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Haaland inevitable

Haaland inevitable

La llegada de Erling Braut Haaland al Manchester City de Pep Guardiola es un desafío para la Premier League. Una unión que amenaza con aplastarla. El equipo que más ha dominado la competición durante las últimas temporadas añade una arma infalible delante del portero rival. Una mejora de enorme impacto ante la cual, por el momento, sus rivales no han encontrado respuesta. Si los citizen han sido durante años uno de los equipos más ricos del continente a la hora de generar ocasiones de gol, ahora también cuentan con el mayor especialista del planeta a la hora de convertirlos. Juntan el volumen con la eficacia. Quien más ha dominado el juego, ahora es también quien más domina el área. La mezcla, huelga decirlo, en la Premier ha resultado explosiva. En ocho jornadas, los de Guardiola ya han convertido veintinueve tantos, y Haaland apunta a pulverizar cuantos récords de la liga se le pongan por delante. El último, ante el United, el del número de partidos que ha necesitado para firmar su tercer hattrick en Inglaterra. En el derbi de Manchester el noruego fue la punta de lanza del autoritario dominio de los locales, pero también una de las claves para explicarlo.

Su papel no se redujo a la finalización, sino que disputó uno de sus partidos más implicados con el juego desde que aterrizara en el Etihad. Como suele hacer cuando se enfrenta al United, Guardiola buscó que su delantero centro fuera muy activo a la espalda del mediocampo, como una forma de castigar los marcajes de la medular red devil y de generar dudas en la línea defensiva dispuesta por Ten Hag. En este sentido, el planteamiento del de Santpedor giró alrededor de las vigilancias personales ordenadas por su rival en el centro del campo, un sistema de marcas en el que Bruno Fernandes tapaba como mediapunta la posición del mediocentro, al tiempo que McTominay y Eriksen formaban como una suerte de doble pivote emparejados con Bernardo Silva y Kevin de Bruyne. La idea de Guardiola para sacar provecho de esta situación consistió en estirar al sistema defensivo del United hacia ambas bandas con tal de abrir el centro. Foden y Grealish se situaban abiertos para clavar a Dalot y Malacia cerca de la cal, al tiempo que también Walker y Cancelo se posicionaban en amplitud cuando el City construía desde atrás para que los extremos visitantes no pudieran ayudar dentro. Así, los laterales y los extremos tensaban la lona para aislar el tres contra tres del centro del campo. A partir de ahí lo que buscaron los skyblue fue separar a los medios del United, llevando a Bernardo Silva y De Bruyne hacia la base de la jugada o hacia el costado. Distanciar a McTominay y Eriksen abriendo el centro del tablero para que Haaland apareciera justo por detrás de la medular rival.

Con McTominay focalizado en la vigilancia sobre Bernardo, prácticamente en cada ataque citizen Eriksen tenía que elegir entre defender la zona a la que caía el noruego o controlar a De Bruyne. Si ocurría lo primero, Kevin podía avanzar con comodidad, llevar el duelo cerca del área y surtir de balones al hombre gol del City. Si ocurría lo segundo, Haaland recibía el cuero en la mediapunta para girarse y correr haca portería, o para sacar de línea a Lisandro. Rompiendo la defensa de cuatro del United, consiguió Haaland aclarar los duelos uno contra uno de los extremos en banda, pues las ayudas de Lisandro o Varane quedaban mucho más comprometidas. El resultado de todo esto fue un Manchester City convertido en avalancha. Ganador por fuera, devastador por dentro e inevitable en el área gracias a la figura de Haaland. «Tiene la virtud de que si llegan pelotas al área puede marcar gol». El equipo que más genera se ha juntado con el mayor especialista en la definición. De momento la Premier League no ha encontrado el antídoto a la mezcla.

 

– Foto: Michael Regan/Getty Images

 

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