En los éxitos recientes del Real Madrid en la Copa de Europa, una característica distinguió a los blancos por encima del resto: la capacidad para adaptarse y mantener intacta su competitividad en escenarios de lo más diverso. Dentro de la variedad, sin embargo, una batalla marcó su superioridad más que las demás por sus implicaciones a nivel de contexto: en la era de que las presiones adelantadas definieron la evolución del fútbol europeo, nadie amasó más soluciones individuales para enfrentarlas que el cuadro dirigido por Zinedine Zidane. Delanteros profundos e intimidantes corriendo al espacio, lanzadores precisos y una brillantez técnica, mezcla de regate y golpeo, en los primeros peldaños de la jugada que le permitieron la excepcionalidad de poder reinar en un tiempo que subraya la necesidad de guardametas lúcidos dando salida al juego sin un portero especialmente ducho en estas tareas.
En las últimas temporadas, no obstante, la salida de Cristiano Ronaldo y el descenso en el rendimiento y la continuidad de piezas como Modric, Bale o Carvajal ha permitido a quienes se enfrentan al conjunto merengue unas mejores perspectivas a la hora de pretender un robo adelantado que localice la alternancia del balón en zonas potencialmente más ventajosas. Así lo entendió el pasado fin de semana el Getafe de Bordalás, que reprodujo en el Coliseum su impetuosa y exuberante puesta en escena habitual, proponiéndole al Madrid un encuentro marcado por el enfrentamiento entre la salida de balón blanca y la presión azulona. Contaron los locales, además, con tres ausencias de peso en las filas de su adversario, pues Zidane perdía para la ocasión dos recursos tan efectivos a la hora de desactivar acosos como son el regate de Marcelo, el desplazamiento de balón de Sergio Ramos o la conducción y el desborde de Eden Hazard. Aun así, de entre los dos caminos que es posible tomar ante una apuesta como la que normalmente ejecuta el Getafe en su estadio, esto es, la de revelarse tratando de negarle el guion de partido pretendido y la de aceptar sus reglas de juego procurando imponerse a partir de ellas, el técnico madridista optó inicialmente por la primera.
Así las cosas, de cara al segundo tiempo podía esperarse un ajuste localizado de Zizou que pasara por intervenir sobre los roles de Modric o Gareth Bale, llevando hacia arriba al primero o hacia dentro al segundo, toda vez la presencia retrasada de Kroos e Isco se intuía necesaria para la viabilidad de su plan, pero en cambio la reanudación trajo consigo una enmienda a la totalidad por parte del entrenador francés que dio como resultado un cambio de planteamiento radical y pronunciado. Antes incluso de explicitarlo con las elocuentes entradas de Valverde, Vinicius y Jovic en el lugar de Kroos, Isco y Karim Benzema, el conjunto madridista pasó de querer desactivar la presión de su adversario a intentar aprovecharla. De juntar futbolistas abajo y salir tocando en corto, a subir la altura de los receptores para encontrarlos con balones más directos. Modric escaló desde la base a tres cuartos de campo, e Isco hizo lo propio hasta su teórica posición en el extremo, sumando opciones tanto a una recepción a la espalda de las dos primeras líneas de presión de los locales como a una hipotética lucha por la segunda jugada. Transigiendo con el plan de partido propuesto por el Getafe a cambio de poder atacar sus debilidades.
– Foto: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images
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