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La lección de El Ingeniero

La lección de El Ingeniero

En el primer nivel del fútbol europeo, la última década se ha cincelado a partir de la voluntad generalizada de salir jugando desde atrás y del crecimiento que han experimentado las presiones como respuesta. Un fútbol de salidas de balón y defensas adelantadas, que ha ido matizando a su son tanto el juego como algunas de las características de sus protagonistas. Se trata de una evolución que Xavi Hernández no ha vivido en primera persona ni como jugador ni como técnico, pues el fútbol qatarí en el que ha madurado como entrenador mantenía constantes distintas, sobre todo en lo que respecta a la parcela defensiva. El Al-Sadd de Xavi pocas veces se topó con rivales que le plantearan una presión adelantada sobre la construcción desde la defensa, y menos todavía una que se articulara a partir de emparejamientos hombre a hombre y no desde diseños más zonales. Como técnico del FC Barcelona sí tendrá que enfrentarse a ellas, pues ni en la Liga ni en la Champions League resulta extraño que el rival proponga ejercicios de presión individual por todo el campo, obligando a que el libro de instrucciones al que dio forma en Qatar deba ampliarse.

El Barça – Betis del sábado que firmó la primera derrota del egarense desde su regreso al Camp Nou bien podría considerarse una primera prueba, pues el duelo quedó claramente marcado y dividido por la forma en que Manuel Pellegrini corrigió la primera presión de su equipo. Arrancaron los verdiblancos proponiendo a la salida del Barça un emparejamiento en inferioridad, que disponía una vigilancia más o menos personal de Sergio Canales sobre Busquets, y en el que Willian José, como único punta, debía multiplicarse tapando a Lenglet y Araújo (Imagen arriba a la izquierda). Con un hombre libre de partida, el arranque de los azulgranas fue fluido, iniciando a través de sus centrales para encontrar el apoyo de espaldas de Memphis Depay o Coutinho (Imagen arriba a la derecha). Para que tanto el brasileño como el neerlandés disfrutaran de un contexto beneficioso en la recepción, el plan de Xavi contemplaba que Gavi, el interior izquierdo, orientara sus recorridos con y sin balón hacia la zona del extremo izquierdo, arrastrando así a uno de los pivotes del Betis -Guido Rodríguez- y liberando de esta forma la mediapunta culé para las caídas del delantero o las apariciones de Coutinho (Imagen abajo a la izquierda). Con este mecanismo, durante el primer tramo del encuentro consiguió el Barça llevar la pelota hacia arriba, y aunque le faltara atrevimiento en la ruptura a la hora de acompañar los apoyos de sus delanteros, logró con ello la altura ofensiva necesaria para posteriormente poner en marcha la presión tras pérdida.

Ocurrió que Pellegrini acertó a corregir la situación cambiando la forma en que su equipo presionaría el inicio de la jugada culé, una intervención que alteró el curso del partido y la suerte de ambos contendientes. Tras la maniobra de El Ingeniero, el Betis pasó a igualar numéricamente el primer envite, planteando un hombre a hombre a la salida de balón barcelonista incorporando a Guardado junto a Canales y Willian José (Imagen arriba a la derecha). Con los dos últimos tapando a los centrales y el mexicano llevando su posición defensiva cerca de Busquets, los locales se ordenaron en la presión a partir de una estructura de vigilancias individuales que incluso permitió ver a Bartra o Víctor Ruiz persiguiendo a uno de los interiores del Barça más cerca de Ter Stegen que de Rui Silva (Imagen abajo a la izquierda). En consecuencia, la salida de balón del Barça perdió la posibilidad de desarrollarse con un hombre libre, y sin hombre libre el avance local se encasquilló, restando profundidad a los ataques y eficacia a la presión. Al no poder iniciar la defensa desde la altura conseguida previamente desde la posesión, los culés afrontaron una fase defensiva más forzada y menos ordenada, en la que sus jugadores estaban obligados a grandes y exigentes esfuerzos físicos para cerrar los caminos de su rival. Resentida la capacidad de robo del Barça, el Betis creció en el partido, apoyándose en Canales para romper la presión, en Willian José para jugar de espaldas y habilitar la banda, en Álex Moreno para correr por fuera y en Juanmi para atacar el área.

La respuesta de Xavi a la situación pasó por la ubicación de Busquets entre centrales en el nacimiento de la acción, bajando al mediocentro para que Guardado no llevara tan lejos su persecución, y dibujando por momentos una suerte de 1-3-4-3 con los laterales convertidos en carrileros y los tres delanteros tendiendo al carril central (Imagen arriba a la derecha). La cara más positiva de la medida llegó con la entrada al campo de Dembélé y Frenkie de Jong, haciendo llegar el balón a los pies del galo para que éste ejerciera como el principal factor de desequilibrio e intimidación del equipo. Encontrando un jugador libre en la salida de tres, ganando metros a través de los carrileros, fijando por dentro con De Jong y habilitando a Ousmane en el pico del área grande para agitar la jugada. El protagonismo del francés, más presente en el carril central que en la banda, no obstante, también escondió un peaje. Contagiada su aceleración y emparentado su impacto tanto con la precipitación como con una irregular toma de decisiones, el Barça generó más peligro pero también se abrió más y perdió el esférico estando menos preparado para la transición ataque-defensa. El inicio tan retrasado de Busquets (Imagen abajo a la izquierda) dificultaba que el mediocentro se encontrara lo suficientemente cerca del balón en el momento de realizar la presión, al mismo tiempo que la presencia adelantada de ambos laterales convertía sus respectivas espaldas en dos presas muy apetecibles para los contraataques del Betis (Imagen abajo a la derecha). Sacando a banda a Araújo o Lenglet, con el consecuente debilitamiento de la defensa del área de Ter Stegen. Y no hay dudas de que el guardameta alemán necesita que sus defensas lo protejan.

 

 

– Foto: Fran Santiago/Getty Images

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