El fútbol de los equipos de Pep Guardiola se expresa a partir de su mediocampo, pero se ampara irremediablemente en las dos zonas que lo enmarcan: «Yo soy de la opinión de que cuando haces muy buena presión alta defiendes mucho menos en zonas bajas, y que cuando haces una buena salida de balón lo otro fluye de una manera mucho más natural. La consecuencia de las dos fases, una arriba y otra abajo, te ayuda a todo lo demás«. A propósito del vínculo entre ambas, la temporada actual del Manchester City ha atravesado más dificultades que las dos anteriores. El desarrollo de las presiones contrarias, especialmente en un campeonato que hoy gobierna el Liverpool de Klopp y del gegenpressing, ha llevado al de Santpedor ha redoblar la apuesta en el inicio de la jugada, con soluciones como la amplitud de los laterales en el primer escalón, la presencia adelantada del portero o el despliegue de los interiores a la espalda del mediocampo rival, en pos de lograr una separación entre las piezas skyblue que dificulte que un único futbolista rival pueda defender a dos jugadores.
El problema del City, en ocasiones, ha llegado cuando la forma en la que ataca este curso, más vertical a lomos de los envíos y las carreras de Kevin de Bruyne, y con muchos efectivos por delante del balón esperando el pase del belga, no le ha permitido el tiempo suficiente como deshacer las distancias entre citizens de la salida con tal de lograr una estructura compacta a la hora de recuperar la pelota tras la pérdida. Para salir desde atrás separados y presionar arriba juntos. En este sentido, desde hace semanas Guardiola viene explorado nuevas recetas a modo de solución, como el empleo puntual de un tercer central o la más habitual contención de uno de los dos interiores por detrás de la pelota. Por esta última optó anoche para saltar al Santiago Bernabéu, sin delantero centro, con Ilkay Gündogan prácticamente a la misma altura que Rodri Hernández (Imagen abajo a la izquierda), uno de los laterales más presente en el interior, y con la pareja formada por De Bruyne y Bernardo Silva por dentro, a veces con apariencia de doble mediapunta y otras de doble falso nueve.
Con el brasileño atacando la espalda del lateral aprovechando su posición adelantada a la hora de rellenar un lado derecho del Madrid sin extremo fijo, limitada la capacidad de Casemiro para llegar a la ayuda y sin que Benjamín Mendy -bastante contenido- arrastrara hacia la zona otras posibles coberturas, todo el auxilio que recibió Carvajal fue el de un Varane multiplicado, clave para que la herida no llegara a sangrar. También hacia su extremo izquierdo volcó los ataques el Real Madrid a la hora de desencadenar un ataque que, como el del City, no quería desnudarse más de lo estrictamente necesario. Empleando primero la libertad de Isco para agilizar la fase de elaboración (Imagen abajo a la izquierda), y apoyándose en las subidas de Ferland Mendy por dentro con tal de liberar la diagonal hacia la posición de Vinícius. Sin una traducción directa demasiado cuantiosa a nivel de ocasiones claras, la efervescencia del brasileño, no obstante, le sirvió a los blancos para cambiarle el ritmo a sus ataques en el último tramo y para amenazar con ganar una posición de centro lateral que castigara la debilidad del City defendiendo el segundo palo.
Movieron entonces el banquillo los dos técnicos, Guardiola para introducir a Sterling y Zidane para hacer lo propio con Gareth Bale. La intervención del de Santpedor a buen seguro buscó redoblar la amenaza sobre la debilidad de Carvajal, con el objetivo de agrandar la vía de escape por la que su equipo podía volver a hacerse con la iniciativa, y recuperando una referencia más clara en el centro que pudiera apartar a los centrales de la ayuda. Por su parte Zizou, apostando por la presencia del galés a pierna natural, es probable que también enfocara su elección en la insistencia sobre una de las debilidades de su oponente, en este caso las dificultades del conjunto citizen defendiendo los centros desde el costado. La posterior entrada de Lucas Vázquez y Jovic para formar con dos extremos a pie natural y una doble referencia rematadora, reforzarían el sentido de la estrategia del entrenador madridista. Ocurrió que el cruce entre ambas propuestas desembocó en la posibilidad de que el Manchester City pudiera atacar con muchos espacios, un contexto de juego que convierte en inabordable a Kevin de Bruyne y que le dificultó mucho a los blancos tejer un sistema de ayudas en banda derecha que contuviera la superioridad de Sterling ante su par. Los visitantes golpearon primero, más y mejor.
– Foto: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images

