El fútbol se compone de diferentes fases del juego, pero se distingue, sobre todo, por los momentos que conectan a las unas con las otras. Nada ocurre aisladamente, con independencia de lo acontecido antes o de lo que sucederá después. Construir un equipo, un sistema y su modelo de juego, pues, es dar forma a las islas de contenido que bordean cada una de las fases del juego, pero también, y tan importante como esto, encontrar los vínculos que relacionen de forma armónica a todas ellas. El Barça de Quique Setién se ha empezado a crear con unos tiempos distintos a los habituales. Distintos a los recomendables. A mitad de temporada y afrontando retos en el proceso que, por norma, debería haber encarado en otro momento del curso. Así lo hicieron la mayoría de sus adversarios. Quizá por eso, el conjunto del técnico cántabro, hoy da la impresión de saber qué quiere hacer en cada una de las fases del juego, pero de no haber conseguido encontrar todavía el camino que lo lleve de una a otra. La historia de los azulgranas ante la Real Sociedad el pasado sábado, fue una historia sobre la búsqueda de un hilo conductor.
Ciertamente, la ejecución del plan tuvo problemas. La cercanía entre Ter Stegen, Piqué y Lenglet permitía a Isak y Portu no sentir la inferioridad numérica, en banda sólo alguna conducción hacia dentro de Jordi Alba servía como ruta alternativa, y por dentro los problemas de Rakitic para desarrollar la estrategia dieron alas a la presión por pares de la Real Sociedad, y si bien los culés no se condenaron a las pérdidas peligrosas sí abandonaron cualquier tipo de continuidad en la jugada. Aún así, tanto cuando lograba impulsar con balón a uno de los centrales, como cuando aprovechaba la rendija que en banda izquierda la Real abría a su presión, el Barça conseguía avanzar con perspectivas más o menos positivas. Puesto que Portu, en fase de presión, se situaba por dentro emparejándose con Lenglet de tal manera que fuera el lateral Gorosabel quien saltara sobre Jordi Alba, los desmarques de Braithwaite hacia la punta izquierda sacando a banda a Diego Llorente, profundizando hacia la esquina y amenazando con una conexión definitiva entre el danés y Leo Messi, insinuaban posibilidades prometedoras en el ataque culé. Ocurrió, no obstante, que ni el argentino disfrutó de su mejor tarde en el aspecto individual, ni tuvo a su alrededor apoyos cercanos. Griezmann sujetaba la banda derecha, el último refuerzo azulgrana corría por la izquierda, y tanto Rakitic como De Jong venían de zonas muy retrasadas en el inicio de la jugada.
De ahí que, de cara al segundo tiempo, Quique Setién ajustara la posición en ataque tanto de Braithwaite como del croata. El primero se separó sensiblemente de la cal para influir más por dentro y dar cierto aire a Messi en la punta de ataque, sujetando y tirando de los centrales para que las caídas del 10 no siempre tuvieran perseguidor. Ivan Rakitic, por su parte, limitó su participación en la base de la jugada a la hora de dar salida al juego, de tal manera que su juego pudiera enfocarse más hacia la zona de la mediapunta. Como centrocampista más adelantado del equipo, y liberado de la banda primero por Griezmann y después por Semedo, sería el tercer futbolista que el Barça lanzaría contra la corona, junto a Messi y Braithwaite. Sin embargo, si a lo largo del primer tiempo lo que el Barça no pudo unir fue su salida de balón con su propuesta de ataque en campo contrario, tras las correcciones en la segunda mitad la desconexión se estableció entre el ataque posicional y la recuperación post-pérdida.
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