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La voz más potente

La voz más potente

Para Ronald Koeman, el comienzo de la historia no podía ser más perturbador. Tenía la necesidad de renovar un proyecto, de iniciar el nuevo camino una vez constatado que el anterior no conducía a destinos agradables. De comenzar un nuevo relato. Sin embargo, debería hacerlo prácticamente con las mismas herramientas que sus antecesores, sin mucho margen para incorporar argumentos en el mercado de fichajes y con una sombra de interinidad subrayada por el cambio de junta directiva previsto para el fin de curso. Por si fuera poco, la continuidad de Messi estaba, como mínimo, comprometida. Ronald debía darle la espalda al pasado pero heredando a sus protagonistas, mirar hacia el futuro sin saber si formaría parte de él, y afrontar el presente con su principal valor en entredicho. Y es que Leo es el dueño del tiempo, el engaño que viste de proyecto final lo que apenas es un esbozo. Una explicación fuera del guion gracias a la cual sumar goles, puntos y victorias a la espera de que la historia corone la coherencia de los resultados. Un escudo en el que ampararse para trabajar, y bajo el paraguas del cual dar forma a todo lo demás. La salvación para competir individualmente antes de poder hacerlo como equipo.

Quizá por la inesperada situación del argentino el pasado verano, y debido a las dudas acerca de su continuidad en el club, Koeman arrancó su aventura como entrenador culé de un modo distinto a quienes le precedieron. En lugar de situar a Messi en el núcleo, lo usó como corona. Como guinda para un pastel que, ordenado a partir de un 1-4-2-3-1, pudiese tomar cuerpo de espaldas al diez. Un Barça con Leo como diferencial toque final, diferenciado de tantos otros que lo habían recibido como principio. Un Barça con dos pivotes, un mediapunta y dos extremos, sin rutas adaptadas a los particulares recorridos del Diez. Con todas las zonas ocupadas por detrás, para Leo quedaba el área. Su voz debía aparecer al final del libro, tras páginas y páginas de secundarios hablando de él. Sobre el papel, ningún otro pie que habitara la tierra igualaba a su bota izquierda en amenaza, de modo que cuanto más cerca estuviera ésta de la portería contraria más fácilmente activaría su gran valor. Leo sólo tenía que esperar.

Sucede que Messi es un delantero distinto. Por su talento y por la manera que ha tenido el fútbol de alimentarlo. Un delantero que nació como un mediapunta enamorado de la pelota, para quien cada cambio ha ido acompañado de una promesa. Siempre de la misma promesa: más balón. «Yo lo que quiero es recibir la pelota, y tenerla un rato largo«. Así lo convenció Frank Rijkaard de abandonar el centro para jugar en banda, seducido por los espacios que le ofrecía una orilla menos congestionada y lejos de las atenciones que juntaba en el otro lado del campo su primer mentor. La banda derecha para recibir el balón y sortear a cuantos rivales se interpusieran entre él y la portero rival: Cuando llegué al primer equipo, Rijkaard me mandó jugar en la derecha. Era una posición totalmente nueva para mí, pero me fui acostumbrando poco a poco (…) Con el tiempo le cogí cariño a la posición. Me acostumbré rápido porque jugar a pierna cambiada me hacía fácil entrar para dentro con mi pierna fuerte y tener una vista del campo delante mío”. La promesa no cambió cuando Guardiola lo devolvió al carril central. Con Pep, Messi jugaría como falso nueve, entre los centrales y los pivotes del adversario, pero ni la acumulación de rivales ni la falta de espacios iban a privarle del balón. Leo no podía esperar. Aun siendo delantero, su vínculo con el esférico debía ser tan estrecho como el de cualquier centrocampista.

Lo sabían el entrenador y el resto de jugadores. Como muestra, dos botones, el primero obra de Dani Alves y con el pase entre el lateral y Messi como protagonista: «Yo hacía mucho un pase que a Guardiola no le gusta mucho. Hablo del pase del lateral al extremo. Ese pase es un pase falso. Para que el balón llegue bien al extremo el pase tiene que ir de la banda al medio y del medio a la banda. Pero yo muchas veces le daba ese pase a Messi. Hablé con Guardiola y le dije: Míster, si Messi pasa dos minutos sin tocar la pelota, se desconecta del juego. Entonces como Leo tiene que estar preparado para definir la jugada, tiene que estar conectado al partido. Así que yo me voy a encargar de conectarlo». El segundo botón corre a cuenta de Xavi Hernández: «Leo necesita sentirse a gusto en el campo, y cuando hay diez minutos en que no aparece o no ha podido tocar el balón, lo buscaba y le decía que viniera a participar. Él tiene que participar. El mejor futbolista del mudo no puede estar diez minutos sin tocar el balón«. Justamente, pérdidas como las de Xavi o Dani Alves provocaron un progresivo viaje del argentino hacia zonas más retrasadas. Su apetito por la pelota se mantenía intacto, pero cada vez resultaba más difícil que se lo proporcionaran si anclaba su posición en las inmediaciones del área. «Por ahí hoy me tiro un poco más para atrás, intento entrar un poco más en juego«, declaraba hace justo un año.

En parte respuesta ante las dificultades del equipo, en parte un comportamiento aferrado hijo de la costumbre, el caso es que el primer Barça de Koeman no estaba preparado para los descensos del argentino. No era un Barça armonizado a su alrededor, sino un Barça que desembocaba en sus botas. Lo esperaba como desenlace de la historia, y no como narrador. Lo necesitaba como punto final. Si su espacio en el área lo tenían que cubrir los extremos, las bandas pasaban a manos de los laterales, situación que reducía la capacidad de desborde exterior en ataque y que en defensa, sin interiores situados a medio camino entre los laterales y los centrales, abría enormes latifundios a sus espaldas. Si por contra el encargado de acompañar el movimiento de apoyo del argentino con un desmarque equivalente hacia el área era el mediapunta, como antaño hicieran hombres como Cesc Fàbregas o Arturo Vidal, la presencia de dos mediocentros dejaba sin socios al 10 en tres cuartos de campo. El mapa final resultaba similar a esto: Un Barça con muchos jugadores por delante del balón y con Messi jugando más cerca del círculo central que del portero rival. Con más receptores alejados que socios cerca del argentino, el ataque solía desarrollarse entonces a partir de una jugada individual con escasas perspectivas de éxito, o de un servicio de Leo Messi con intenciones de quarterback. Una asistencia final desde el centro del campo, con las líneas separadas y un escenario poco favorecedor para presionar la pérdida. Y en estas llegó el 1-4-3-3.

Después de hilar una serie de pruebas y ajustes en el guión que no llegaron a asentarse como tendencia, Ronald Koeman ha encontrado la solución a su particular rompecabezas en un cambio de dibujo. Dejando atrás la fórmula que inicialmente pretendió para su centro del campo, con dos jugadores más retrasados y sólo uno adelantado, para invertir los equilibrios y cerrar con un mediocentro a la espalda de dos interiores. Un cambio que, no obstante, se empezó a gestar algunos meses antes, en el rastro de las pistas que le dejaron al técnico dos partidos. La victoria en Turín durante la fase de grupos de la Champions League y la vista del Betis al Camp Nou en Liga enmarcaron dos victorias culés y, sobre todo, dos de sus actuaciones colectivas más fluidas hasta ese momento gracias al papel que desempeñaron dos jugadores en ambos partidos: Pedri y Dembélé.

Pedri, el nuevo socio de Messi:

Con apenas 18 años, Pedri se ha convertido en un futbolista fundamental en el juego del Barça. Por su impacto individual pero, más todavía, por su influencia sobre quienes le rodean. Ya sea empezando desde la banda como meses atrás o partiendo en el interior izquierdo desde el paso al 1-4-3-3, su función está directamente relacionada con la comodidad de Messi en tres cuartos de campo. Es su nuevo socio favorito, debido a una relación que descansa sobre cuatro patas.

En primer lugar, el canario introduce una segunda referencia en la zona de la mediapunta que reparte unas atenciones que, sin él, se enfocarían exclusivamente sobre Leo. Pedri es espacio. En segundo lugar, se trata de un jugador capaz de facilitarle la recepción adelantada a Messi, de modo que el argentino no se vea forzado a retrasar su posición para recibir el balón. Pedri es altura. En tercer lugar, dado su dinamismo y tendencia a orbitar alrededor de Leo para darle oxígeno sin cerrarle ninguna puerta, es la réplica que asume el relevo de Messi en la mediapunta cuando el argentino interviene cerca de la base de la jugada. Se trata de una compensación útil a la hora de mantener ocupadas todos los escalones del juego interior, pero que resulta más interesante todavía si se analiza cómo influye en este tipo de situaciones sobre el juego de Messi. Y es que, donde antes Leo sólo tenía la posibilidad de intentarlo con la jugada individual o con un servicio largo hacia compañeros alejados, ahora Pedri le ofrece la opción de avanzar en corto, exponiéndose menos a la pérdida, agrupando al equipo alrededor del balón y permitiendo una ascensión escalonada que da tiempo a que el argentino llegue al área de un modo más natural. Pedri es pausa. Finalmente, en cuarto lugar, el canario viene a cumplir con la misión con la que antaño cumplieron Xavi o Dani Alves: mantener a Leo dentro de la jugada. Lo cuida sin que sea evidente, con pases y apoyos que acompañan al argentino durante todo el ataque. Su fútbol gira alrededor de Messi para que el resto gire alrededor de ellos dos. Pedri es balón.

Dembélé, una chincheta en la derecha:

«Recibí consejos de cuándo atacar, de cuándo tener calma con el balón… me gustaba avanzar solo cuanto tenía el balón, y me dijeron que esperara y que tratara de buscar a un compañero y no de regatear a tres o cuatro rivales. Avancé en el juego de posición«. Ousmane Dembélé está ofreciendo una versión de si mismo diferente a la que el propio jugador conocía. Más paciente sujetándose en banda, menos tendente a acercarse al balón y más selectivo en el riesgo del desborde, su entrada en el once como extremo derecho es otra de las claves tácticas del sistema de juego de Koeman que, como Pedri, mantiene una relación muy estrecha con el juego de Messi. De Ousmane para Lionel, la posición del francés es muy importante para activar el carril derecho y ensanchar el espacio de juego del Diez manteniendo abierto al lateral izquierdo rival, y también como una solución para introducir el esférico en la frontal. Después de haber logrado profundidad por banda, su dejada hacia el interior suele ser una fuente de alimentación clara para Messi igual que en su día lo fueron otros repartidores externos como Neymar o Dani Alves. De Messi para Dembélé, las atracciones que genera La Pulga desde el centro le regalan al extremo situaciones para encarar a su par en el uno contra uno y espacios para poner en valor su atributos físicos.

En el 1-4-3-3 Koeman ha encontrado el refugio perfecto para asentar estos dos recursos tácticos, así como para redondear el plan con ajustes como el que protagoniza Frenkie de Jong. Redescubierto en el papel de interior derecho llegador, el neerlandés es al mismo tiempo socio y complemento. Un tercer centrocampista a través del cual sumar control a la jugada, y a la vez un futbolista que con su irrupción desde la segunda línea y amenaza sin balón suma remate en el área y movimientos por delante de la pareja Messi-Pedri. Un interior de recorridos larguísimos, que abandonando su puesto aclara la zona de recepción a Leo, y que a pesar de su presencia en ataque no renuncia a su característico protagonismo en fase de construcción. Y es que una de las variantes que más ha manejado Koeman a la hora de iniciar la jugada desde atrás ha sido la de sumar a Busquets junto a los centrales formando un primer escalón de tres futbolistas. Se trata de una fórmula que despeja la zona del pivote para las incursiones de Pedri y De Jong, y que permite al Barça buscar la superioridad numérica tanto en el primer pase como en banda, cuando obliga a uno de los delanteros de banda del rival a igualar fuerzas junto a los puntas.

Una vez superada la presión e instalada la jugada arriba, el tiempo que se toma el ataque a través de Pedri, Messi y Griezmann es la garantía para que Busquets pueda recuperar su zona en el mediocentro, marcar sobre el césped la altura defensiva del conjunto azulgrana y levantar el puente que lo conecta con Leo a través del pase. Es cuando esto sucede que mejor respira tanto el ataque como la defensa culé, pudiendo afrontar la transición tras pérdida con muchos futbolistas alrededor del balón y con el rival hundido. Ordenado en el 1-4-5-1 sin balón que permite su nuevo dibujo, sujetando al lateral derecho por detrás del Dembélé y habiendo descubierto un tesoro en Ronald Araújo a la hora de sofocar el fuego y la tendencia a quemarse que viene demostrando el equipo atrás. Un equipo que ha empezado de nuevo. Un equipo que trataba sobre un fulano del que se hablaba todo el tiempo pero que no aparecía hasta el final. Un fulano con una voz tan potente que, si tenía que hablar, debía hacerlo desde el principio.

 

– Foto: LLUIS GENE/AFP via Getty Images

Comments:2
  • Antonio VL 16 febrero, 2021

    Koeman está haciendo un buen trabajo en el Barça, por fin hemos visto el jugador que podía ser Dembele con continuidad y sin los errores en la toma de decisiones que le caracterizaron en sus primeros años. También al mejor De Jong diferente al del Ajax pero mostrando sus virtudes (capacidad física, superar líneas con la conducción y llegada). Increible lo de Pedri lo importaante que esta siendo para su edad, asociándose con Messi, muy dificil quitarle el balón, ayudando en defensa. Todo esto está haciendo que sea vea un gran nivel de Messi. Todavia tiene que seguir el equipo dando pasos hacia adelante, contra el Sevilla se vio la diferencia de un equipo ya hecho contra otro que todavia está en ese proceso.

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  • Iniesta10 18 febrero, 2021

    Yo estoy totalmente de acuerdo con el artículo, y también pienso como Antonio VL. En mi opinión Koeman está haciendo un buen trabajo, y se está atreviendo a probar cosas y jugadores jóvenes. De todas formas, Koeman dijo en la rueda de prensa posterior al partido contra el PSG que al equipo le faltan cosas, y en ese sentido yo me he fijado más en lo que el artículo no dice, que en lo que dice.

    Así pues, está claro que Pedri, de Jong y Dembelé están siendo muy buenos acompañantes de Messi, pero Griezmann no encaja. En mi opinión, encaja muy bien Anssu Fati, pero no Griezmann. Es una lástima la lesión del canterano, porque se entendía bien con Messi, y complementada a todos los demás, aportando profundidad y gol, y por tanto, espacio para Messi.

    Pero hay un asunto todavía más grave, porque en mi opinión, los laterales encajan bien, tanto Jordi Alba entrando al espacio, como Sergi Roberto o Sergiño Dest, que hacen una labor más de apoyo al mediocentro desde la derecha. Pero el gran problema es el triangulo entre los centrales y el mediocentro defensivo, si, entre Busquets, Lenglet y Piqué. En partidos en los que el Barça domina claramente, estas deficiencias no se ven, porque Busquets es un maestro jugando hacia adelante, los centrales tienen muy buena salida de balón, y el el equipo maximiza las fortalezas y esconde las debilidades. Pero las debilidades, aunque escondidas en muchos partidos de la liga, están, y son muy importantes: Creo que Busquets defensivamente es un lastre, ni va bien por arriba, ni es rápido en correr hacia atrás. Creo que ya no tiene físico para jugar la Champions, como se ha visto contra el PSG y en otros partidos anteriores. Ya no ayuda a sus compañeros. En cuanto a Lenglet, no es rápido de giro, y Piqué, su mejor cualidad es contemporizar y lateralizar a los delanteros, pero tampoco es rápido. Por eso el único defensa que ha sobresalido ha sido Araujo, que sí tiene el físico y la rapidez necesaria, y además va bien de cabeza.

    Y ahí es donde se ha visto que, en partidos igualados y de mucha exigencia, como contra el PSG, han habido piezas que han chirriado y mucho. Si tenemos en cuenta que sobre el césped había 7 jugadores que estuvieron en Lisboa, comprenderemos que es lo que está pasando:

    Voy a disculpar a Messi, porque la aportación defensiva que el equipo puede esperar de Leo, es la pura intimidación de los centrocampistas y defensas rivales, pero nada más. También voy a disculpar a Ter Stegen, porque cuando te entran hasta la cocina grandes delanteros como Mbappé, no es fácil para él no quedar goleado. También voy a disculpar a de Jong, porque es de los jugadores que más físico y recorrido aporta, y creo que hace bien su trabajo. Pero a partir de ahí, los demás quedan ya claramente retratados: Griezmann, que es un gran jugador, y así lo demuestra en algunos partidos en los que está inspirado, pero es una pieza que no encaja, y eso se nota en los grandes partidos, en los que suele hacer malos partidos, no por falta de calidad individual, sino porque no encaja. Y después está el triangulo mágico (Busquets, Piqué y Lenglet) que siempre quedan retratados. En cuanto a Jordi Alba, es un caso parecido a Busquets, ataca muy bien, pero defendiendo la cosa cambia, aunque en mi opinión, fisicamente todavía está mucho mejor que Busquets, que para mi es un exjugador para el alto nivel.

    No puedes salir en champions con Busquets como mediocentro defensivo, es muy lento hacia atrás, y contra rivales complicados, en algún momento tendrás que corregir por físico. El caso de Busquets es tan claro y desde hace ya tanto tiempo, que sonroja ver lo protegido que está, más teniendo en la cantera a Oriol Busquets y a Jandro Orellana, que creo que en este momento lo mejoran claramente. Es un jugador que está ya más para enseñar a los jóvenes, que para ser titular en champions.

    No se si es que no se atreven, pero alguien tendrá que denunciar que el Barça, defensivamente es un coladero, y a cada año que pasa lo es más aún. Si no se toman cartas en el asunto, puede que el PSG, en París, nos haga lo mismo que el Bayern en Lisboa.

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