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Spartak de Moscú

Desde hace ya dos temporadas el Barça no es intratable, es mortal. Se le puede hacer sufrir, dañarlo. Arriesgar ante los azulgranas ya no es un suicidio, pero tiene a Messi. Y esta coletilla que muchas veces sirve como explicación a un resultado, hoy bien podría servir para analizar el planteamiento de Unai Emery. El ex del Valencia salió con un 4-4-1-1 que quería defender arriba. No demasiado agresivo en la presión pero si con voluntad de que el juego se situase lejos de su portero para estar más cerca de la contra. Vilanova, por su parte, sorprendía renunciando a una de sus máximas: la presencia de dos extremos abiertos. Con Tello fuera de la convocatoria, y Villa y Deulofeu en el banquillo, el técnico juntaba en el once a Xavi, Cesc e Iniesta. Andrés partió como falso extremo, pero si en el interior lo acompaña Cesc, sufre menos cuando juega en banda. Si Iniesta se acerca a la media, Cesc es profundo, si el manchego se cierra sobre la mediapunta, el catalán se escora al costado. 

Detrás del mediocentro, los centrales del Barça en este inicio de temporada están sufriendo. De hecho no es nuevo, pues gran parte de la temporada pasada, los problemas en transición defensiva fueron notorios. Es el problema de querer comparar insistentemente al Barça de Vilanova con el de Guardiola y no tener en cuenta los diferentes momentos que forzosamente existieron en un ciclo tan largo como el de Santpedor. Partiendo de que no es algo nuevo, los inicios del proyecto Vilanova sirven para constatar que el equipo sufre demasiado en fase defensiva. Por simplista que sea, sólo hay que ir a la estadística de tarjetas vistas por los centrales para comprobar que el panorama para la zaga no está siendo para nada cómodo. La presencia de dos laterales ofensivos, los problemas a la hora de sacar el balón ante una presión adelantada, el progresivo declive de Xavi y por lo tanto de la defensa con balón...el escenario para los centrales ha cambiado.

En la semana del Barça-Spartak de Moscú que inaugurará el curso europeo de los azulgranas, los análisis del rival del Barça seguramente hablarán de la verticalidad de Mc Geady, la solvencia del triángulo Pareja-Suchy-Carioca, de lo incisivo de la pareja atacante formada por Ari y Emenike, o de las soluciones que ofrece el español Jurado. Y serán correctos. El protagonista de éste artículo, difícilmente tendrá un papel importante en el partido del miércoles. De hecho, no sería para nada sorprendente que no disputara ni un sólo minuto frente a los de Vilanova. Sin embargo, tarde o temprano, hablar del Spartak de Moscú será hablar de Jano Ananidze. Quizá el momento llegue cuando rusos y catalanes se vuelvan a ver las caras en el Luzhnikí. O quizá debamos esperar a la próxima temporada, o quizá más. Jano nació en el 92, el mes que viene cumplirá los 20. Su carrera se inició en el Dinamo Tiblisi de su Georgia natal, y tras dos años en Ucrania, en 2009 recaló en las categorías inferiores del Spartak de Moscú. Ese mismo año debutó en el primer equipo de la mano del tándem que formaban en el banquillo dos conocidos del fútbol español como Valery Karpin e Igor Lediakhov. Anandize sólo tenía 16 años. Ahora, dirigido por otro ex de la Liga y con el Spartak asomándose al escaparate de la Champions, Europa espera el momento de Ananidze.