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Reclamos, anzuelos y centrales

Reclamos, anzuelos y centrales

Christensen,Thiago Silva, Rüdiger, Militao, Sergio Ramos y Nacho. Los onces titulares de Chelsea y Real Madrid juntaron hasta seis centrales sobre el césped de Stamford Bridge. Se trata de una circunstancia cada vez más habitual, teniendo en cuenta el reciente auge de los esquemas con tres centrales a través de los cuales cada vez más entrenadores buscan incorporar un futbolista más a su salida de balón y dar alas a sus carrileros tanto a la hora de proyectarse por banda como de presionar al lateral contrario. Por parte local, Thomas Tuchel, uno de los nombres propios del curso por cómo en unos meses ha logrado darle aspecto de proyecto madurado al conjunto blue, empleó sus recursos de un modo similar a la ida, con una formulación táctica prácticamente idéntica en la que la entrada de Havertz por Pulisic en la parcela centro-derecha del ataque fue la única novedad.

Quien más agitó sus ideas con respecto al primer duelo disputado en Valdebebas fue Zinedine Zidane, en cuanto al reparto posicional y, sobre todo, a la asignación de funciones. Sobre el papel, los madridistas formarían igualmente con una última línea integrada por tres centrales y utilizando como carrileros a Mendy y Vinicius a los flancos de un rombo en el que Hazard ejercería de vértice superior justo por detrás de Benzema. Con el balón en juego, sin embargo, el esquema visitante fue mutante, pues si bien en defensa construía una zaga de cinco como la descrita, a la hora de organizarse con balón la última línea del Madrid pasaba a estar formada por cuatro futbolistas. Su principal singularidad, sin embargo, residió en el hecho de que la mencionada mutación no tenía su origen en el salto de uno de sus integrantes -presumiblemente Vinícius-, sino de dos. Los de Zidane arrancaban la jugada con cuatro jugadores atrás, pero sin que ni Vinícius ni Mendy estuvieran entre ellos.

Con los teóricos carrileros desplazados hacia arriba para ocupar en ataque unas bandas sin más destinatarios, el desarrollo ofensivo visitante pasó por la lateralización tanto de Militao como de Nacho, de tal modo que junto a Sergio Ramos -central derecho- se habilitara un espacio para la caída de uno de los centrocampistas. Casemiro, Kroos o Modric se alternaron, pues, al lado del capitán madridista vestidos como circunstanciales centrales izquierdos (Imagen abajo a la izquierda). Por momentos tampoco Nacho integró la primera línea de cuatro de su equipo, cediendo su plaza en el lateral izquierdo para el acercamiento de Toni Kroos. Por delante de Courtois, en más de una ocasión el Madrid ocupó el primer escalón de la jugada con Militao, Sergio Ramos, Casemiro y Kroos repartidos de derecha a izquierda.

Detrás de este ajuste probablemente es escondiera la intención de Zidane de retar a la estructura defensiva del Chelsea de manera que la lucidez técnica de los iniciadores absorbiera la atención blue, extrajera piezas de su mediocampo y generara los espacios interiores para Hazard que el Madrid no pudo disfrutar en la ida. Además, llevando la presión de los de Tuchel hacia la zona de Kroos, conseguiría el Madrid aclarar la jugada en el otro extremo del campo para que el desequilibrio de Vinícius retara al eslabón presumiblemente más débil de la zaga blue. Pero el Chelsea no mordió el anzuelo. Mantuvo, como en la ida, un bloque defensivo más orientado a la defensa del segundo escalón madridista -el de los receptores- que del primero -los pasadores- (Imagen arriba a la derecha), con el nuevamente imperial N’Golo Kanté dominando la zona y cerrando los caminos hacia Hazard. Los de Tuchel no se abrieron por dentro ni sufrieron por fuera, cerrando el carril izquierdo madridista con Azpilicueta y aprovechando la incomodidad y el desatino de Vinicius en la derecha para que Chilwell saliera indemne del reto que le lazó Zizou.

Si bien el intento madridista no consiguió separar las piezas de su adversario, sí propició que lo hicieran las suyas. Con uno o dos centrocampistas sacando el balón incrustados en la defensa y dos teóricos centrales abiertos en banda, cada uno de sus futbolistas pareció una isla. A la combinación por dentro, ya de por sí protegida por el bloque rival, le faltaron actores, y la alternativa de progresar por fuera se topó con la falta de líneas de pase prometedoras hacia sus atacantes más externos. Sin la posibilidad de encontrarlos desde el carril central, el recorrido que más frecuentó el esférico para dar con Vinícius o Mendy fue el envío vertical desde las posiciones de Militao y Nacho / Kroos en banda que, en paralelo a la línea de banda, facilitó la anticipación de los carrileros blue sobre la recepción de espaldas de sus homónimos madridistas. A la inversión merengue en los primeros pases no le acompañó la continuidad en el segundo escalón del juego, donde se producía la pérdida en situación de vulnerabilidad. Y es que como en su planteamiento la línea defensiva no la formaban los mismos futbolistas en ataque y en defensa, en el prematuro tránsito de una fase a otra la retaguardia del Madrid descubrió demasiados agujeros (Imagen abajo a la izquierda).

Cuando logró que el balón no cambiara de bando en el centro del campo sino cerca de la meta de Mendy, la propuesta de Zidane compartió algunas bases con las de su adversario, pues, como él, concedió cierto respiro a los centrales del Chelsea a cambio de mantener las líneas juntas. Ocurrió que a la hora de gestionar este escenario, el planteamiento local asignó una mayor responsabilidad en el inicio a sus zagueros, sin buscar relevos que llevaran hacia atrás a Kanté o Jorginho, y sacando ventaja de las conducciones con pelota tanto de Christensen como de Rüdiger (Imágenes abajo). Después de que la salida de balón cambiara de frente, ambos tenían el claro encargo de progresar con el esférico, adentrarse en campo rival y retar a un centrocampista blanco para separarlo de sus compañeros de línea. Imantar a Luka Modric o Toni Kroos, habilitar su espalda para la aparición de Mount, Kanté, Havertz o, más tarde, Pulisic, y que ellos, a su vez, rompieran el orden de la zaga madridista sacando de posición a uno de los centrales (Imagen arriba a la derecha). En la estructura de pierda que ha construido Tuchel, el técnico alemán ha dejado espacio para que pueda brotar el agua.


-Foto: Adam Davy

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