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El algodón de la presión

Barcelona's French defender Clement Lenglet (L) celebrates his goal with Barcelona's Croatian midfielder Ivan Rakitic during the Spanish league football match between FC Barcelona and Real Sociedad at the Camp Nou stadium in Barcelona on April 20, 2019. (Photo by PAU BARRENA / AFP) (Photo credit should read PAU BARRENA/AFP/Getty Images)

El algodón de la presión

La señal más clara de que en una parte importante de la temporada el Barça no ha fluido con la naturalidad deseada es que, durante estos tramos, el equipo no ha parecido un equipo de Ernesto Valverde. Al dictado de su versátil paleta, y con manifestaciones tan variadas como experiencias cuenta su currículum, en todas sus escalas exitosas El Txingurri ha manejado colectivos a los que ha proporcionado una suerte de base común, como una mano invisible, que diera unidad al conjunto. Han sido estructuras tácticas reconocibles y, por lo general, favorecidas por la pizarra, sobre las cuales se han expresado las individualidades que en cada momento ha tenido disponibles. Del mismo modo, pocos indicativos más reveladores de que los azulgranas afrontan la parte final del curso en su mejor momento del mismo, que las recuperadas constantes de los barcelonista en el ejercicio de la presión, incluso en sus actuaciones más relajadas. Característica fundamental en los triunfos e identidad de su primer año en Barcelona, en la 2018-19 al Barça le había costado mucho más esfuerzo edificar una transición ataque-defensa con el campo base en la mitad rival, que cerrara la zona activa de juego a muchos metros de Ter Stegen con la defensa más cerca de la divisoria que del área propia. Piqué y Lenglet han sido gigantes en su papel de custodios de la red, pero menos tiránicos marcando las fronteras del terreno de juego.

Durante las últimas semanas, no obstante, ha vuelto a emerger un Barça tan capaz de defenderse en su mitad como de mantener el cerrojo arriba, un acierto que, sin ir más lejos, el sábado le valió para proteger su seguridad de las consecuencias negativas de una propuesta ofensiva más obtusa que otras noches. Muchos fueron los factores que contribuyeron a que la resaca europea privara al Camp Nou de una versión azulgrana brillante con balón, pues a la propia y esperable distensión provocada por el cambio de competición y los escenarios encontrados que existen entre ellas, y que resultó en varias intervenciones poco briosas de algunos culés, se le juntaron modificaciones en el sistema que, en esta ocasión, estriaron el camino para los locales. Por ejemplo, dando continuidad a lo mostrado en el partido de vuelta ante el United, Valverde repitió con un primer escalón de tres hombres en salida que permitiera adelantar la posición de partida de Jordi Alba activando al lateral por delante del balón, pero con Rakitic en la posición de Busquets y Vidal en el papel del croata, las recepciones en el segundo escalón del juego no disfrutaron de la fluidez habitual. Si bien cuando los azulgranas podían superar esta fase, y devolver a Rakitic a su posición en la media, el escalonamiento de Arturo como interior más adelantado dio algunas soluciones a la circulación, en los momentos anteriores su coincidencia con Semedo en el sector derecho ensombreció el avance barcelonista.

En la parte izquierda la novedad fue Ousmane Dembélé, una carta que Valverde trata de poner sobre la mesa pero que, de momento, no le permite al técnico replicar con exactitud el funcionamiento habitual del equipo. Con el galo aún no es capaz de ganar una serie de cosas sin arriesgarse a perder otras. A diferencia de lo que ha sucedido hasta ahora con Coutinho, con quien incluso en sus momentos de juego más bajos se ha podido mantener el contexto táctico que se originó en este Barça a raíz de Wembley, la presencia de Dembélé en el extremo izquierdo modifica pautas en relación a sus socios más cercanos. Ante los de Imanol, en este caso, se notó especialmente en las figuras de Jordi Alba y Arthur Melo, el primero porque a menudo, y pese al gol, se encontró al francés como obstáculo en sus subidas por banda, y el segundo porque no encontró la misma complicidad desde el pase y porque, además, con Jordi más próximo, tuvo menos espacios. De hecho, que hasta entrado el segundo tiempo el Barça no pudiera lanzar a su lateral como en él es costumbre, permitió durante muchos minutos un tipo de encuentro en el que a ambos contendientes les resultaba muy difícil conquistar la espalda de su adversario.

En los locales Suárez no exprimió ni tiempo ni acierto en sus apoyos lejanos contra las anticipaciones de Llorente, y a los visitantes quizá les faltó un mayor atrevimiento del lateral Zaldua por banda para amenazar un planteamiento defensivo culé, por lo demás, muy equilibrado. Sintió el realista la potencial amenaza de Dembélé a su espalda en caso de animarse a subir por el costado, de modo que la mano tendida por Oyarzabal quedó abandonada. El canterano partía, sobre el papel, desde la banda derecha, pero en la práctica buscó con ahínco recepciones interiores a la espalda de Arthur y lo suficientemente lejos de Rakitic como para no recibir la defensa del mediocentro. Fue Jordi Alba quien más habitualmente salió a su encuentro, desocupando una zona en el exterior que no fue demasiado atacada. El lateral del Barça, en cambio, en fases de presión se ubicó muy arriba, dejando un tres para tres detrás suyo que emparejaba a Semedo, Piqué y Lenglet, hombre a hombre, con los atacantes de la Real Sociedad. En este sentido, la capacidad física del portugués debía servir para contener a la pieza más profunda y agresiva en la ruptura del conjunto txuri urdin, al tiempo que la pareja de centrales mantuvo su ley anticipando sobre el juego de espaldas de Willian José a muchos metros del área. En su actual momento de forma, Lenglet y Piqué parecen tan infranqueables en el área como en mediocampo.

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– Foto: Pau Barrena/AFP/Getty Images

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