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Guardiola contra Neymar

Guardiola contra Neymar

Guardiola lo aprendió en Alemania. Sin Xavi, Iniesta o Sergio Busquets, la capacidad de su equipo a la hora de no comprometer nunca el control del esférico no era la misma y la posibilidad de que durante el partido sólo ocurriera aquello que él deseara se reducían. Habría más puertas abiertas que en aquel tiempo en el cual podía cerrarlas todas y, aun así, atravesarlas al compás de la sinfonía que encabezaba Leo Messi. Sin el argentino, además, el boxeador más contundente no estaría siempre de su lado, por lo que la pelea por alcanzar la Champions League le depararía duelos contra individualidades aparentemente superiores a las suyas. Pep no tendría a Messi o a Cristiano Ronaldo. Tampoco a Neymar. Pero debería estar preparado para enfrentarlos. La amenaza del brasileño ha dormido en el núcleo del doble enfrentamiento librado por el Manchester City y el PSG para ganarse un puesto en la final. Un premio finalmente skyblue que el conjunto inglés ha conseguido asumiendo que para minimizar las armas más dañinas de su adversario no podía ser el City de diario. Se ha vestido para la Champions como quien se viste para una ocasión especial.

En la idea, la traducción de esta idea pivotó sobre dos puntos. En primer lugar el refuerzo de la zona del mediocentro con una posición contenida de Gündogan cerca de Rodri Hernández, y en segundo la apuesta por una presión menos agresiva que de costumbre que concedía libertad a los centrales parisinos a cambio de no separar más de la cuenta las líneas abriendo espacios a al recepción de Neymar. Sólo tras el uno a cero de Marquinhos el City alteró el plan. Así las cosas, con el resultado favorable cosechado en Francia, para el duelo definitivo Guardiola recuperó estas dos cuestiones, y las subrayó con la presencia en el once de Fernandinho en lugar de Rodri para asegurar la parcela del centrocampista más próximo a la zona favorita de Ney con la alternativa más solida de la plantilla citizen. El brasileño, aliado con Gündogan, completaría el cuadrado defensivo junto a los centrales del Manchester City. La contención en la presión, pues, le permitió al Paris Saint Germain cierta comodidad trasladando la pelota hasta la mitad local, al son que indicara la dirección de Marco Verratti.

Aunque sobre el papel se trate del escenario defensivo menos habitual en los partidos del equipo de Guardiola, y el que menos parece encajar con las mejores virtudes de sus protagonistas, en este contexto de juego el conjunto inglés exhibió una solvencia que, hasta ese momento, no se le reconocía como propia. Volcó todo lo aprendido sobre las inmediaciones del área de Ederson, entendió el momento y el lugar del tramo que le tocaría competir, y se apoyó en la influencia de Rúben Dias para compactar su estructura de repliegue. El central portugués, nombre propio de la noche por parte local, es un contagio. Un aporte individual trufado de gestos técnicos y decisiones tácticas de altísimo nivel orientadas a la contención, que a su vez repercute positivamente en la seguridad de quienes le rodean. Cuando juega con ellos, Rúben Dias consigue inocular algo de él en futbolistas como Stones, Zinchenko, Walker o Gündogan.

Además de la respuesta sin balón del City, los de Guardiola encontraron cierto alivio en las dificultades que experimentó el PSG para activar de un modo profundo las bandas. Ausente Mbappé, la tendencia a acercarse hacia la mediapunta que tienen sus dos extremos no encontró el relevo del delantero, y sobre todo en la izquierda la presencia de un jugador como Diallo hizo difícil que la profundidad del carril la asumiera el lateral. Las atenciones del City pudieron concentrarse en el centro del ataque, con Walker y Zinchenko llevando sus ayudas hacia dentro y poco obligados a girarse. Durante muchos tramos, los laterales locales trabajaron sin balón más cerca de los centrales o de los mediocentros que de la línea de banda. Sí tuvo más dificultades el cuadro local para cerrar las conducciones interiores de Neymar y Di Maria a la espalda del mediocampo, si bien los dos atacantes del PSG no encontraron en Icardi un aliado para traducir todo el potencial amenazador de estas situaciones. El delantero centro participó muy poco con el balón, no fue punto de apoyo por delante de la pelota y su escasa movilidad provocó que los centrales citizen pudieran conservar la posición como última barrera.

Mejor repartidas estuvieran las tareas en el equipo de Guardiola a la hora de organizar su avance con balón, utilizando a Fernandinho, Gündogan, Bernardo Silva y De Bruyne para atraer a los medios y a los defensas visitantes a diferentes alturas, y lanzando sobre la profundidad de Mahrez o los laterales para amenazar el espacio. «Jugar con Ederson es como jugar con Ronald Koeman de portero«, aseguró en 2018 el técnico del Burnley Sean Dyche. Al respecto, el cruce entre las necesidades de los de Pochettino, la evolución del marcador y los peligros del City provocaron que los visitantes modificaran en varias ocasiones la actitud de sus centrales en la presión. Inicialmente más agresivos y tendentes a la anticipación, más prudentes tras el uno a cero y de nuevo arriesgando tras el descanso. No fue la única novedad de la reanudación, pues la vuelta de tuerca de Pochettino pasó también por darle a Ander Herrera una posición más agresiva desde el interior derecho, situando al español por delante de Paredes y Verratti tanto en ataque como a la hora de frenar el avance rival.

La corrección de Guardiola, en este caso, se centró en la defensa de los apoyos interiores de Neymar y Di María, extremando el carácter interior de sus dos laterales también en el desarrollo de la transición ataque-defensa. Ante la falta de relevos parisinos cuando los extremos abandonaban la cal, tanto Zinchenko como Walker pudieron mudarse con ellos a la espalda de Fernandinho y Gündogan. La segunda intervención de Pochettino murió a los segundos de nacer, pues la doble sustitución de Draxler y Moise Kean por Ander Herrera y Mauro Icardi vino seguida del gol de la sentencia local. A pesar de eso, los minutos del delantero italiano dejaron entrever el acierto de la decisión, pues su movilidad y participación resultó claramente superior a la que había tenido Icardi y que tan cómodo había hecho el trabajo defensivo a los centrales del City. De unos Rúben Dias y John Stones convertidos en la sorprendente cara de la clasificación de los de Guardiola para la final.

 

-Foto: Trenka Atilla

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