El verano del FC Barcelona sirvió para poner remedio a uno de los males que atravesó al equipo el curso pasado: la suma inconexa de la plantilla no permitía la construcción de un plan completo. Apostando por un juego más dado a las transiciones, le faltaba un tipo de pieza, y para jugar compacto en campo rival, otra. A propósito de esta cuestión, las llegadas de Antoine Griezmann y De Jong son, sobre el papel, el final del dilema, pues uno desde el mediocampo y el otro desde el ataque resultan dos jugadores capaces de legitimar un planteamiento que se instale y fluya en la frontal del área rival, permitiendo con ello que, ahora, Ernesto Valverde disponga de las herramientas necesarias para orientar al equipo en un sentido coherente, coordinado y compartido. Sin embargo, la cuestión que parece sugerir el arranque de Liga culé es que, definido desde el mercado el nuevo plan posible, es probable que varios integrantes de la actual plantilla ya no encajen en él. El Barça 2019-20 tiene piezas para juntarse alrededor de una idea, ¿pero cuántas?
Así pues, por ejemplo, esta temporada el conjunto barcelonista no sabe lo que es perder con alguno de los interiores ocupados por Arthur Melo o Frenkie de Jong. O lo que es lo mismo: ha perdido siempre que no ha presentado un mediocampo con el brasileño y/o el holandés por delante del mediocentro. Paradójicamente, ya que sobre el papel Arthur y De Jong son los interiores del Barça más dados a buscar el balón en la base de la jugada, son ellos los que mejor respuesta han dado situados como adelantados. A la espalda del mediocampo rival y con el encargo de dar control y velocidad a la circulación del balón en las inmediaciones del área contraria, como paso previo a la ocasión de gol, son las dos opciones más aptas a la hora de manejarse sin espacios, girar sin perder el cuero recibiendo de espaldas o conectar con sus compañeros cercanos con la precisión necesaria en zonas tan saturadas. Los Cármenes, como antes San Mamés, el sábado puso de relieve que para dar continuidad al ataque en pocos metros, cerca de la frontal, el carril central azulgrana hoy por hoy requiere una exactitud en la que el triángulo formado por Sergi Roberto, Rakitic y Luis Suárez es demasiado dispar en comparación al que antes integraron Arthur, De Jong y Antoine Griezmann.
Hasta el momento, el plan de juego del Barça en campo rival ha pivotado sobre dos cuestiones. En primer lugar sobre la cercanía en el carril central de piezas capaces de juntar pases por dentro pese a la aglomeración de rivales, y en segundo lugar sobre la presencia de dos bandas muy abiertas que sirvieran tanto para estirar la defensa como para aprovechar situaciones de uno contra uno en caso de que ésta se mantenga custodiando la medialuna. En Granada, no obstante, al Barça le faltaron ambas cosas, ya que como por dentro el juego no transcurría con la fluidez necesaria, fue precisa la intervención interiorizada de Griezmann.
La solución de Ernesto Valverde llegó al descanso con un doble cambio con el que modificó mucho más que dos nombres. Además del esquema de juego, el descanso alteró las posiciones de Semedo, Sergi Roberto y Griezmann. La idea del Txingurri con el 1-4-2-3-1 probablemente fue la volver a estirar por fuera con la presencia abierta de Antoine y Fati, y la de amenazar la frontal del área con la certeza irrebatible de Leo Messi. De los dos propósitos, el primero fue el que más consiguió, ya que tanto debido a la atracción del argentino por dentro y a la agresividad del canterano en la punta izquierda, como a la conexión entre ambos a través del pase diagonal del 10, el ataque del Barça ganó mucha profundidad por el ala izquierda (Gráficos de abajo), si bien el colosal partido de Rui Silva en términos de dominio de su zona dejara en nada la insistencia de Ansu.
– A la izquierda, el mapa de calor del Barça en el primer tiempo (arriba) y en el segundo (abajo). En el centro, el mapa de calor de las bandas del Barça en el primer tiempo (arriba) y en el segundo (abajo). A la derecha, las posiciones medias de los jugadores del Barça (arriba) y el mapa de calor de Ansu Fati (abajo).-
Menos eficaz resultó el cambio de disposición en el centro del campo, puesto que con el 1-4-2-3-1 pasó a situar una única referencia en tres cuartos (Messi) en lugar de las dos que esta temporada viene ubicando ahí el 1-4-3-3 (los dos interiores). Aunque la amenaza de Messi fuera mayor, que se tratara de la única concentró el trabajo de la parte central del mediocampo del Granada, en especial el de un gigante Yangel Herrera. La entrada de Arturo Vidal por Rakitic, por lo tanto, seguramente fuera orientada a recuperar la presencia de un segundo jugador por delante de De Jong con tal de multiplicar las opciones barcelonistas en tres cuartos de campo, si bien la estrategia de cara a los minutos finales quedó cercenada con el segundo gol local. Todavía sin juego para desplegarse arriba sin comprometerse atrás, y sin un Messi suficientemente a tono como para no necesitar hacerlo, el Barça, por el momento, vive a expensas de una vulnerabilidad defensiva que en cualquier momento puede condicionarle los escenarios previstos.
– Foto: JORGE GUERRERO/AFP/Getty Images
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