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Dani Olmo: El enlace perdido

En fútbol, cada nuevo capítulo es hijo y fruto de los anteriores. No se escriben en el vacío, sino sobre los cimientos o las cenizas del momento que están llamados a superar. El impacto e influencia de la escuela alemana durante la última década, a lomos del gegenpressing, por ejemplo, es difícil explicarlo sin referenciar la previa revolución con la que Pep Guardiola cinceló un fútbol de renovado interés en la salida controlada desde atrás, involucrando a guardametas, centrales y mediocentros en circuitos de construcción contra los que debían enfrentarse mecanismos de presión más elaborados. De no haber existido Jürgen Klopp, ¿las necesidades y oportunidades que brindaba el contexto futbolístico en el que apareció el técnico alemán habrían hecho surgir a otro entrenador de sus mismas características? ¿Y de no haber existido Pep Guardiola? ¿Habría surgido otro Pep Guardiola como respuesta al fútbol imperante en aquel determinado tramo de la historia?

El impacto y éxito del Barça que comandó el de Santpedor cabe explicarlo por el talento del técnico y por la calidad de sus jugadores, pero también por la coincidencia con un momento del juego que ofrecía la posibilidad de que un equipo como aquel rompiera la baraja. Sin ir más lejos, en una época de bloques eminentemente zonales no especialmente presionantes, la propuesta posicional de Guardiola señalaba como aspecto clave la utilización de referencias más o menos fijas entre líneas. Futbolistas esperando a recibir a la espalda de una línea contraria, en zona de nadie, preparados para hacer volar por los aires un orden defensivo demasiado lineal para combatirlos. Xavi, Alves, Pedro y, sobre todo, Iniesta y Messi, significaban un reto nuevo e inesperado para sus contrincantes. A partir de encontrar entre líneas a un futbolista que pudiera recibir el balón, el Barça de Guardiola activaba muchas de las coordenadas de su juego. Empujar líneas hacia atrás, girar al mediocampo rival, acumular rivales en una determinada zona del campo para liberar otros sectores, habilitar compañeros con los que apoyarse o, incluso, construir un escenario favorable para la presión tras pérdida, eran cuestiones que se originaban controlando el balón entre la zaga y el mediocampo adversario.

Sin Andrés ni Leo, una de las cuestiones que más había extrañado el Barça los últimos años había sido la capacidad para dar continuidad a los ataques a la espalda de los mediocentros rivales. De recibir, proteger el cuero, girarse y alargar la jugada en una zona, ahora ya sí, muy protegida, y en la que la cantidad de oponentes suele ser muy superior a la cantidad de espacios. Frenkie de Jong era un centrocampista de base de la jugada, de los que disfrutan recibiendo el cuero desde sus centrales viendo el juego de cara para ir de atrás hacia adelante. También Gavi, a pesar de su impacto inicial en el primer equipo casi como falso extremo, ya ha dejado ver que su dimensión como futbolista se eleva cuando está más cerca del balón y lo administra desde posiciones cercanas a la línea divisoria. Pedri, por su parte, sin duda el más mediapunta de los tres, poseía la capacidad para incidir con balón moviéndose en tres cuartos de campo pero, como Luka Modric, es un futbolista que necesita moverse entre los dos planos, alternando el juego por detrás y por delante del balón. Yendo y viniendo de la mediapunta en lugar de habitarla de forma más fija. Por eso el verano pasado el Barça buscó la incorporación del Ilkay Gündogan, por eso el alemán se convirtió en el mejor culer de la temporada jugando cerca del área rival, y por eso ahora los azulgranas han completado el fichaje de Dani Olmo.

Desde el momento en que ponga un pie en la Ciutat Esportiva, el de Terrassa será, junto a Fermín, el centrocampista del Barça con menos necesidades de tocar el balón en la base de la jugada, pero más orientado al control, el giro y la continuidad que el de El Campillo, quien suele desarrollar su fútbol como centrocampista adelantado desde la presión, el desmarque y la llegada. Fermín es un centrocampista con corazón de delantero, y Olmo un jugador, a veces atacante a veces medio, con interpretación de centrocampista. Se señalaba más arriba el nombre de Gündogan como el futbolista que con más nivel y rendimiento interpretó este rol en el Barça del curso pasado. Sin embargo, pese a ser la versión del alemán que más necesitaba y más agradeció el cuadro culer, fueron varios los tramos de la temporada en los que no pudo usarla. Primero porque, una vez Oriol Romeu quedó fuera de la ecuación del mediocentro, al comienzo Xavi reformuló la base de su cuadrado con la pareja De Jong – Gündogan, y segundo porque cuando Christensen irrumpió como pivote el Barça continuó necesitando a Ilkay atrás. Situado en el mediocampo, el danés ofrecía una referencia defensiva en la demarcación de pivote y un punto de apoyo más posicional para la descarga en ataque, pero sus dificultades en el giro a la hora de esquivar presiones solicitaron un intercambio de alturas con alguno de los interiores. Lesionados Gavi, Pedri y De Jong, la permuta casi siempre fue con Gündogan.

A día de hoy, la situación no ha cambiado. El mediocentro del equipo, a priori, sigue siendo Christensen, y Gavi, Pedri y De Jong continúan con problemas físicos. Si el mediocentro culer necesita a Gündogan cerca, el Barça va a necesitar a otro centrocampista que pueda moverse con naturalidad por delante del balón, que sea capaz de respirar en espacios reducidos y que clarifique los ataques desde la frontal del área. Eso es Dani Olmo.

Dani Olmo, nuevo fichaje del Barça, junto a Lamine Yamal con la selección española.

Si un futbolista pudiera dar su máximo nivel en cualquier zona del campo, seria delantero. Por su proximidad con el gol y por no necesitar intermediarios para que su futbol cristalice en victorias: Incluso la mejor asistencia necesita del acierto del rematador. Dani Olmo creció como atacante en el fútbol base del Barça, pero con los años se ha convertido en un jugador más importante en la medida que ha retrasado algunos metros su posición. Aunque puede jugar como extremo o como delantero (esto se analizará más adelante) en los últimos metros carece del cambio de ritmo de los elegidos, y sus cifras goleadoras, siendo buenas para un jugador de segunda línea, no son las de una referencia en la anotación. Jugando por detrás de los delanteros, sea de uno, de dos o de tres, Olmo sí cuenta con atributos de máximo nivel, destacando entre ellos su técnica en el control, uno de los mejores giros del continente y su golpeo. Los dos primeros son los que le permiten moverse y recibir entre líneas con más éxito que la mayoría. Cuando controla el balón, el esférico queda cerca de sus botas, orientado hacia el lado alejado del rival y a resguardo del intento de robo de su marcador. Es capaz de conservar el cuero en espacios reducidos, de moverse con él y de conducirlo sorteando adversarios a través del carril central. Utilizando el cuerpo, la orientación y multitud de las superficies de sus dos pies para girar cuando recibe de espaldas, dejar atrás a los mediocentros y avanzar en busca de los centrales.

El fútbol de Olmo tiene interiorizado el mecanismo de recibir, girarse y atacar a los centrales para arrastrar vigilancias y habilitar líneas de pase hacia el compañero. »En el baloncesto atacas a canasta y cuando el rival se cierra sacas el balón fuera y tiras el triple. En fútbol es lo mismo: tienes que atacar al punta, tienes que atacar a los pivotes y tienes que atacar a los centrales (…) El central o el mediocentro tiene que atacar a los pivotes rivales. Tiene que hacerlos salir, porque si no se quedan ahí y el espacio a su espalda no existe. Y luego los que reciben el balón a esa espalda tienen que atacar a los centrales. Ahí se genera la ocasión», explica Pep Guardiola. Esta es una virtud con la que Olmo es capaz de hacer brillar a sus compañeros, especialmente si éstos se mueven por delante del balón o desde las alas. Y es que, una vez atraídos los rivales hacia su posición, el catalán hace gala de una muy buena visión de juego (potenciada por una capacidad técnica que le permite despreocuparse del control del esférico) y de un extraordinario golpeo para el último pase. En Leipzig ejerció como lanzador de Openda o Sesko, mientras que en la Eurocopa fue más habitual verle juntar rivales por dentro para descargar luego hacia las posiciones liberadas de Lamine Yamal y Nico Williams.

El mismo golpeo que desde el carril central utiliza para abrir a banda, buscar el tiro desde fuera del área o dar el último pase al delantero, constituye uno de sus principales argumentos cuando es alineado en banda. Como se comentaba más arriba, no se trata de un futbolista que pueda desequilibrar por velocidad y cambio de ritmo ante cualquier lateral, lo que probablemente limite su techo ejerciendo de delantero pero, además de cumplir como falso extremo, alineado como atacante puede activar su tiro cruzado y la precisión de su centro al área. En clave Barça, esta es una alternativa que Flick puede poner en práctica si De Jong, Pedri y Gavi vuelven bien de sus lesiones, pudiendo dar descansos desde la derecha a un Lamine que con 16 años participó en todos los partidos de la pasada Liga, o asumiendo desde la banda izquierda el perfil de falso extremo que la pasada campaña representó Joao Félix. Este último, a pesar de casar bien con la presencia de un lateral largo como Alejandro Balde y de cierta inclinación de Flick a usar a los extremos por dentro durante la pretemporada, probablemente conviva peor con un delantero como Lewandowski. El polaco, a sus 35 años, está lejos de representar la amenaza al espacio de antaño, y siendo Lamine también un atacante que privilegia recibir el balón al pie antes que buscar el desmarque al espacio, seguramente el ataque barcelonista agradezca más un perfil de profundidad en su banda izquierda como el que desempeñó Raphinha durante el tramo final de la temporada pasada.

A propósito de la relación del fichaje de Olmo con Lewandowski, dos lecturas. La primera desde una óptica de convivencia, y de cómo la presencia de Dani, bien ejerciendo de interior adelantado o bien en el rol de cuarto centrocampista desde una de las bandas, puede ayudar a empujar al polaco hacia delante, ocupando con el de Terrassa los espacios en la frontal que a menudo ha buscado el 9 del Barça y permitiendo concentrar el juego del delantero en el área, con más presencia en el remate y fijando a los centrales. Con Olmo en tres cuartos de campo, Lewandowski contará con un asistente de primer nivel, y con un socio experto a la hora de atraer a uno de los centrales abriendo espacios para los desmarques cortos del punta. Además, vinculado al área, Dani luce dos virtudes que cabe mencionar. La primera es la llegada. Olmo lee muy bien los tiempos y los espacios para irrumpir desde la segunda línea sin ser detectado, bien hacia zonas centradas o bien atacando la separación entre el central y el lateral para girar a la zaga y desnudar el punto de penalti. La otra es la capacidad para detenerse en el interior del área. Del mismo modo que su técnica y su lectura de los espacios le permiten moverse en zonas tan congestionadas como la frontal, tampoco en el interior del área tiene la necesidad de precipitar el ataque con tal de no comprometer el control del cuero, lo que le permite encontrar la pausa donde los demás, por lo general, encuentran prisas. Olmo, como Lamine, recibiendo el en área deberá darle tiempo al equipo para llegar y ocupar posiciones, mientras genera atracciones y movimientos en el rival que puedan provocar desequilibrios y la aparición de zonas libres.

La segunda lectura del fichaje en relación a Lewandowski tiene que ver con la variable de jugar con falso nueve. Ya sea por ausencia de Robert, por un planteamiento concreto contra un determinado rival o porque el polaco no logre compensar con su volumen goleador ciertos condicionantes de su juego como la amenaza con metros por delante, la contribución a la presión o el juego fuera del área. Sin unas cifras más contundentes de Olmo o alguno de sus compañeros parece complicado imaginar este tipo de solución de forma sostenida, pues como explicaba Martí Perarnau »un falso nueve sin gol no es un falso nueve’‘, y al Barça no le sobra intimidación delante de portería. No es descartable, sin embargo, que a pesar de esto en algún momento el equipo necesite formar con cuatro centrocampistas siendo Olmo uno de ellos. Como se ha repasado al inicio del análisis, del resto de opciones para formar en la medular azulgrana, sólo Fermín y Olmo son centrocampistas que no necesitan bajar a tocar el balón a la base de la jugada. Algunos como De Jong piden hacerlo de forma más sostenida y continuada, y otros como Pedri o Gündogan de un modo más intermitente, pero ninguno se siente cómodo estando fijo por delante de la pelota. Olmo sí, y por eso si la tendencia del resto de acompañantes a retrasar algunos metros su posiciones señala la necesidad de introducir una cuarta opción más sujeta, el de Terrassa ofrecerá el perfil más indicado para cumplir con el papel coronando el rombo como mediapunta o falso nueve. Dani Olmo es un tipo de jugador que el Barça no tenía.

 

Fotos: Ronny Hartmann / AFP, FRANCK FIFE / AFP, Alex Livesey/Getty Images

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