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El De Jong que tú prefieras

El De Jong que tú prefieras

Antes de ser el Iniesta que recordarán los libros de historia, Andrés fue muchas versiones de si mismo. Formado bajo el molde del ‘4’ con el que La Masia bautiza a los mediocentros, asomó la cabeza en el primer equipo sin un espacio propio pero siendo capaz de adaptarse a cada espacio que dejaran libre los demás. Si Ludovic Giuly necesitaba un descanso, Iniesta podía ser el extremo derecho de un equipo que en esa posición se apoyaba en un futbolista con tendencia a la diagonal sin balón desde la banda. Si Ronaldinho no podía estar, el de Fuentealbilla lo reemplazaba jugando a pierna cambiada desde la izquierda, dejando el carril para los laterales y desplazándose hacia el centro para darle al mediocampo un cuarto hombre vestido de azulgrana. Si faltaba Xavi se vestía de director llevando la batuta como en categorías inferiores, y si tocaba reemplazar a Deco su juego estrechaba el vínculo con la mediapunta. Incluso cuando faltaron jugadores como Edmilson, Márquez o Thiago Motta, Iniesta sobresalió ocupando un pivote al que, por aquel entonces, se catalogaba de defensivo. Andrés sobresalía en el sitio de los otros sin dejar de ser él mismo ni un instante. Esquivando el peligro a difuminarse con el que a menudo conviven quienes abrazan la polivalencia. El riesgo de hacer de la versatilidad un valor principal, con más peso que las propias virtudes. De no ser nada de una forma tan rotunda que dificulte moldearla. De ser el medio camino hacia cualquier parte.

Como Iniesta hace quince años, Frenkie de Jong esta temporada también está siendo el camino entero. Un futbolista completo en cada una de sus versiones, cuya capacidad de adoptar diferentes semblantes no supone un sacrificio hacia su juego. No es menos De Jong en cada uno de sus trajes, sino que sabe poner todo aquello que lo compone como futbolista al servicio de cada empresa. No hay una parte del neerlandés que no viaje con él cuando cambia la posición de central por la de interior, cuando asume el control de la salida de balón o cuando estalla como poderoso llegador desde la segunda línea. Utiliza todas las piezas del rompecabezas, pero ordenadas de formas distintas para que la imagen a formar en cada caso también lo sea. Para que en el central, en el mediocentro, en el interior, en el futbolista que irrumpe en el área, en el que cae a banda, en el que combina o en el que avanza en conducción, esté todo el jugador que es Frenkie de Jong. Completo. Redondo. Sin renuncias. El sábado, ante el Athletic, fue clave para que el Barça lograra el título de Copa desde la demarcación de interior derecho. Desmarcándose desde el mediocampo, rematando en el área, conduciendo desde el centro y desde la banda, administrando la abultada posesión culé o aliándose con Leo Messi para que el argentino pusiera su firma a las jugadas más mágicas de la noche.

En esta ocasión, su paso al centro del campo no significó un cambio de dibujo por parte de Koeman, sino que el técnico mantuvo la apuesta de las últimas semanas con tres centrales y dos carrileros. Se trata de un planteamiento con varios puntos en común con el 1-4-3-3 asimétrico que pareció definitivo allá por el mes de febrero, pero que introduce a un tercer integrante en el centro de la zaga que al conjunto azulgrana le permite optimizar varios de sus comportamientos con y sin la pelota. Así, además de sumar a un efectivo extra a la hora levantar la última barrera del equipo en el carril central, la medida se ha destapado como una solución para que la proyección de Dest y Jordi Alba ocupando las bandas no implique una transición ataque-defensa vulnerable, para que el equipo pueda construir una presión adelantada más eficiente y para fijar abajo a tres jugadores en el inicio sin necesidad de retrasar la posición de Sergio Busquets. Todo cuanto pretende Koeman con su dibujo se dio cita ante el Athletic Club, especialmente en un tramo inicial del encuentro de gran complejidad para los de Marcelino. El Barça se desplegó en avalancha, ancho, profundo y con superioridad en cada parcela del campo, sin que su rival hallara un rincón de seguridad en el que refugiarse. Los rojiblancos no tuvieron donde esconderse de la tormenta.

Marcelino tuvo que modificar pronto su primera idea. Defender con Williams y Raúl García en paralelo y muy separados de las dos líneas de cuatro no surtía efecto en la presión ante los tres centrales del Barça, y a cambio suponía un perjuicio claro para el repliegue bilbaíno. Con sólo cuatro futbolistas por línea al Athletic le resultó imposible ser lo suficientemente ancho sin balón como para evitar que Jordi Alba y, especialmente, Dest, entraran en juego muy arriba, cerca del lateral del área y en disposición de hundir toda la estructura defensiva. Además, para los culés fue muy fácil activarlos, ya que tanto en la salida de balón como, posteriormente, en mediocampo, disfrutaron de una superioridad numérica con la que aprovechar la comodidad de futbolistas libres de marca. Sergio Busquets sin vigilancia directa como consecuencia de la posición defensiva de los puntas rivales y metido en campo rival gracias a la autonomía de los centrales a la hora de dar los primero pases, Pedri, De Jong, Messi y Griezmann formaron una suerte de pentágono que sobrepasó al doble pivote de Los leones. También Mingueza, desde un rol mixto que según la acción lo dibuja como central o como lateral, reforzó la ventaja descolgándose en ataque más que Piqué y Lenglet, y movilizando la atención de un Muniain demasiado exterior para sumar en la defensa del carril central y demasiado retrasado para liderar el contraataque.

Metiéndose en campo contrario con mucha comodidad y conectando con los carrileros a partir de Sergio Busquets, el Barça empujaba hacia atrás al Athletic, lo abría a una banda y generaba espacios dentro antes de introducir el esférico en la zona de Messi, Pedri, De Jong y compañía. El entendimiento entre los dos interiores, Leo y Antoine Griezmann fue absoluto. El canario pudo reforzar su alianza con el argentino gracias al retorno de Frenkie al mediocampo, pues le permitió acercar su posición a la mediapunta y encontrar su socio principal en el ’10’ y no en el ‘5’. El neerlandés, por su parte, se entendió con Leo como suelen hacerlo sus mejores aliados, desde el balón y desde el espacio. Cruzó caminos con él para habilitarle zonas de recepción y ocupar los huecos vacíos, al tiempo que se ofreció como opción para la combinación y la pared. Se ubicó para recibir los pases de Messi con la intención de devolvérselos, y la sabiduría para que cada entrega del balón no le redujera el tiempo y el espacio al argentino. Para que cada pase fuera aire. De un modo parecido lo entendió Griezmann, muy hábil oxigenando el juego entre líneas y lo suficientemente cerca del área rival como para que su participación fuera del área no le restara profundidad y finalización a la ofensiva del Barça. No necesitó largos desmarques sin balón para acercarse a Unai Simon, ni para fijar atrás a una zaga anclada desde la posición de Jordi Alba y Dest.

La corrección de Marcelino, que consistió en escalonar defensivamente a sus dos delanteros de manera que Raúl García, en primera instancia, pudiera tapar el pase hacia Busquets y, posteriormente, incrustarse en la línea de medios como un quinto centrocampista, le valió al Athletic para mantenerse en pie, pero no para poder lanzar los puños. Replegado atrás, con varias de sus principales salidas condicionadas por el juego de ataque del Barça, con Piqué y Mingueza llegando puntuales a los intentos de encontrar a Iñaki Williams lanzado al espacio, y con los de Koeman siendo muy conscientes de la importancia de no conceder opciones a balón parado, los rojiblancos vivieron todo el partido muy lejos del gol. Quizá por eso, ya en el segundo tiempo, dio la impresión de que el Athletic se propuso aumentar moderadamente su presión con la intención de ser más peligroso en su robo, un riesgo que se combinó con una mayor determinación de la circulación culé para dinamitar el encuentro y traducir en el marcador la superioridad mostrada por el Barça sobre el césped. Los de Koeman generaron más ante un rival más abierto, que concedía más espacios entre líneas y que sintió cada golpe como un KO. Hasta cuatro sumó en apenas un cuarto de hora, para disfrute de un Barça que, a lomos de Messi, Griezmann, De Jong o Piqué, se cobró la recompensa.

 

– Foto: Pressinphoto Shutterstock

Comments:1
  • Peter Parque 18 abril, 2021

    Gran texto como siempre.

    El primer párrafo, podría hablar perfectamente sobre Pedri.

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