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noviembre 2012

Este lunes Isaac Cuenca volvió a entrenarse después de más de cinco meses apartado del balón. Hace nada los que reaparecieron fueron Adriano y Thiago Alcántara, y siguen en la enfermería Alexis, Bartra y Dani Alves -a parte de un caso más complicado como el de Abidal. Todas las lesiones son distintas, y tampoco son iguales sus consecuencias. Estas últimas las acostumbramos a medir según el tiempo de baja, la repercusión que una determinada ausencia tiene sobre el equipo, o en las secuelas que puede dejar a nivel físico en el futbolista una recuperación no tan exitosa como sería deseable.  No obstante, cuando un futbolista tiene que pasar por la enfermería, hay otra variable que entra en juego, la del momento en que se produce. No pocas veces hemos escuchado decir "Ha tenido mucha mala suerte. Justo se lesiona cuando mejor estaba". No nos referimos a esto.

Es evidente que Iniesta es mejor jugador cuando hace de interior que de extremo. También que el propio Andrés lo prefiere. Puestos a partir de la banda, la mayoría estaríamos de acuerdo en que lo más indicado es que la demarcación de extremo sea eso, un punto de partida, y que permita a Iniesta abandonar la posición para pesar por dentro. Este año está Jordi Alba, y si de interior izquierdo juega Cesc, todo parece propicio para que se produzca este movimiento. Sin embargo, desde la baja de David Villa, ya son dos partidos consecutivos -Spartak y Levante- que Iniesta partiendo del extremo, no matiza su rol, sino que tiene funciones de extremo. Este rol de Iniesta más extremo clásico que a la mayoría nos haría fruncir el ceño, ayer ante el Levante fue una de las claves del partido que permite al Barça seguir líder y situarse a 11 puntos del Madrid de Mourinho.

Desde hace años, resulta difícil encontrar un campeón de la Champions League que no tenga un gran portero bajo palos. Pero no sólo eso. Grandes porteros hay varios -aunque menos de los que debería- y es lógico imaginar que los mejores formen parte, también, de los mejores equipos, y por lo tanto máximos candidatos al título. Para ganar la Champions, además de un gran portero, necesitas que esté inspirado. Que te salve puntos y, sobre todo, eliminatorias en la competición de clubs más exigente. Casillas, Kahn, Van der Saar, Víctor Valdés, Julio César, Cech...éste último demostrando que un gran guardameta puede hacer campeón a un mal equipo. Seguramente el último en saltarse la norma fue el Liverpool de Benítez con Dudek, que eso sí, hizo mucho más que salvar una eliminatoria para su equipo.

Desde hace ya dos temporadas el Barça no es intratable, es mortal. Se le puede hacer sufrir, dañarlo. Arriesgar ante los azulgranas ya no es un suicidio, pero tiene a Messi. Y esta coletilla que muchas veces sirve como explicación a un resultado, hoy bien podría servir para analizar el planteamiento de Unai Emery. El ex del Valencia salió con un 4-4-1-1 que quería defender arriba. No demasiado agresivo en la presión pero si con voluntad de que el juego se situase lejos de su portero para estar más cerca de la contra. Vilanova, por su parte, sorprendía renunciando a una de sus máximas: la presencia de dos extremos abiertos. Con Tello fuera de la convocatoria, y Villa y Deulofeu en el banquillo, el técnico juntaba en el once a Xavi, Cesc e Iniesta. Andrés partió como falso extremo, pero si en el interior lo acompaña Cesc, sufre menos cuando juega en banda. Si Iniesta se acerca a la media, Cesc es profundo, si el manchego se cierra sobre la mediapunta, el catalán se escora al costado. 

El equipo va cambiando. El Barça de Messi nació dando un peso tiránico al sector derecho donde se juntaban Márquez, Alves, Xavi y Leo. En la izquierda, Abidal cerraba, Henry golpeaba e Iniesta era el segundo foco que diversificaba la atención de los rivales. Cuando Leo  pasó al centro el peso de ambos perfiles tendió a igualarse, y ahora, como ya se empezó a apuntar la pasada temporada, parece que la banda izquierda va convirtiéndose en el sector principal. La pérdida de protagonismo de Alves o Xavi, la incorporación de Jordi Alba, Cesc...y en el horizonte Neymar.

El Barça de Vilanova encaja más que el de Guardiola. Recuperar algún vestigio de la seguridad de antaño, es el paso que necesita Tito para dar una vuelta de tuerca más a su equipo. Poder proyectar a ambos laterales, empujar a los extremos a pisar área y permitir así un escenario de mayor comodidad a Leo Messi. Someter al adversario que hoy ya no sufre tanto defendiéndose de los azulgranas. Nada de esto es posible si el equipo no siente que tiene las espaldas cubiertas. 

(El comienzo asusta) El filósofo alemán Theodor Adorno, en un célebre ensayo sobre la figura de Ludwing van Beethoven, introduce la idea de estilo tardío para hablar de las últimas producciones del compositor. Desde entonces, se trata de un concepto ligado al estudio de determinados compositores y que más allá del ámbito musical, recorre la historia de otras disciplinas artísticas. No vamos a reivindicar aquí ese espacio para el fútbol. Para unos funciona como una ciencia, para otros como un arte, todo nos vale. Lo que sí es innegable es la fuerza y singularidad creativa de alguno de sus protagonistas. Y de eso sí hablaremos. De la naturaleza de la creación y del proponer cuando el final se roza con un aliento. Y lo haremos de la mano de dos de los talentos creativos más grandes que nos ha dado el fútbol, Zinedine Zidane y Johan Cruyff, y créanme que impone.