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Guardiola y la pirámide (1-2-3-5)

Guardiola y la pirámide (1-2-3-5)

El fútbol va muy rápido. Una de las nuevas tendencias del fútbol europeo, a propósito del posicionamiento de sus jugadores, pasa por formar líneas de ataque prácticamente compuestas por cinco hombres, a través del carácter ofensivo otorgado a unos interiores cada vez más socios del delantero centro. Mediocampistas cuyo fútbol nace al lado del mediocentro, pero que rápidamente buscan escalar hacia el área o su frontal, incluso aunque el balón se encuentre muchos metros por detrás de su zona. Mientras esta historia poco a poco está dejando de ser puntual para convertirse en norma, el Manchester City de Pep Guardiola parece haber inaugurado el tercer capítulo de la misma en este inicio de temporada. El vínculo del técnico de Santpedor con los interiores-delanteros arranca en Múnich, con el empleo puntual de futbolistas como Robben, Ribery, Müller o Douglas Costa en las posiciones que en Barcelona había reservado para Xavi Hernández o Andrés Iniesta: “¡Mírame, yo, el abanderado de los centrocampistas, jugando con cinco delanteros!«. Sin las soluciones que antaño le había proporcionado Leo Messi en los últimos metros, Pep se propuso exprimir la pizarra también en las inmediaciones del área rival.

El segundo capítulo, ya en Manchester, también tuvo como protagonista a una ausencia. En el tercer curso de Pep como entrenador del City y tras ganar por primera vez la Premier League, la temporada 2018-19 del conjunto skyblue vino marcada por los problemas físicos de Kevin de Bruyne, que alejaron al belga del equipo durante muchas semanas. Apenas pudo disputar once partidos de liga como titular. En su lugar, Guardiola volvió a recurrir al uso muy adelantado de sus dos interiores, puestos que por lo generar ocuparon David y Bernardo Silva. En este caso, la intervención de los interiores en el último tramo del campo estuvo relacionada, sobre todo, con la llegada. Avanzando conjuntamente con el balón, internándose en el espacio abierto entre el central y el lateral contrario, o atacando la línea de fondo con desmarques dentro-fuera, su carácter de delantero aparecía solo al final. En el desenlace.

Las dos jornadas que se llevan disputadas en la nueva temporada de la Premier League, sin embargo, ha presentado una tercera versión de los interiores-delanteros del Manchester City. Una en que su peso en la última línea no se da únicamente cuando la jugada alcanza fases de definición, sino que arranca desde momentos mucho más iniciales de la jugada. Desde que el esférico descansa en los pies de los centrales, los laterales o el mediocentro ya es posible ver a Gündogan, Grealish o Bernardo Silva situados a la misma altura que el delantero centro, cuando no, incluso, por delante cuando éste se acerca al mediocampo para recibir en el apoyo (Imagen abajo a la izquierda). Así ocurrió ante el Tottenham y así ocurrió, de forma más marcada si cabe, el sábado ante el Norwich, esta vez con el fichaje estrella del City ocupando el extremo izquierdo. De hecho, Jack Grealish resultó uno de los hombres más beneficiados por el planteamiento, pues a pesar de las exigencias posicionales con las que cargan los extremos del conjunto citizen, el equipo en todo momento encontró la forma de hacerle llegar el balón.

Por detrás del ex del Aston Villa, la entrada de Aymeric Laporte y un posicionamiento más interior de ambos laterales en fase de construcción abrían la conexión entre el central izquierdo y Grealish, al tiempo que, por delante, la presencia de Gündogan como sobrevenido delantero sujetaba a Max Aarons, su teórico marcador. Ilkay, situado entre Grealish y Ferran Torres en línea de atacantes, obligaba al lateral derecho visitante a cerrar su posición y a concederle aire a la recepción abierta del extremo inglés (Imagen arriba a la derecha). A partir de ahí, si Aarons optaba por recuperar su puesto en el costado, Gündogan quedaba libre para atacar la profundidad o para recibir el pase atrás de su compañero, y si la solución del Norwich pasaba por retrasar a su centrocampista de banda entonces era Joao Cancelo el citizen sin marca, ya fuera sumándose por fuera o por dentro.

En varios momentos del encuentro, de hecho, la altura que tomaban los interiores del City en ataque provocó que alguno de los medios rivales terminara convertido en una suerte de quinto defensa. Sucedió sobre todo en el perfil izquierdo de la zaga de los Canaries, donde Lukas Rupp seguía a Bernardo Silva hasta situarse en paralelo con Gibson y Hanley. En este sector, el desarrollo del ataque local fue diferente, y se centró en explotar este carácter híbrido de Rupp condicionado por los movimientos de Silva (Imágenes abajo). Hasta tres de los cinco goles del Manchester City reprodujeron un esquema parecido: Después de iniciar la acción muy arriba convirtiendo a Rupp en un tercer central, el interior derecho skyblue abandonaba la línea arrastrando con él al alemán. El movimiento abría un enorme espacio entre el central izquierdo del Norwich y su lateral izquierdo, lo que aprovechaba el extremo derecho local -primero Gabriel Jesus, después Riyad Mahrez-, bien para encarar en el uno contra uno o bien para lanzar el desmarque fuera-dentro hacia el enorme espacio abierto en el corazón de la defensa rival.

 

 

– Foto: Paul Chesterton

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