidos como titular en la misma banda de Miranda, habiéndose desplazado Collado a posiciones de interior, pero su relación con el lateral es diametralmente distinta a la que antes había mantenido el de Sabadell. Con Álex en el extremo, el papel de Miranda es el de regalarle libertad a su compañero, ganando altura por banda, fijándose abierto en el costado y sujetando con ello la marca del lateral derecho rival. Fijar al vigilante de Collado para que éste acuda al centro sin cargar una mochila a cuestas. En su convivencia con Merveil, por el contrario, el reparto de papeles es el opuesto, pues en este caso es el rol del extremo el que va enfocado a complacer a su lateral. Es él quien, por delante de Miranda, primero fija la marca del lateral derecho rival y después lo arrastra con él hacia el centro -más en la ruptura que en el apoyo-, liberando el carril para la llegada  de su compañero en tromba, de cara e impulsado por Riqui Puig. Para que Miranda aterrice en el último tercio del campo con espacio, tiempo y una perspectiva limpia a la hora de decidir y ejecutar el siguiente movimiento.

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– Foto: Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images

Comments:1
  • Marcus 8 marzo, 2019

    Un contexto que potencie sus virtides, un buen punto de partida para ganar confianza y empezar a moldear y actualizar nuevas capacidades, el forzado paso al primer equipo igual no le ha sentado tan mal, eso si todavia tiene varios niveles que superar en el filial.

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