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Un tema delicado

Un tema delicado

Marc-André ter Stegen alcanzó su punto álgido como guardameta entre 2017 y 2019. Fue en ese momento cuando junto a sus innegables atributos técnicos y físicos, el alemán consolidó unos fundamentos a la altura en cuanto a interpretación, colocación y posicionamiento. Su extensísismo abanico de golpeos jugando el balón con los pies, por ejemplo, se dio la mano con una más madura toma de decisiones y una casi infalible capacidad para encontrar al hombre libre tanto en corto como en largo. Bajo palos, por su parte, Ter Stegen impulsó su potencia y reflejos en la atajada con una serie de mejoras que agrandó su figura en la portería hasta hacerla parecer prácticamente infranqueable.

En primer lugar, adelantó ligeramente su posicionamiento respecto a la línea de gol, lo que le permitiría más dominio del área y una mayor capacidad para intervenir sobre los ángulos del disparo a cambio de perder tiempo de reacción. Para que eso no fuera un problema, la segunda evolución del guardameta consistió en pasar de esperar la acción del delantero dando saltos sobre su posición a hacerlo apoyado sobre las puntas de los pies, para que el momento del disparo siempre lo pudiera afrontar en contacto con el césped y con la posibilidad de empezar a impulsarse inmediatamente. Su despegue no tendría que esperar a que sus pies volvieran a tocar el suelo porque no se habrían despegado de él. Finalmente, pero no menos importante, Marc-André también ajustó la abertura de su apoyo, reduciendo la separación entre un pie y el otro para aumentar su capacidad de llegar a los disparos altos pudiendo proteger, también, los dos ángulos superiores de la portería.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, cada vez cuesta más reconocer esos cambios en el juego del alemán. Vuelve a vivir más cerca de la línea, a esperar el tiro dando saltos en su posición y a buscar la seguridad en un apoyo muy ancho. A esto se suma, además, una utilización menos firme de su pierna derecha tanto a la hora de impulsarse como a la hora de apoyar, un hecho especialmente peliagudo teniendo en cuenta sus últimas lesiones en la rodilla y que ha dado como resultado un lado derecho de la portería culé mucho más vulnerable que el izquierdo. Por todo esto, pocas misiones más importantes tendrá el Barça durante los próximos meses en materia de planificación deportiva que esclarecer el orden correcto de los factores que pueden haber intervenido en el bajón de rendimiento de Marc-André Ter Stegen. En dilucidar si las dudas futbolísticas han hecho que el portero pierda confianza en su pierna operada, o si realmente el meta atraviesa una nueva realidad física que le condiciona su comportamiento bajo palos. Saber si recuperar la mejor versión de Ter Stegen todavía es posible.

Si lo es, no hay mucho lugar al debate, pues más allá de los condicionantes económicos que pueda atravesar el club, el Marc-André 2017-2019 pasa por ser algo muy cercano al guardameta ideal para el FC Barcelona. Más complejo sería el escenario en caso de tener que asumir que la realidad tanto física como deportiva del alemán ya es otra. Desde un punto de vista estrictamente futbolístico, su hecho diferencial, el superior manejo con los pies, se enmarca en un momento en el que la capacidad de participar en el juego de ataque del equipo es ya una función más de los guardametas. Buena parte de los arqueros que se ponen bajo los palos de los principales clubs de Europa lo incorporan con naturalidad entre sus tareas. Así pues, si bien en este sentido pocos alcanzan el nivel del alemán, en 2022 que un portero sepa jugar el balón con los pies no supone una anomalía sino que forma parte de la normalidad. Lejos quedan otras épocas en las que para contar con un portero capaz de sumarse con balón al juego del equipo había que transigir con que su seguridad bajo palos fuera inferior a lo deseado. Hoy, para disfrutar de un portero que juegue bien con los pies, no es necesario renunciar a uno que pare.

A pesar de eso, sin embargo, el escenario para el Barça en caso de optar por un relevo en la portería no es sencillo. El mercado de guardametas, en cuanto a opciones de garantías, es reducido y caro, y condicionado tanto por la situación económica del club como por la necesidad de refuerzos en otras líneas. Los guardametas de primerísimo nivel están cogidos, y el resto, salvo un Onana que si no media sorpresa llegará libre al Inter de Milán, seguramente obliguen a una inversión muy importante. Sería el caso del francés Illan Meslier, portero del Leeds y probablemente el próximo en saltar a la portería de un grande. También el de Unai Simón, titular para Luis Enrique en la selección española, con contrato hasta 2025 y sin cláusula de rescisión. Más abierta podría estar la puerta de Kepa Arrizabalaga, por quien el Chelsea hizo un gran desembolso en 2018 pero que hoy es el suplente de lujo del titular Édouard Mendy. Un Kepa que ha recuperado parte del rendimiento y de la confianza perdidos después de sus tortuosos inicios en la Premier League, pero que con la indiscutible presencia del internacional senegalés tiene muy complicado entrar en el once blue.

Una segunda estrategia del Barça en caso de optar por buscar un relevo en la portería pasaría por apostar por alguno de sus jóvenes talentos, plan en el que sobresale el nombre de Iñaki Peña, en principio llamado a relevar a Neto en el papel de guardameta suplente. Actualmente cedido y rindiendo a buen nivel en las filas del Galatasaray, es un portero con personalidad, buenos reflejos y un excelente manejo con los pies. Un plan que pasara por él, no obstante, probablemente contaría también con alguna medida de seguridad, como la incorporación de un guardameta más experimentado que pudiera asumir la portería en caso que fuera necesario. Un fichaje más modesto que el que supondrían arqueros como Meslier, Unai Simón o Kepa, en la línea del que realizó el Barça en 2014 para que Claudio Bravo acompañara el crecimiento de Ter Stegen. Un portero sin vitola de indiscutible y cuyo estatus e inversión dieran viabilidad, también, a un rol de suplente, donde podrían encajar hombres como los también internacionales David Raya y Robert Sánchez, o el neerlandés Mark Flekken, portero del Friburgo y uno de los guardametas con mayor rendimiento este año en la Bundesliga. Incluso el propio Neto en caso de que el club no le encuentre una salida interesante.

– Foto: JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

Comments:1
  • Pedri8 4 abril, 2022

    Parece que Marc André está volviendo a recuperar un buen nivel. Yo creo que él e Iñaki Peña deberían ser los porteros del primer equipo.

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