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Xavi contra el meteorito

Xavi contra el meteorito

A veces las mejores definiciones aparecen donde menos se espera. Sobre la importancia y efectos de recibir un balón entre las líneas defensivas del equipo rival, pocos episodios han hablado más claramente que una escena de la película Armageddon, en la que un grupo de científicos evalúa sus opciones para hacer frente a un meteorito que amenaza con impactar en la Tierra: «Imaginen que hacen estallar un petardo en la palma de su mano. ¿Qué ocurre? Se queman la mano, ¿verdad? Ahora imaginen que cierran el puño alrededor del mismo petardo. ¿Qué ocurrirá cuando estalle? Les tendrán que abrir los tarros de ketchup por el resto de sus vidas«. Poder filtrar un pase entre líneas, encontrando a un futbolista capaz de proteger el cuero, girarse y atacar la siguiente línea resulta una solución especialmente valiosa cuando se enfrentan bloques más o menos replegados y poco dados a la anticipación precipitada, y es un recurso que desde el adiós de Andrés Iniesta el Barça extraña en más de una ocasión, multiplicado ahora por la partida de Leo Messi. Así, sin ir más lejos, encontrar a Gavi o Nico en tres cuartos de campo fue una de las principales dificultades que encontró el equipo de Xavi en su visita al Nuevo Los Cármenes.

Saltaron al césped los culés con un 1-4-3-3 de extremos abiertos, laterales prudentes a la hora de tomar altura en ataque, e interiores inicialmente muy adelantados situados en un escalón distinto al mediocentro (Imagen abajo a la izquierda). Tratando que los pases que la defensa o Sergio Busquets lanzaran hacia ellos sirvieran para agrietar la medular local, y pretendiendo que su amenaza interior concentrara las ayudas del rival por dentro facilitando el aclarado en banda para los extremos, tanto Nico como Gavi representaron un papel que en más de una ocasión los llevaría más cerca de De Jong que del pivote, y que por momentos incluso los lanzó por delante del nueve (Imagen abajo a la derecha). Sin embargo, a pesar de su adelantada ubicación, tanto al equipo como a ellos mismos les costó mucho activar su juego a la espalda del mediocampo del Granada, en parte por la proximidad de las dos últimas líneas de los andaluces, por la buena labor de Milla y Gonalons, por las propias características de los canteranos culés y por algún que otro desajuste colectivo a la hora de poner en práctica el plan.

Más fácil le resultó a los barcelonistas encontrar entre líneas a Luuk de Jong, llegando en aproximación desde la punta del ataque para descargar de espaldas y tocar hacia atrás. Se trató de un mecanismo que, especialmente durante el primer tiempo, el Barça trató de explotar, pero que a pesar de la capacidad del neerlandés para ganar la posición por delante de Víctor Díaz o Torrente tampoco dio lugar a un atajo demasiado despejado para los ataques azulgranas. Con Nico y Gavi tan adelantados, probablemente con la intención de que fueran ellos quienes aprovecharan el espacio que dejaban los centrales del Granada persiguiendo a De Jong, las opciones de descarga para Luuk se reducían, con lo que muchas veces su devolución se traducía en una simple combinación horizontal entre Busquets, Alves, Jordi Alba y los centrales. Además, transformados los dos interiores culés en eventuales delanteros, ubicados por delante de la línea de balón, también su participación en la recuperación quedaba más comprometida, agrandando las distancias entre los futbolistas barcelonistas y permitiendo cierto desahogo al conjunto de Robert Moreno a la hora de lanzar sobre el juego de espaldas de Jorge Molina o sobre la amenaza en profundidad de Suárez, Machis o Antonio Puertas.

Sin apenas continuidad haciendo circular el balón por dentro, al Barça le quedó la alternativa del juego exterior, una opción que extrañó mayor capacidad de uno contra uno en el perfil izquierdo y un desempeño menos errático de Dembélé en el derecho, pero que sí encontró una vía fácil de generar peligro en los centros hacia De Jong. Especialmente cuando iban a lomos de la lectura y la técnica de Dani Alves. Muy participativo desde la salida de balón y aprovechando la altura de los interiores para ganar peso a la derecha de Sergio Busquets, el talento ofensivo del brasileño no solo le sirvió al Barça para adelantarse en el marcador, sino también para detectar la solución con la que desatascar sus ataques más allá del centro lateral. Y es que, a parte de los balones aéreos en busca de De Jong, las jugadas más prometedores de los culés durante el primer tiempo vinieron precedidas de un desmarque vertical de Alves por el interior, obligando a que el lateral izquierdo del Granada tuviera que cerrar su posición y que, de esta forma, se le limpiara el carril al extremo derecho del Barça. Quien de forma más clara recogió la señal de Dani tras la reanudación fue Gavi, que arrancó el segundo tiempo insistiendo de forma clara desde el interior izquierdo en este tipo de movimiento. Antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora de la segunda mitad, el canterano ya había dibujado tres carreras verticales sujetando por dentro a Quini para que Jutglà (o más tarde Abde) apareciera libre en banda, incluida la jugada del 0-1 (Imagen abajo).

No obstante, a pesar de personificar la mejora inicial del equipo después del descanso, la actuación de Gavi en Granada quedó marcada por su expulsión, tanto por lo que respecta a la contribución individual del jugador como al impacto futbolístico y emocional que tuvo sobre el resto del equipo. Acostumbrados a convivir con la fatalidad, para algunos de sus compañeros la inferioridad numérica se tradujo en una respuesta límite. Un petardo en un hormiguero. Un estado de desconfianza, nervios y ansiedad que convirtió en inevitable el empate local. A nivel futbolístico, se dieron la mano los dos grandes problemas que castigan al Barça a la hora de gestionar una ventaja en el marcador. Por un lado, su incapacidad para defenderse con el balón, jugando con la necesidad del rival para forzar el fallo y castigarlo con un golpe final. Por el otro, su fragilidad tratando de sobrevivir sin la pelota, acumulando errores, debilidades y desajustes cerca de su propia área. Sin capacidad para cerrar la banda, ser compacto por dentro o imponerse en su área. Condenado a caer. Un final trágico que el propio Barça conoce antes de que su rival se lo imagine. Cuanto más empeño pone en ahuyentarlo, más cerca lo tiene.

 

– Foto: JORGE GUERRERO/AFP via Getty Images

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